¿Qué sería San Jacinto sin sus gaiteros?

09 de junio de 2019 12:00 AM

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

Uno

Los primeros gaiteros que vio Manuel Zapata Olivella estaban tocando y vendiendo sus gaitas en el viejo mercado de Cartagena, en 1935. Él quedó atrapado con aquella música del campo, como si una bandada de pájaros de los Montes de María se hubiera escapado en aquel atardecer para sonar dentro de los palitroques inofensivos y bellos de los gaiteros. Los músicos eran unos tipos flacos, desgarbados, huesudos, embutidos en unos pantalones crudos y unas abarcas de tres puntadas, cuyas suelas de llantas de camiones dejaban la huella de Good Year pintada en el barro del invierno cuando caminaban. Poco tiempo después, el muchacho de quince años fue tras esa música y llegó a los patios de las casas de los gaiteros en San Jacinto.

Fue así como conoció a los hermanos Juan y José Lara, a Nolasco Mejía, Mañe Mendoza y a Miguel Antonio Hernández Pacheco. Éste último era un muchacho sanjacintero nacido en 1912, ocho años mayor que él, quien había aprendido a tocar gaita escondido de sus padres. El muchacho gaitero cambió su apellido Hernández por Fernández y se convirtió en el legendario Toño Fernández. Su vida transcurrió sembrando maíz, trabajando como sepulturero y componiendo canciones.

Diecinueve años después, en 1954, Manuel Zapata Olivella y su hermana, la reconocida bailarina folclórica Delia Zapata Olivella, después de tantas idas y venidas a San Jacinto, emprendieron la aventura de llevar a los gaiteros a recorrer Europa, pero antes los presentaron en Bogotá. Aquella osadía tuvo varios padrinos iluminados y uno de ellos fue el periodista y estudioso del folclor y la música clásica Clemente Manuel Zabala, que era amigo de los gaiteros de su pueblo.

Dos

Cuando Toño Fernández le compuso la célebre canción ‘Candelaria’ a una joven de su pueblo, intentando atraer su corazón, la muchacha le respondió con el mismo desplante y desprecio con que algunos veían su propio tesoro: “A mí no me vas a enamorar con esos palitroques”, le dijo. “No me regales canciones, dame una casa”. Toño Fernández no conquistó ese amor, pero sí el cariño de su pueblo y del país con sus canciones. No aprendió a leer y le llovían cartas de muchos rincones del mundo que guardaba en un baúl. Cartas que quedaban cerradas. Al igual que Candelaria, la gaita era vista con recelo en Cartagena y en el mismo San Jacinto. ¿Por qué Toño Fernández tuvo que aprender a tocar gaitas escondido de sus padres? Porque se creía ignorantemente que esa bella música, montuna, indígena y ancestral, era de perdición. Cuando Toño regresó de Europa con las abarcas reventadas, Encarnación, su mujer, creía que venía con los bolsillos llenos de oro. La mejor crónica de ese episodio la contó de manera magistral Jorge García Usta.

Tres

Luego del viaje a Europa, la jerarquía del grupo Los Gaiteros de San Jacinto quedó en los hombros de Toño Fernández, el autor de ‘La maestranza’, ‘Zoila’, ‘La escoba’, ‘El favorito’ y ‘Candelaria’. En San Jacinto como en Cartagena y Colombia, la música de gaitas empezó a ser aceptada y valorada, luego de ser ignorada, despreciada y estigmatizada.

Catalino Parra es el único que queda vivo de aquella gira a Europa. El nombre del grupo Los Gaiteros de San Jacinto le dio la vuelta al mundo. Catalino, de Soplaviento, tiene 95 años y vive para contarlo. Catalino Parra es el autor de canciones que están en la memoria del país: ‘Cartagena es bonita’, su primera composición, ‘Manuelito Barrios’, ‘Josefa María’, ‘El morrocoyo’, ‘Animalito del monte’, ‘La iguana’, ‘Verdá que soy negro’, también conocida como ‘Aguacero de Mayo’ y ‘Mujer soplavientera’. Ganó en 2004 el Premio “Vida y Obra” del Ministerio de Cultura.

CUATRO

La música de los gaiteros se desparramó por los pueblos y las ciudades como una verdolaga y cautivó al mundo, venciendo la resistencia. En los años ochenta, José Lara enseñaba gaitas en la Universidad de Cartagena y en la Casa de la Cultura de Telecom, que dirigía Mariela Tarrá. Catalino Parra vendía sus tambores y enseñaba música en Cartagena. Todo esto fue el germen del nacimiento de grupos femeninos de gaitas: Corinche, en la Universidad de Cartagena; del Festival de Gaitas del barrio El Socorro y del Festival de Gaitas en Ovejas. La fiebre de la gaita conmovió a las universidades, que crearon sus propios grupos. Las fiestas y las bodas empezaron a celebrarse a ritmo de gaitas. El arraigo indígena de la música de gaitas fue enriquecido con el elemento africano y mestizo: Encarnación Tovar y Sixto Silgado, ‘Paíto’, fueron decisivos en estos aportes. El maestro Francisco Zumaqué trabajó con los Gaiteros de San Jacinto en uno de los álbumes, haciendo arreglos de algunas composiciones.

CINCO

En 2007, los Gaiteros de San Jacinto ganaron el Premio Grammy al mejor álbum folclórico con ‘Un fuego de sangre pura’. El trofeo era disputado aquella noche en Las Vegas por Antonio ‘Toño’ García, Juan ‘Chuchita’ Fernández y Joaquín Nicolás Hernández. Desde aquella noche, los legendarios gaiteros empezaron a dividirse. Si en 1954 la rivalidad era por jerarquía artística, en 2007 el embrión de las divisiones ha sido por asuntos económicos. En esta semana de junio de 2019, ha habido dos noticias paradójicas en torno a Los Gaiteros de San Jacinto. Mientras un gaitero en Bogotá armó su carpa aparte con otros músicos llevando el nombre de Los Gaiteros de San Jacinto, quiso registrar de manera privada ante la Superintendencia la marca del legendario grupo. En Barranquilla, por su parte, Los Gaiteros de San Jacinto Nueva Generación tiene la representación legal de la gestora cultural de San Jacinto Carmen Alicia Caro Ortega, cuya casa, en los últimos treinta años, ha sido sede permanente de todos los gaiteros, sin exclusiones ni limitaciones. Ha sido una embajadora y representante de estos artistas, muchos de ellos, como Juan ‘Chuchita’ Fernández, sobrino de Toño Fernández, que brilla como estrella solitaria y en grupo.

Carmen Alicia no comparte la idea de que a nombre privado se utilice la marca de Los Gaiteros de San Jacinto, que es un patrimonio cultural viviente. Las generaciones posteriores al grupo fundacional mantienen el legado con nuevos aportes. “Hay que ver cómo viven en la pobreza nuestros gaiteros, cuya música ha enriquecido el patrimonio regional y nacional”, dice ella.

Hoy se estudia un proyecto de Ley número 088 de 2018, presentado ante el Congreso de la República, que busca que el Festival Nacional Autóctono de Gaitas de San Jacinto Toño Fernández, Nolasco Mejía y Mañe Mendoza, y todas sus manifestaciones culturales y artesanales, sean declaradas como Patrimonio Cultural Oral e Inmaterial de la Nación. La propuesta fue presentada por Silvio Carrasquilla Torres.

Epílogo

En medio del delirio del triunfo, el trofeo del Grammy entregado a los gaiteros en 2007 desapareció sin que retornara a sus manos. De ese trofeo hubo siete réplicas que sus integrantes comparten, cada vez que se presentan fuera de Colombia. Una de esas réplicas reposa en el Museo de San Jacinto.

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Facetas

DE INTERÉS