Que no se apague El Faro que rehabilita vidas en El Cabrero

03 de noviembre de 2019 12:00 AM

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Entramos a la Fundación El Faro acompañados de su creador, Enrico Bagnoli, un italiano que llegó a Cartagena en el año 2002 tras una llamada desesperada de su hijo, quien en ese mismo año falleció a causa de una sobredosis. En honor a Giorgio, como se llamaba, Enrico abrió El Faro, que busca ser de luz para ayudar a hombres y mujeres a que tengan una vida plena alejados de las drogas. Una plaquita de recuerdo con la imagen de Giorgio, ha sido testigo del surgimiento de este importante centro, que no quiere dejar de existir.

Un asistente está en la puerta, verificando quién entra o quién sale. Miro que hay personas en la terraza de la gran casona, esperando a ver cómo están los suyos, están esperando el avance. Algunos chicos están allí hace unos meses, otros acaban de entrar.

En este centro de rehabilitación hay una nueva oportunidad para las personas que quieren dejar atrás su mundo de adicciones. Han entrado niños desde los 12 o 13 años, así como adultos de 75 años. “Tenemos estos cambios de las Eps. Pensamos que algunos tiempos en los programas son insuficientes, nos están recortando, pero estamos haciendo iniciativas para continuar unos 10 meses más (después de que se cumpla la fecha) para que todos en El Faro cumplan su proceso”, cuenta preocupado Enrico.

Casi todos son muy jóvenes, se pasean por las instalaciones como si se sintieran en casa y es que por unos meses duermen todos los días allí, lo cual les ayuda en su recuperación. Muchos están sonrientes, aunque a veces, de un momento a otro, se tornan pensativos.

Por aquí y por allá se ve a las psicólogas, a los profesores de los chicos y a los administrativos. Son un equipo que se encarga de darle continuidad a este proyecto.

Cita con ellos mismos

En el patio de la Fundación El Faro hay varios grupos. Una psicóloga y un muchacho hablan detenidamente, conversan sobre cosas muy específicas, pero a la vez hablan de todo. Algunos están terminando su proceso médico, (que debe ser de más de un año) y se van con la esperanza de que lo obtenido permanezca en su cuerpo y corazón, para que no haya lugar a recaídas.

Camilo Pulido, Operador Terapeuta en Adicciones y Drogodependencia, tiene 42 años y fue rehabilitado en El Faro. Hoy es uno de los guías en el proceso de los otros muchachos.

“Soy de Bogotá y llegué a Cartagena hace cuatro años, el día que llegué a El Faro. Vengo de Valledupar. Después de muchos años de querer parar o dejar de consumir, estuve en varias clínicas de rehabilitación hasta que llegué aquí. Construí consciencia de la enfermedad”, comenta entre lágrimas.

“Trato de que ellos mismos vean en su mundo interior, para que se motiven y no desperdicien sus vidas. Los animo a que paren ahora. Me ven como un joven igual a ellos, pero como terapeuta me respetan, así que me piden sugerencias, que los guíe en algunas situaciones. Trato de ser un facilitador para ellos”.

Hay un proceso de rehabilitación

A los chicos se les educa para que:

1. Tengan una base sólida, lo cual se hace con 10 talleres para prevenir recaídas. Allí identifican las estrategias que les permitan mantenerse limpios en cualquier situación de riesgo y tomar buenas decisiones.

2. Se les fortalece el carácter, su autoestima y les ayudan a desarrollar habilidades sociales.

3. Los direccionan para construir su proyecto de vida.

“Tratamos de que vuelvan a la sociedad de la mano de lo que a ellos les gusta hacer, así que se hace una psicoeducación a sus familias para que puedan, en conjunto, orientarlos”, continúa Camilo.

Han pasado por El Faro casi mil jóvenes, y lo más duro, dice Camilo, es cuando ve a alguno recaer. Él trata de guiarlos para que no lleguen a ese estado, de ahí el valor terapéutico y el tiempo que necesitan para que la recuperación sea efectiva. Algo destacable es que, los jóvenes que deseen, pueden graduarse de Operadores Terapeutas allí mismo en la fundación.

¡No, que no llegue el adiós!

El Faro necesita más apoyo para continuar con sus servicios. Esto preocupa a Enrico.

“Nos gustaría destacar el gran apoyo que Mutual EPS ha brindado a El Faro durante estos 7 años. También es gracias a ellos que esto existe y que muchos niños han salido de la droga, así El Faro ha podido crecer y tener éxito, y es por eso que debemos darle las gracias. Es el único contrato que tenemos con una EPS subsidiada”, y agradece además a las entidades que aún están con ellos.

Llegamos a una sala donde se reúnen los chicos y los talleristas.

Cada vez que alguien pide la palabra lo saludan todos a la vez, y asimismo cuando deja de hablar le agradecen. Pero no lo hacen de modo que parece impuesto, sino porque les gusta hacerlo. Pregunto qué sienten por El Faro. Al principio nadie quiere hablar, pero luego hay muchos ávidos de contar su experiencia.

La primera es Darys, que está en uno de los extremos. “Nos tratan muy bien y además tenemos una buena alimentación, me siento muy bien aquí”, dice la chica, de unos 19 años. Los demás la miran y asienten.

- ¡Hola, Luis! saludan al unísono, y volteo mi mirada hacia el otro lado de la sala.

“Me parece que estar aquí es como si nos hubieran dado otra vez una oportunidad de vida, ya que de no ser así hubiéramos llegado a alguno de los tres lugares que nos esperaba: cárcel, hospital o la muerte. Mis capacidades dialectivas han mejorado y tengo un mejor estado físico. Le agradezco a Dios por eso”, dice Luis.

“Gracias al equipo terapéutico hemos logrado salir adelante muchos. Gracias a Dios están aquí para nosotros hasta en la parte psicológica, creo que de aquí nos hemos llevado bastantes cambios”, dice por su parte Cristian. “Pensé muchas veces en cambiar y este equipo me ha ayudado mucho a alcanzar el nivel de estar limpio y sobrio. Es un gran trabajo por todos nosotros”.

***

Hoy, El Faro pide ayuda para que no apaguen su luz, porque saben que es posible que chicos como Darys, o Camilo, hagan parte de una sociedad que los reciba con los brazos abiertos.

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