Jean-Christophe Rufin, el médico sin fronteras

Jean-Christophe Rufin, el médico sin fronteras
Jean-Christophe Rufin nació en Francia en 1952 y se ha dedicado como médico al trabajo humanitario. //Foto: nayib gaviria amador - el universal.

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Sus ojos vieron de cerca guerras y conflictos en el mundo. Médico de profesión, prestó el servicio militar en Túnez (África). Cuando volvió a su natal Francia, no pudo olvidar esos días de servicio y se enfiló en la misión de salvar vidas. “Quedé con ganas de hacer algo con mi profesión de medicina”, me explica. Y en ese momento, a sus 23 años, creó con varios amigos una organización humanitaria que ha ayudado a miles de personas en todo el planeta: Médicos sin Fronteras. Es el doctor, escritor y diplomático Jean-Christophe Rufin (Bourges, Francia -1952). “Al principio, Médicos sin Fronteras era un grupo pequeño de amigos, que comenzamos ese movimiento. En ese momento hubo muchos conflictos y guerras alrededor del mundo. Las organizaciones francesas, como la Cruz Roja, no podían ir directamente a los países donde estaban los conflictos, entonces Médicos sin Fronteras, que era independiente, cumplía esa función. En esa época estaban los rusos en Afganistán, muchos refugiados en Camboya, también conflictos en El Salvador y Nicaragua, la función de ellos era ir allá y apoyar”, me explica en los pasillos del Hotel Santa Clara, de Cartagena. Es su primera vez en Cartagena y también en Colombia, llegó para el Hay Festival 2019, y llegó para que descubramos su camino: Rufin ha sido presidente de la ONG Acción contra el hambre, embajador de su país en Senegal y Gambia, es el miembro más joven de la Academia Francesa. Es un escritor de no ficción galardonado, con un cierto gusto por las novelas policíacas. Ha escrito sobre sus experiencias y publicado libros como El abisinio, El camino inmortal, Las causas perdidas, El imperio y los nuevos bárbaros, y Rojo Brasil. Ha sido una mente brillante y un misionero al servicio de la humanidad.

¿Por qué ser médico?

-Mis abuelos me criaron. Mi abuelo, Maurice Bonneau, era médico y participó en la Primera Guerra Mundial y en la Segunda, en la resistencia. Para mí era la única profesión posible, medicina. (...) No hay más médicos en mi familia. Tengo tres hijos y ninguno es médico (risas).

¿Cómo empezó a crecer Médicos sin Fronteras?

-Al principio era una idea, pero cuando comenzamos el movimiento hubo muchas guerras, como la Guerra Fría. La gente tenía miedo de ir, por ejemplo, a países en África, nadie quería ir a trabajar allá, entonces la demanda subió con todos los refugiados que había, entonces esa fue la principal razón de por qué crecimos tanto.

¿Sentía miedo de ir a esos lugares?

-En la época no era tan peligroso como puede ser ahora, porque la guerra era mucho más organizada. Por ejemplo, ahora, con el movimiento de musulmanes fundamentalistas, es más peligroso de lo que era antes.

¿Y recuerda su primera misión?

-Fue en Etiopía. Llegué primero a Sudán. Allá es totalmente el desierto y hace mucho calor, llegamos a Etiopía por las montañas y escondiéndonos de un movimiento de rebeldes. Me estaba escondiendo y me gustó lo que sentía en ese momento.

¿Adrenalina?

-No lo sé, pero era algo nuevo (risas). Como tal, tuve otras experiencias mucho más graves, como por ejemplo en la Guerra de los Balcanes, en Yugoslavia, hasta para cruzar la calle tenía que correr porque podía suceder algo. En Sarajevo era muy peligroso. Allá fue una temporada de cuatro años yendo y viniendo.

Y su familia, ¿qué pensaba de las misiones en medio de la guerra?

-Mi familia estaba acostumbrada (risas). Igual iba y volvía.

¿Con qué fronteras se ha encontrado Médicos sin Fronteras?

-La única frontera es cómo han crecido. Porque, ahora, como es tan grande, tienen que ser organizados y hay mucha burocracia, entonces perdieron un poco el lado humano pero ganaron en eficiencia exactamente.

¿Cómo fue el cambio de misionero, de estar en la acción, a ser un diplomático?

-Todas esas personas de Médicos sin Fronteras (que trabajaron con él al principio) se volvieron hombres políticos, personas involucradas en la política, entonces cuando Bernard Kouchner, quien fundó la organización como tal, fue ministro en Francia, me eligió para ser diplomático allá, en África.

Haciendo un paralelo, ¿cómo es la situación ahora de los voluntarios de Médicos sin Fronteras?

- Son sentimientos un poco contradictorios porque este es el momento en el que las organizaciones humanitarias tienen más dinero de toda su historia, pero, por otro lado, ellos tienen menos espacio de acción por el peligro. Tienen más plata pero menos campo de acción. Las posibilidades de trabajo son limitadas. Por ejemplo, en África hay muchas regiones donde no se puede ir como extranjero, hay peligro de ser secuestrado, entonces hay una crisis profunda ahora.

¿En cuántas guerras, estuvo?

- No las he contado.

¿Qué recuerda de esas épocas?

-Lo que más recuerdo es cuando viajé a Etiopía y por eso comencé a escribir sobre esa aventura. Es un país muy cerrado y muy antiguo.

-Alguna anécdota...

-En un libro que escribí, recordé una memoria en Yugoslavia. Recuerdo unos autobuses de gente que iba hacia una factoría (fábrica), había unos hornos para el carbón, entonces recuerdo que los refugiados se estaban escondiendo en los hornos, apagados, obviamente. También estaban unos soldados de los Cascos Azules de Francia, entonces los chicos estaban enamorados de las yugoslavas allá, en los hornos (risas). Pensé en eso y basé mi historia sobre este recuerdo.

¿Cómo fue para usted adentrarse en el mundo literario?

- Como tal, no hago parte de la forma literaria y no quiero serlo. En principio empecé a escribir para mí, no para alguien. Pero cuando empecé a describir mis aventuras y a ver que había gente interesada, publiqué, pero realmente escribía para mí. En mi pasaporte está escrito médico, no escritor, o sea soy más médico que escritor.

Escritores recomendados...

-No tengo escritor preferido como tal, tengo muchos, y me gusta leer para viajar. Me gustan mucho los libros de novelas policíacas, generalmente esos escritores tienen otra vida aparte de la de ser escritor y toman base en hechos reales.

¿Cómo es un día en la vida de Jean-Christopher Rufin?

-Vivo en las montañas, en los Alpes franceses, quiero seguir viviendo allá y disfrutando del aire fresco y seguir escribiendo. Hago deporte, mi año está dividido en tres, una parte, que es cuando escribo; otra, que viajo por mis libros; y otra, donde estoy en París y me dedico a la Academia Francesa.

¿Qué proyectos tiene para los próximos años?

- Ser feliz.

En conversatorio
“Uno termina atrapado por lo que siempre quiso alejar. Las guerras, con sus diferentes caras y consecuencias, nos atrapan así no queramos verles la cara. Pero la realidad es que no podemos evitarlas”, mencionaba en un conversatorio del Hay Festival 2019, que giró en torno a la pregunta: ¿Quién es Jean-Christophe Rufin?

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