Facetas


Salim Osta restaura la memoria de Cartagena

Salim Osta Lefranc ha sido, en estos últimos veinte años, el más constante vigía del patrimonio de Cartagena.

GUSTAVO TATIS GUERRA

20 de diciembre de 2020 12:00 AM

Todo empezó cuando era un niño, cuando vivía en la calle de la Media Luna, iba donde doña Rosario Román, mamá de uno de sus grandes amigos de infancia. En las tardes, ella los sentaba para contarles historias de la ciudad y del barrio. Y en esa casa conoció dos pinturas murales que evoca con nitidez: “Una con barcos y muelles encima de la cama de ellos y otra en la parte superior del muro que separa la sala de recibo y el zaguán de entrada. Ya siendo restaurador, salvé lo que quedaba de esa pintura. Ahí se conserva”. Allí estaba señalado su destino, cuando se detenía a mirar a la ciudad en sus cuatro costados, viendo cómo el tiempo desvanecía o deterioraba algunas huellas prodigiosas de casi cinco siglos.

En las vacaciones de la universidad, conservaba las colecciones de los museos del Santuario San Pedro Claver y el Museo Histórico de Cartagena, lo que le permitió conocer el patrimonio mueble de la ciudad y diseñar proyectos para su conservación. Para él, el desafío que encara el patrimonio en este 2020 dramático ha sido “el de la soledad y el de la realidad en una ciudad sin política para conservar su patrimonio en general, y del patrimonio mueble de los museos, las iglesias y el espacio público”.

Cartagena, con su centro histórico, es, a su vez, memoria artística, ¿qué rutas faltan por visibilizar en la huella de artistas, escritores y personajes de la historia local?

-Creo que estamos en pañales todavía. No tenemos rutas de nuestros artistas más representativos: de Grau, por ejemplo, tenemos murales en diferentes puntos de la ciudad y otras obras en sitios emblemáticos y no hemos podido institucionalizar una ruta que pueda ser leída por cartageneros y visitantes. Obregón, no hemos sido capaces de montar su museo. Ni qué decir de personajes como Cecilia Porras, una mujer importante para el arte cartagenero; ni siquiera tenemos dónde conocer la vida y obra del maestro Guerrero, que, para fortuna de nosotros, está vivo y produciendo todavía. Está creada la ruta Gabriel García Márquez y no la explotamos. En fin. A nivel histórico tenemos unos ejes temáticos sin explotar que ya hemos trabajado, la Ruta de los museos, la Ruta Blas de Lezo y la Ruta del Reloj con visita al reloj público. Estas tres fueron diseñadas por encargo de la Corporación de Turismo, son importantes para la ciudad, pero no se han implementado.

Por cuenta propia, hemos diseñado la Ruta de la Independencia y el recorrido interpretativo del Parque del Centenario, para los cuales estamos gestionando recursos. Hay, además, una ruta del arquitecto Alberto Samudio Trallero, que se llama la “Arquitectura invisible de Cartagena de Indias” y la ruta “Arquitectura Republicana”, del arquitecto Richard Zabaleta, que están diseñadas y podrían enriquecer mucho más la visita a nuestra ciudad. Hay que potenciar y la Ruta de la Herencia Africana, que ya está instalada y que ha gustado mucho. Pienso que hay mucho por hacer en esta ciudad para fortalecer nuestro patrimonio cultural.

¿Qué retos nos deja el centenario del natalicio de Obregón, Grau, Cecilia Porras, Nereo López, Zapata Olivella?

-Retos, todos. Quizás hoy tenemos una excusa, que podemos aceptar que ha sido esta pandemia que nos ha cambiado la vida. Pero en la realidad, como ciudad, no fuimos capaces ni de bosquejar un proyecto para celebrar estos natalicios en la ciudad como se merecen. Creo que hubo algunos pequeños intentos personales, pero estamos en deuda. Ojalá cuando pase todo esto, le dediquemos un par de meses a estos grandes artistas de nuestra región, un homenaje bien merecido. Fortalecer el Museo de Arte Moderno, donde caben todos ellos. A nivel de arte y de museos, la ciudad sigue pensando en chiquito. Sueño con el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo en el sector Chambacú, un edificio importante donde, estoy seguro, cabrán todos nuestros maestros y sería un hermoso recorrido por la historia de arte cartagenero y de la región Caribe. En cuanto a las lecciones, tenemos muchos libros escritos de los maestros e investigaciones realizadas, es hora de estructurar ese recorrido con exposiciones en museos.

¿Qué piensa usted de los nuevos usos privados del patrimonio de murallas y qué recomendaciones sugiere a la protección de nuestra herencia cultural?

-Creo que no hay nuevos usos privados del patrimonio de las murallas. Desde hace muchos años, antes de los comodatos con la Escuela Taller, algunos espacios de las murallas han estado alquilados a privados, como Las Bóvedas y los baluartes de Santo Domingo y San Francisco Javier. Hoy ya tenemos una herramienta que nos va permitir manejar de una mejor manera esos 3,6 km de murallas como es el Plan Especial de Manejo y Protección del Castillo de San Felipe y las murallas (PEMP MURCA - Decreto 1560 de 2018), que es un instrumento de gestión y por ley hay que apegarse a él para garantizar esas acciones que permitan su protección, conservación, sostenibilidad y buen uso. Tenemos que entender que nuestras murallas tienen un carácter eminentemente social, para el goce y disfrute de nosotros los cartageneros y visitantes.

¿Cuál cree usted que es el mayor logro alcanzado en estos 20 años de su gestión como restaurador y guardián del patrimonio?

-El mayor logro es tener un equipo en conservación, restauración consolidado, profesional, comprometido, que son compañeros que creen en el trabajo de equipo, para resolver las intervenciones que nos llegan. Ya todos con muchos años de experiencia en la restauración. Para mí es fundamental mencionarlos: Mariana Carulla, Franklin Díaz, Lorena Osta, Manuel Acosta, Ada Jiménez, Henry Osta, Ana Suleima García, Jesús Jiménez y Fredys Beltrán. Y en Bogotá, Blanca Maldonado. En museología trabajamos con la museóloga Sandra Mendoza, el diseñador gráfico José Ariza y su equipo, denominado El Colectivo, y el fotógrafo Fabián Álvarez. También trabajamos con la investigadora y curadora María del Pilar Rodríguez, en proyectos de exposiciones temporales de arte contemporáneo. Uno de los mayores logros de mi labor ha sido salvar de las ruinas una serie de colecciones de patrimonio mueble de diferentes instituciones, que a la ciudad que muy poco importaban. Hemos participado en la recuperación de la colección de patrimonio mueble de la Catedral (el Retablo y la pintura mural que está detrás, el Viacrucis, las imágenes del retablo, las imágenes de los altares laterales y los Santos de piedra originales). Y, por otro lado, la colección del Museo de San Pedro Claver, de la mano del Padre Tulio Aristizábal y la colección del Museo Histórico, después de la restauración del Palacio de la Inquisición. Además, hemos trabajado en muchas ocasiones para restaurar y conservar obras de la colección del Museo de Arte Moderno.

¿Qué obra realizada lo deslumbra y colma, y qué obra pendiente lo desvela?

-En Cartagena, muchas. Están las obras que me permitieron entender la restauración como un todo. El proyecto de recuperación del patrimonio mueble de la Catedral, donde estuve seis años con instituciones internacionales como Restauradores Sin Fronteras de la ciudad de Aviñon; años de aprendizaje en la conservación - restauración y en la gestión, porque los recursos nos tocaba conseguirlos a nosotros mismos. Cada vez que paso por la Catedral me siento satisfecho, pero no feliz, porque hoy, desafortunadamente, no tengo acceso a la colección que ya presenta algunos deterioros. Esta la colección del Museo Histórico de Cartagena, que inicié cuidándola en vacaciones cuando estaba estudiando. Gracias a la decisión que tomé en esos momentos de bajar lo que quedaba de la colección y ubicarla en el archivo histórico, con la complicidad de Moisés Álvarez, que ya era su director, y el acompañamiento de Fidias Álvarez, que era el secretario de la Academia de Historia en esos momentos, se pudo salvar la colección. Hoy eso es lo que está expuesto en las salas del museo y almacenado en su reserva, restaurado años más tarde por nosotros mismos. Y, por supuesto, la colección del Santuario Museo de San Pedro Claver, una colección de arte religioso importante, la mejor de la ciudad, cuidada siempre con el mejor de los cariños. Hemos considerado a San Pedro Claver como nuestra casa y tuvimos siempre el apoyo incondicional, acompañamiento y respaldo del padre Tulio Aristizábal, que era parte de nuestro equipo. Él nos ayudaba con las investigaciones y la iconografía de las colecciones que interveníamos. Fueron momentos especiales de unión, enseñanzas, aprendizaje. Hoy seguimos añorando sus visitas a las 10 de la mañana y a las 4 de la tarde para ver cómo íbamos, como estaba todo y ofrecerse en que podía ayudar y las jornadas de discusión a la luz de un café.

Epílogo

Dice que no deja de deslumbrarse cada vez que pasa por la calle de la Media Luna que lo lleva a sus días de infancia. Y qué decir del Parque Centenario, el Parque de San Diego, la Ermita de El Cabrero, muchas de sus huellas han quedado en esos escenarios. Salim Osta es una sensibilidad a flor de piel. Él ha logrado preservar y cuidar, con amorosa e inigualable devoción, cada uno de los rincones de la ciudad, como un apasionado guardián de un tesoro intemporal frente al mar.

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