Facetas


Rutger Bregman, al pie de las utopías

Más allá de las preguntas, Bregman cuestiona al mundo, interpreta y saca sus propias conclusiones, cree que los jóvenes de nuestro tiempo conforman “la generación más progresista que jamás existió”.

GUSTAVO TATIS GUERRA

28 de junio de 2021 09:13 AM

Lo más difícil del tiempo que vivimos es mantener en pie las utopías. Los jóvenes han dado la más grande lección como nunca antes en nuestra historia.

El historiador Rutger Bregman de Westerschouwen (Países Bajos), de 33 años, autor de cinco libros, está considerado uno de los más grandes pensadores jóvenes europeos. Su libro History of Progress ganó el Premio Belgian Liberales como mejor obra de no ficción en 2013. Ha sido nominado en dos oportunidades para el European Press Prize por sus artículos en The Correspondent. Publicó en plena pandemia el libro Humankind (2020) y no le tembló la voz para decirles a los empresarios del mundo “que dejaran a un lado la hipocresía” en el Foro Económico Mundial de Davos. Sorprenden sus agudas y sabias visiones sobre el mundo ante el coronavirus. Vino a Hay Festival Cartagena en 2018 con su libro Utopía para realistas (2017), publicado por Salamandra, traducido a más de treinta idiomas, y tuvimos el privilegio de conversar con él. Rutger Bregman cohesiona con deslumbrante erudición diversas disciplinas más allá de la economía, con dimensión humanística. En sus libros confluye su conocimiento sobre la historia, la filosofía y su mirada fresca sobre los rumbos cotidianos del mundo contemporáneo. (Le puede interesar: Eligio García Márquez: el Benjamín de la familia)

Utopía para realistas, de 300 páginas contiene diez capítulos: El regreso de la Utopía, Por qué deberíamos dar dinero gratis a todo el mundo, El fin de la pobreza, Nuevas cifras para una nueva era, Una semana laboral de quince horas, Por qué no compensa ser banquero ante el cambio, Cómo las ideas cambian el mundo, entre otros, son un viaje histórico que ya visionaban con perplejidad cómo la ciencia ficción es una realidad para nuestro tiempo. Allí alude las impresoras 3D que ya producen estructuras celulares embrionarias completas, un tópico que ha vuelto a plantearse ante la iniciativa de la comida sintética, pero él se adelanta en la idea visionaria de que las impresoras 3D y los paneles solares cumplan el ideal de Marx sin derramar una sola gota de sangre: de que las masas controlen todos los medios de producción.

Hace menos de cuatro años, en el primer capítulo de su libro, Bregman creía que “el asesino en masa número uno de la historia, la temible viruela, ha sido erradicado. La polio prácticamente ha desaparecido... entretanto se vacuna a más niños contra enfermedades que en otros tiempos fueron comunes...”. Ya en ese libro de 2017 proponía utopías para la humanidad que él mismo ha complementado en esta coyuntura de 2020: semana laboral de quince horas, renta básica universal, mundo sin fronteras. Y proclamaba que “las ideas, por muy descabelladas que parezcan, han cambiado al mundo y volverán a hacerlo”.

El mundo que él veía en ese 2017 parecía “cada vez más rico, más seguro y más sano”, una visión que cambió drásticamente a partir de 2020 con la pandemia. No solo en la economía, también en la psicología, en el auge global de la ansiedad y la depresión, que, para la Organización Mundial de la Salud, es el principal problema sanitario entre los adolescentes “y llegará a ser la primera causa de enfermedad en todo el mundo en 2030”. Nada podía intuir que el coronavirus pondría en jaque mate al mundo y sería el asesino en masa número uno de la historia, peor que una guerra mundial y devastador del sector financiero, peor que la crisis de 2008. (Lea además: Alcides Figueroa Reales, un gestor de utopías reales)

Un mundo lleno de preguntas

Más allá de las preguntas, Bregman cuestiona al mundo, interpreta y saca sus propias conclusiones, cree que los jóvenes de nuestro tiempo conforman “la generación más progresista que jamás existió”. Están indignados, como Greta Thunberg, ante el cambio climático, pero también ante todas las desigualdades sociales y económicas, y le están dando la cara a las decisiones políticas que atentan contra la clase media y los más pobres.

“Mi esperanza es que la crisis del coronavirus nos ayude a llevarnos a una nueva era de cooperación y solidaridad... Necesitamos asistencia sanitaria universal, necesitamos cooperación a gran escala, a escala mundial”, ha expresado en una entrevista traducida por Fernanda Solans y divulgada en Sociedad Futura. Pero al referirse a la pandemia, es consciente de que una crisis como esta deja relucir lo peor del ser humano también, y que el comportamiento humano dentro de Occidente deja ver el egoísmo y a la civilización como una “fina apariencia”.

Es partidario de “mayores impuestos a los ricos, un acuerdo verde para combatir el cambio climático y un ingreso universal básico para erradicar la pobreza”, como lo ha expresado a la periodista Eva Ontiveros.

También es consciente de que, con el coronavirus, no solo sale lo peor de la especie humana, sino también lo mejor de su reserva. El ser humano confinado por la peste descubre lo peor y mejor de su especie, pero tiene la oportunidad histórica de cambiar. Confía, pese a lo que se está viviendo, en una frase escrita en su libro: “La mayoría de la gente sí tiene buenos sentimientos”, pero su recomendación es la misma antes y después de la pandemia: “Si queremos cambiar el mundo, necesitamos ser poco realistas, poco razonables, pedir lo imposible. Recordemos: quienes pidieron la abolición de la esclavitud, el sufragio para las mujeres y el matrimonio entre miembros del mismo sexo también fueron tachados de lunáticos. Hasta que la historia demostró que tenían razón”. Con ese párrafo cierra su libro Utopía para realistas, que es un referente mundial. Nos recuerda que una sola voz discordante puede cambiar el destino del mundo, y anima a quienes se sienten como esos solitarios que aran en el desierto a cuidar y defender sus utopías porque el tiempo de esas utopías llegará.

Bregman apuesta siempre a la utopía como el camino hacia el desarrollo humano y el legítimo progreso, y se apoya desde el epígrafe en una sentencia de Wilde: “El progreso es la realización de utopías”. Y en las páginas finales de Eduardo Galeano, la utopía era ir tras un horizonte que se iba alejando mientras caminabas, eso podría ser la esencia de la utopía: caminar tras algo que no alcanzas a atrapar.

Epílogo

En su nuevo libro, Humankind, vuelve a plantear reflexiones sobre la condición humana en momentos de tensión extrema como una guerra mundial, y recuerda que en los inicios de la primera Guerra Mundial más de cien mil tropas dejaron las armas en el comienzo de la Navidad de 1914 para jugar un partido de fútbol, beber y comer y compartir un momento que se convirtió para ellos en la experiencia única e inigualable, tal vez la más cercana a la felicidad de los soldados en los campos de batalla.

Ese instante pudo ser la oportunidad de que la decisión hacia la paz fuera globalizada, pero eran otros los que decidían la suerte del mundo. Ese episodio de su nuevo libro está vislumbrado en una sentencia de Arthur C. Clarke (1917- 2008), citado en su libro anterior: “El objetivo del futuro es el pleno desempleo, para que podamos jugar”. Y Bregman se pregunta “¿Qué queremos? ¿Más tiempo para los amigos, por ejemplo, o para la familia? ¿Para el trabajo de voluntariado? ¿El arte? ¿Los deportes? La educación futura debería prepararnos no solo para el mercado laboral, sino sobre todo para la vida”.

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