¿Qué tan fácil es abortar clandestinamente en Cartagena?

03 de noviembre de 2019 12:35 AM
¿Qué tan fácil es abortar clandestinamente en Cartagena?
Abortar es legal en Colombia en tres casos desde 2006.

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Todavía no sé bien por dónde camino, ni a qué lugar exacto voy, solo tengo una certeza: en pocos minutos llegaré a la casa donde interrumpirán mi embarazo incipiente.

El conocido de una amiga, el que prometió apenas ayer ayudarme a resolver este problema de dos meses de gestación, camina a mi lado y me cuenta tan fresco, tan como si nada, todas las veces que ha caminado por aquí en este mismo plan. Me habla de una chica que tenía siete meses y le sacaron al bebé y no le pasó nada. Callo. Miro al suelo. Esta es una calle destapada, pobre y mojada por un aguacero tan reciente que amenaza con volver, una calle que mis pies no conocían. Esa pelaíta tenía su novio, pero quedó preñada de otro y resulta que ese otro estaba comprometido con una amiga de ella, entonces la pelaíta estaba bien asustada, así que se decidió a los siete meses.

Un paso, dos pasos, tres pasos, ¿será que sigo? Cuatro pasos, ¿y si solo me devuelvo, cojo la primera moto que pare y no vuelvo jamás? Seis, ¿cómo será la casa y cómo será la señora? ¿La señora o la doctora? ¿Será una doctora de verdad? Ocho, nueve, diez pasos, sigo.

El conocido me había hablado antes de un señor experto en interrumpir embarazos, se supone que ese era el más experimentado, pero él trabaja todo el día no sé dónde ni en qué, pero ni por casualidad podemos llegar a su trabajo a preguntar por estas cosas, así que mejor vamos donde la señora, por lo menos no hay que apartar cita y atiende rápido. Vamos, hablas con ella enseguida y sales de eso -me dice.

-Sí, yo lo que quiero saber es cuánto cobra, para pedirle la plata al papá del bebé, y que la señora me dé una cita en estos días y ahí sí vuelvo.

-Ella te dice. Te dice y de pronto hasta te lo hace ahí mismo, en su casa. Relájate, eso es barato, porque tú apenas tienes dos meses. No, si yo una vez tuve a una noviecita...

Honestamente, me importan nada las historias que este muchacho podría contarme, me preocupa más bien el frío de mis manos, los labios más pálidos y resecos que siempre y el corazón acelerado por una sentencia: “Es ahí -dice él y yo debo tener cara de muerta-, relájate, nena, yo hablo con ella primero”.

Es una casa pequeña y limpia, a juzgar por la fachada. Afuera hay un tapete con pedacitos de barro y un par de chancletas que alguien dejó para no ensuciar la sala. Mi acompañante se quita las chancletas y yo titubeo, pero solo limpio un poco mis zapatos y entro calzada. La puerta está abierta, así que entramos sin siquiera tocar. Él va adelante. Primero, ellos se saludan con la fraternidad de quienes no se quieren, pero se conocen suficientes pecados como para confiar mutuamente. Efectivamente, es una señora, ni muy joven ni muy vieja, flaca y alta... “Mira, ella es una amiga y viene para que la ayudes con una vuelta, tú sabes”. Me observa y estrecha mi mano fuerte; sonríe como si de verdad le diera gusto conocerme así. También sonrío.

-¿Cómo estás?

-Bien, sí señora, muchas gracias.

-¿Cuánto tienes?

-Dos meses.

-¿Cuándo fue tu última menstruación?

-En julio.

-¿Qué día de julio?

-El 5.

-Al 5 de agosto son cuatro semanas, al 5 de septiembre son ocho... Tienes casi diez semanas. Estoy calculando a ver cuánto tienes, porque te lo haría solo hasta las doce semanas a través de un método nuevo, se llama método de succión.

(Silencio incómodo, no sé ni siquiera qué preguntar y mi acompañante acaba de salir a la terraza).

-Van a ser cinco minutos, cuando yo termine vas a preguntarme: ¿ya? Eso es rapidito y vas a salir de aquí con tu periodo, como si nada. Nooooormal -lo dice así, con todas las o-.

Le pregunto que si después de interrumpir mi embarazo tengo que cuidarme o algo en especial, es que en mi casa no saben nada porque estoy embarazada de un amigo de mi papá que es casado. Ella responde que todo eso me lo dice el día del procedimiento, pero que primero tengo que hacerme una ecografía.

-¿Ecografía?, pero yo no me he hecho nada de eso.

-Sí, la necesito para ver exactamente cuánto tiempo tienes, sin ecografía no te puedo hacer nada.

Me cuenta que eso de succión se hace con un inyector grande, que lo pone al vacío y después succiona, hace un ruido extraño pero bastante gráfico con la boca... “Hasta las doce semanas eso está blandito y entra por el inyector fácil, ya con más tiempo no. Por eso después de las doce semanas no te lo hago”.

-¿Y qué tengo que traer?

-Nada, yo te lo doy todo. Te doy una pastilla y te la pones ahí (vagina), pero no te va a pasar nada, sino que eso es para que cuando yo te vaya a succionar encuentre todo más blandito. Yo te la podría dar ahora, te la pones y vuelves mañana y sales de eso.

-¿Y cuánto cuesta todo el procedimiento?

-Te voy a cobrar tantos mil pesos, te lo hago aquí mismo, y te doy tu receta de antibióticos para que te los tomes después. Consigues la plata y te lo hago de una.

-Ah, bueno.

-¿Y el papá del niño sabe que estás aquí, quiere que lo hagas?

-Sí.

-¿Y tú también quieres?

-Sí.

-Ah, bueno, entonces ven y te doy la orden para la ecografía.

Nos levantamos y caminamos hacia el comedor: en el centro hay un frutero, un fonendoscopio, muchas pastillas, tarros que supongo están llenos de alcohol (huele a alcohol). A mi derecha, hay una camilla cubierta con una de esas sábanas quirúrgicas azules, una cortina y un montón, pero qué montón de inyectores. Volviendo a la mesa y a la señora, hay un recetario y un lapicero...

-¿Cómo te llamas?

-Fulanita De Tal.

La orden para la ecografía está lista y se supone que yo también. Vuelvo a estrechar su mano y a darle las gracias y ella me abraza.

-Antes uno no encontraba quien le ayudara con estas cosas -me dice mirándome a los ojos, con una voz casi maternal-. Mira, una vez, cuando yo ni había estudiado, quedé embarazada, ¡mierda!, y busqué a uno que se decía médico y ¿sabes cuánto me cobró? ¡Varios millones de pesos! Carajo, yo no sé de dónde, pero me conseguí la plata y salí de eso. Yo te voy a ayudar, vas a salir de esta vaina y después vas a quedar hasta más fértil, más limpiecita. Hasta te voy a ayudar a que te comiences a cuidar responsablemente cuando te vuelva a venir la regla. Y ya sabes, entre más rápido, mejor...

Quién sabe cuántas veces habrá repetido ese cuento y quién sabe cuántas más lo hará.

***

No estoy embarazada, nunca lo he estado y no quiero estarlo por ahora, pero quería responder una pregunta: ¿qué tan fácil es abortar clandestinamente en Cartagena? Al salir de ese consultorio -si se le puede llamar consultorio-, solo podía pensar en aquella sentencia de un viejo amigo: “Es más difícil sacarse una muela que abortar”. Parece que tenía algo de razón.

¿Que si interrumpir el embarazo o abortar está bien o mal? No soy quien para decirlo, solo he querido contar una realidad que existe, que está ahí, muy cerca de todos, y por la que han muerto cientos o miles de colombianas: es un problema de salud pública. (Lea aquí: Nueva polémica por el aborto, ¿qué dice la reglamentación que causó revuelo?)

***

En 2019, se cumplen trece años desde la Sentencia C-355 de 2006, que legalizó interrumpir el embarazo en tres circunstancias: i. Cuando continuar con el embarazo constituya peligro para la vida o la salud de la mujer, certificada por un médico. ii. Cuando exista grave malformación del feto que haga inviable su vida, certificada por un médico. iii. Cuando el embarazo sea el resultado de una conducta, debidamente denunciada, constitutiva de acceso carnal o acto sexual sin consentimiento, abusivo o de inseminación artificial o transferencia de óvulo fecundado no consentidas, o de incesto. (Lea aquí: ¿Qué puntos refutó la iglesia de la resolución que busca regular el aborto?)

“Las cifras nacionales que existen no son del Estado, son del Instituto Guttmacher, que estimó alrededor de 400 mil mujeres al año abortaban clandestinamente antes de la Sentencia”, me decía hace unas semanas el gerente para la Regional Norte de Profamilia, Johnatan Vargas. “Lo que hemos visto en Profamilia, por lo menos, es que hicimos 17 mil interrupciones de embarazos (el año pasado), esa diferencia es muy grande. Lo que vemos es que la población general todavía desconoce este derecho, porque la interrupción voluntaria del embarazo es un derecho fundamental, a un derecho de salud sexual y reproductiva. Las mujeres no tienen claro que ya pueden acceder al servicio bajo las tres causales y no tienen claro que está dentro del Plan Obligatorio de Salud con sus EPS, sin tener que pagar nada. (Lea aquí: Minsalud publicó borrador de resolución para regular el aborto en Colombia)

“Mediante los servicios de anticoncepción y abortos realizados por la organización, se evitaron 372.000 abortos clandestinos e inseguros en Colombia”, agregó Johnatan Vargas.

Según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud – ENDS 2015, cerca del 45% de las mujeres en el país (entre los 13 y 49 años) desconocía el contexto legal del aborto en Colombia y eso ayuda a agravar el problema. Muchas personas piensan que es ilegal y que las mujeres que aborten, aunque sea en las tres circunstancias despenalizadas, serán judicializadas; también está “la carga moral y religiosa que se genera contra quien decide interrumpir su embarazo y los señalamientos a los profesionales que practican este tipo de procedimientos”.

El año pasado interrumpieron en Profamilia Cartagena alrededor de 800 embarazos. En 2019, hasta junio, iban 406, ¿pero cuántas han abortado clandestinamente? ¿Cuántas han recorrido la misma calle destapada y han llegado hasta el verdadero final? ¿Cuántas han muerto por eso? Nunca lo sabremos, esa es la cuestión.

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