¿Quiénes eran los primeros habitantes de Cartagena?

30 de junio de 2019 12:00 AM
¿Quiénes eran los primeros habitantes de Cartagena?
Imagen de las primeras casas de los Mocanáes.

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¿De dónde vinieron los primeros habitantes indígenas de Cartagena antes de la llegada de los españoles?

El historiador cartagenero Eduardo Lemaitre en el primer capítulo de ‘Historia general de Cartagena’ (1983), dice que el origen “permanece en el misterio”. Ese misterio empezó a aclararse con las exploraciones y excavaciones del arqueólogo y etnólogo austriaco Gerardo Reichel-Dolmatoff entre 1956 y 1960, mientras vivió y trabajó en Cartagena tras el rostro de la tribu extinguida de los Mocanáes.

Los datos de los cronistas de Indias son fragmentarios, subjetivos y estigmatizantes, como el de Gonzalo Fernández de Oviedo, quien conoció la aldea indígena Calamarí antes de que llegara Pedro de Heredia, y describió la aldea como un conjunto más o menos denso de chozas pajizas cercadas por una doble muralla circular de árboles muy gruesos y apretados, tanto que entre un árbol y otro no podía caber un hombre, según citó Lemaitre. Él fue el primero en decir que los Mocanáes eran caníbales o antropófagos porque contó que había visto unos cráneos expuestos en la entrada, de los supuestos enemigos. No hay un documento en el Archivo de Indias en Sevilla ni en ninguna parte que confirme que eran antropófagos.

Cuando el cronista describe a sus habitantes, dice que hombres y mujeres andaban semidesnudos con cuentas en los brazos, piernas y cintura; zarcillos de oro en las orejas, un palillo de oro en las narices atravesado de ventana a ventana, que llaman Cariasiris. Las mujeres “llevan ceñido un hilo o cuerda delgada, y de allí colgado un trapo de algodón de un jeme de ancho y suelto delante de su natura o partes vergonzosas, a discreción del viento”.

El bachiller Martín Fernández de Enciso, en la Summa de geografía publicada en 1519, agrega que además de andar “todos desnudos, como nacen, son belicosos, usan arcos y flechas, tiran de la flecha con yerba de la mala y pelean las mujeres tan bien como los hombres”.

El etnólogo francés Paul Rivet, autor de ‘Los orígenes del hombre americano’ (1943), fue el artífice de la tesis oceánica sobre el origen del poblamiento americano. Dijo que las comunidades indígenas eran hijas de las migraciones de Asia, Australia, Polinesia y Melanesia. Fundó el Museo del Hombre en París en 1937. En 1942, Rivet vino a Colombia y fundó el Instituto y Museo de Antropología, en el que trabajó el arqueólogo y etnólogo austriaco Gerardo Reichel-Dolmatoff.

Fue Rivet quien dijo que los primeros habitantes de Cartagena, los Mocanáes, pertenecían a la tribu de Malibúes, mientras que el cronista Oviedo los considera de una rama de los Caribes. Rivet consideró que los Mocanáes, los Chimilas y los Malibúes estaban dentro del grupo Chibcha.

Fray Pedro Simón dijo, por su parte, que los antecesores de los Mocanáes habían llegado en canoa de la región comprendida entre Maracapana y Caracas.

Gerardo Reichel-Dolmatoff pasó cuatro años viviendo e investigando en Cartagena. En 1954, descubrió los conchales de Barlovento, en la costa vecina a Cartagena. “El material cerámico, asociado con las camadas de conchas de moluscos marinos, resultó ser único en todo lo que hasta entonces se conocía de arqueología colombiana. Era de tipo Formativo Temprano y tenía fechas de radiocarbono que se remontaban al segundo milenio antes de Cristo. La cerámica de Barlovento, con una edad de 3.500 años, antes del presente, constituyó un eslabón con los orígenes de las culturas cerámicas más antiguas de América, permitiéndonos comparar con culturas del sureste de los Estados Unidos, Mesoamérica y los Andes Centrales. Fue un hallazgo que atrajo la atención internacional sobre la arqueología del Caribe colombiano”. La primera publicación de ese hallazgo se hizo en 1955, en la Revista Colombiana de Antropología. En 1958, estudió una colección de cerámicas encontradas en Canapote.

A fines de 1961, Reichel-Dolmatoff descubrió un “profundo basurero cerca de Momil, en el bajo río Sinú, que contenía materiales culturales más tardíos que Barlovento, pero aún pertenecientes a desarrollos esencialmente formativos. Era la cultura de una sociedad agrícola sedentaria”.

En 1961, se halló en un punto cercano al Canal del Dique, el conchal de Puerto Hormiga. “La cerámica de Puerto Hormiga arrojó fechas de radiocarbono hasta de más de 3 mil años antes de Cristo y mostró características tecnológicas y decorativas más bien con las primeras culturas cerámicas del sureste de los Estados Unidos. La fecha de 5.040 antes del presente, para Puerto Hormiga, identificaba la cerámica más antigua del continente americano. La revelación puso en el centro de la discusión mundial sobre los orígenes cerámicos y sobre las primeras culturas agrícolas del Nuevo Mundo”.

Luego, de Puerto Hormiga, vino un segundo gran hallazgo en una zona de unos pocos kilómetros cuadrados que yace entre la orilla oriental de la vuelta del Canal del Dique, cerca del arroyo de Monsú que nace en Ballestas, al sur de Turbana. La zona arqueológica de Monsú, “son montículos o lomas de hasta 3 metros de altura, algunas en forma de cúpula baja, con un plano circular, y otras, en forma de anillo, con una circunferencia algo ovalada”. Allí encontró 65.757 fragmentos cerámicos en forma casi discoide, budares y platos muy pandos que, al parecer, les servían para preparar alimentos vegetales, frutos de la tierra y pescados.

Sus hallazgos nos permiten hoy reconstruir con rigor científico el rostro de los antepasados de Cartagena. No encontró ningún rastro de los Mocanáes que revelaran que estos indígenas tuvieran prácticas antropófagas y descartó también los rituales que pudieran asociarse con prácticas chamanísticas.

Planteó la hipótesis de que la estructura de las casas de los primeros habitantes “podrían constituir calendarios en los cuales, desde un punto central, se pueden localizar los puntos solsticiales y equinocciales, y con ellos, las fechas iniciales o terminales de las épocas secas y lluviosas. Este mismo sistema astronómico-metereológico, tan sumamente importante para sociedades que basan su sustento en una gran variedad de recursos cíclicamente disponibles a través del año, podría ser la base de una estructura social asociada. Los restos del montículo indican, por un lado, una economía basada en la caza y la pesca, pero muy probablemente el grupo cultivaba raíces”.

La conclusión de Reichel-Dolmatoff es que los “desarrollos culturales en Colombia se truncaron y no llegaron a la complejidad que caracteriza el concepto de civilización. Las futuras generaciones de arqueólogos sabrán descifrar las causas y consecuencias de estos procesos”, que se paralizaron con la llegada de los españoles.

Pero los Mocanáes tuvieron, según la historiadora española María del Carmen Gómez Pérez, relación y contactos con los Zenúes, virtuosos orfebres y alfareros. La aldea de Calamarí no alcanzó el desarrollo cultural de otras tribus. Los Tayronas, en el hermetismo de las alturas en donde construyeron ciudades de piedra, lograron una filosofía y una organización sofisticada.

Epílogo

Los hallazgos cerámicos prueban su vida de sembradores, cazadores, recolectores y pescadores. Fueron ellos los guardianes de las ciénagas, la bahía y el mar de Cartagena. La imagen más antigua de esos’ primeros habitantes de Cartagena data de 1.500 años antes del presente. Es una cerámica de un rostro encontrada cuando se hacía la Bocana en Crespo. El agua y la tierra no pudieron borrarla.

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