Facetas


Santiago Rivas, el presentador de Los Puros Criollos

ANDRÉS PINZÓN-SINUCO

16 de febrero de 2014 12:15 AM

No es una coincidencia que desembocara en la televisión colombiana.

Aunque Santiago Rivas crea y diga que fue por “pura arepa”, su escogencia como presentador del programa Los puros criollos, de Señal Colombia, es un accidente afortunado que agradecen muchos televidentes hartos del estereotipo sensual o atlético de los conductores habituales que pululan y se repiten en los canales privados.

Su estilo tan particular pende de un carisma personal infrecuente y del tono de humor con el que trata temas sensibles o triviales. Se deriva de la improvisación que desarrolla con base en los libretos del productor Néstor Oliveros, responsable de su llegada a los medios de comunicación.

“Fue pura chepa, un enclave de cosas rarísimas. Todo inició porque Néstor Oliveros necesitaba a alguien que le prensentara un piloto y yo hacía un blog de humor. Me recomendaron para que fuera el presentador, pero no tengo una figura típica y está bien, es lo que me ha funcionado”. En principio, el productor de Los puros criollos pensaba utilizar para cada capítulo a un presentador diferente, pero pronto la balanza se inclinó hacia Santiago.

“A los jurados les gustó más el piloto que habíamos hecho, dijeron que fuera yo. Luego alguien se quejó de que yo no tenía una figura convencional para televisión, pero Néstor se inventó que ya habían hecho 5 capítulos conmigo. Eso es una cosa que todavía le sigo debiendo a Néstor. Fue de pura arepa, luego él me contó esta historia”.

Humor justo
La tercera temporada de Los puros criollos se estrenará en un par de meses, pero en realidad el programa de televisión se produce hace cuatro años. En este formato se develan, desde múltiples ángulos de opinión y planos creativos, símbolos patrios populares como la lechona, el renault 4, el chocorramo, la chicha, el sombrero vueltiao, o los reinados de belleza.

El humor de Rivas emerge también de su agudeza mental y amplio vocabulario. Y no es una condición tampoco muy rara, pues el bogotano estudió Artes Plásticas en la Universidad Nacional y tanto él como su familia se dedica hace varias décadas a construir los crucigramas que se publican en los principales diarios del país.

“El mecanismo del humor es mixto. Néstor Oliveros es un tipo chistosísimo, tiene un gran sentido del humor y unos tiros muy buenos. Él manda el libreto que abarca el 90 por ciento de la historia del programa y que se reemplaza por testimonios si conseguimos a alguien que los diga por mí. Improviso sobre lo que él pone y le hago anotaciones al libreto”.

A su juicio, el humor es el lubricante universal.
“Cualquier cosa que uno quiera tratar es mucho mas fácil hacerlo con humor justo. Es decir, hay que dar palo pa’ todo el mundo y pa’ uno mismo. Palo al regionalismo, por ejemplo. Creo que uno debe atacar las ideas que nos hacen mucho daño, como el racismo o la aspiración a la pureza, y que son pandémicos y requieren un tratamiento que sea más allá de la victimización. Para el Corán el que hace reír a su prójimo está bendecido”.

El Picó
Los puros criollos confirma el buen momento creativo que atraviesa la televisión pública, especialmente Señal Colombia que le apuesta a contenidos alternativos, buenas historias, formatos de televisión innovadores que se desmarcan de los realities aburridos y de baja calidad o de las series de narco-violencia, y, especialmente, de tanta telenovela llorona.

Uno de los capítulos de Los puros criollos que aborda directamente a la cultura cartagenera es el que se desarrolla en torno a El Picó.
Para ello se trató de desmentir el prejuicio absurdo de la palabra ‘champetúo’, que se utiliza, equivocadamente, para discriminar a las personas populares que prefieren un ritmo autóctono y auténtico como la champeta sobre otros géneros músicales foráneos.

“A mí me encanta especialmente ese, porque los días en que grabamos en bazurto estuvimos conociendo la Cartagena de verdad. No la de los presidentes y las reinas y los esnobs (persona que imita las maneras, opiniones de aquellos a quienes considera distinguidos o de clase social alta para aparentar ser igual que ellos). Fue conocer una imagen de la ciudad muy distinta a la que uno quisiera. Y poder conocerla en calidad de cachaco es algo muy afortunado. Además fue muy divertido estar en bazurto de 9 de la mañana a 5 de la tarde”.

En un país donde existen tantas fronteras y discriminaciones ridículas, esta serie de televisión, mediante una investigación periodística seria, colabora en el avance de una sociedad menos limitada en conceptos y prejuicios. En el capítulo de El Picó (que se puede observar completo en Youtube), se desmitifica, según Santiago, que la champeta sea un perpetuador de la miseria, como piensan erróneamente algunos.

“Tuvimos la oportunidad de desmentir ese prejuicio que existe de los champetudos. Aquí (en Cartagena) la gente vive muy pendiente de no ser champetudo, y Robocop (uno de los  propietarios de estos sistemas de sonido) tiene un picó muy bueno y muy bonito. Me encantó haber pasado por ahí y ojalá vuelva... Es una experiencia demencial, ¡Pero buenísima! De lo mejor que me he comido ha sido aquí en Bazurto y fue un plato mixto preparado por una señora que tiene ocho ollas funcionando al mismo tiempo con sopa de pescado, arroz de cangrejo, de todo. Una experiencia aconsejable para todos”.

Creatividad
La propuesta televisiva va de la mano, además, de la necesidad de alternativas audiovisuales. Hay un creciente público en Colombia que está harto de las enlatados o refritos estadounidenses que con frecuencia se acomodan, mal, a la realidad colombiana. “Me gusta lo que hago. Quizá me gustaría empezar a participar más en la construcción de contenidos. Y lo estoy haciendo porque hago parte del consejo de redacción de En Órbita (programa de divulgación cultural de Señal Colombia). Me refiero que me gustaría tener más tiempo para la creación de contenidos y trabajar desde un asunto creativo.

Para Rivas, la televisión colombiana es mala en su mayoría debido a que los formatos buscan esencialmente ser publicitarios, vender algún producto. “Es muy difícil hacer una televisión seria cuando lo que se hacen es comerciales de la gaseosita, del reloj. Por ejemplo, James Bond tiene películas muy buenas que son comerciales de dos horas sobre relojes y carros. Estamos plagados de televisión aspiracional. No sé si será una conspiración. Este país está armado como al revés, muchas familias tienen techo de zinc y piso de tierra, pero un televisor plasma. Quienes hacen televisión deberían hacerse responsables por el poder que tienen, porque es inmenso. La televisión tiene un poder ridículo sobre la gente. Uno lo pude ver”.