La ciencia de los sueños: más allá de la fantasía

13 de octubre de 2019 11:53 AM

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No es bueno enfrentarse a las brujas y menos si son caníbales. Sidarta Ribeiro las conocía bien, a las brujas caníbales, porque lo atormentaron durante las noches siguientes a la muerte de su padre.

Era una pesadilla que se repetía noche tras noche, una pesadilla en el peor y absoluto sentido de la palabra; una tan -¡tan!- real que el entonces pequeño Sidarta se había propuesto no volver a dormir. Sería mejor un insomnio incesante que la delirante certeza de morir, aunque en sueños, en las fauces de una bruja que lo descuartizaría en un santiamén.

El único remedio contra aquellas brujas recurrentes se lo dio un psicólogo, el doctor Mauricio, que le mostró a Sidarta cómo agarrar las riendas de sus pesadillas, por frenéticas y terroríficas que fueran. Le enseñó a tener sueños lúcidos.

-¿Qué es el sueño lúcido? -dije. Eran las tres de la tarde, él esperaba por su almuerzo y yo tenía muchas preguntas muy, pero muy a pesar de su hambre.

-Es un sueño en el que la corteza prefrontal, que generalmente está desactivada durante el sueño, se activa. La corteza prefrontal tiene que ver con la capacidad de hacer las cosas voluntariamente, controlar la situación e inhibir comportamientos que no son adaptativos, y eso está bajo durante el sueño normal y por eso el sueño es algo que nos pasa a nosotros, pero no conocimos... Pero cuando está elevada la actividad prefrontal, ahí sí podemos conducir el sueño, tener el mismo control que tenemos sobre nuestras acciones acá, en este mundo -tocaba la mesa, movía las manos-, en el mundo de adentro.

En otras palabras, el sueño lúcido es aquel donde el soñante es consciente de estar soñando. Esa capacidad le otorga el poder de controlar deliberadamente no solo sus acciones, sino también el contenido y desarrollo de los sueños. El psicólogo Paul Tholey distinguía el sueño normal del lúcido basándose en siete criterios: el soñante sabe que sueña; dispone de su libre albedrío; usa sus capacidades normales de raciocinio; la percepción de sus cinco sentidos es comparable a la de la vigilia; cuenta con los recuerdos de los que dispone cuando está despierto; al despertar recuerda claramente su sueño, y es capaz de interpretar el sueño dentro del sueño mismo.

Sidarta es un extraño que terminó contándome su única pesadilla recurrente -espero que no haya tenido sueños peores- en el Festival Gabo, en Medellín, por una razón bastante práctica: ahora, muchos años después, él se convirtió en uno de los neurocientíficos más destacados de Brasil y lo invitaron al festival para participar en dos conversatorios sobre el sueño.

El sueño, como la acción y efecto de dormir, es una parte integral de la vida cotidiana, una necesidad biológica que permite restablecer las funciones físicas y psicológicas esenciales para un pleno rendimiento. Y los sueños, como la acción y efecto de soñar, siempre han sido una cuestión interesante e inquietante para los humanos. Que si son predicciones del futuro o no, que si soñar que se nos cae un diente significa muerte, que las vacas flacas auguran escasez y las gordas abundancia. El mismísimo Gabriel García Márquez estaba fascinado por las pesadillas, las consideraba un pasatiempo suyo, y le obsesionaban tanto que las analizaba, repasaba y categorizaba. Gabo sentía que podía controlarse en sus pesadillas. Y no era el único artista interesado, muchos autores y creativos encuentran en sus sueños y pesadillas la materia prima para historias fascinantes. Sidarta mencionaba que históricamente se ha usado a los sueños como motivación -y a veces como pretexto- para decidir incluso en la política. “Desde que hay escritura hay el concepto de sueño como profecía, como presagio y como lo que hoy vemos como un oráculo probabilístico, o sea, con base a lo que fue ayer, cómo será mañana”, añade Sidarta.

¿Pero qué son los sueños, biológicamente hablando?

-Son pasajes de actividad eléctrica por una cadena de memorias, de caminos sinápticos que representan memorias, pero bajo la influencia de la dopamina, que es un neurotransmisor involucrado en dar señal de recompensa y punición (castigo), de las cosas buenas y las cosas malas; entonces el sueño es reactivación de la memoria, pero con un propósito. Una conexión vastísima de memorias y sus combinaciones posibles, que nombramos incosnciente.

Entonces los sueños serían una realidad virtual que se experimenta al dormir. Se originan a partir de un procedimiento de la mente no programado ni dirigido que se basa en reelaborar distintos datos que se almacenan en la memoria.

Los sueños, como tal, ¿tienen alguna función en nuestro cerebro? ¿Cuál es?

-Procesar memorias y simular futuros posibles.

Usted hablaba ayer -1 de octubre pasado- en el conversatorio ‘Lo que creamos mientras dormimos’ sobre una teoría: podemos tener miles o millones de sueños en una noche y simultáneamente, explique un poco más...

-Imagínate que tú eres actriz de una película que se está filmando en un estudio, imagínate que al mismo tiempo que se está filmando esta película se están filmando otras mil películas en este estudio y en otros lugares de este estudio, de los cuales no eres parte, entonces, una posibilidad es que eso está pasando con los sueños y que el sueño que uno tiene no es “el” sueño, sino que es uno de los sueños de los que uno se acuerda, porque la representación de la persona que está soñando habita este sueño en particular.

¿Y por qué ocurriría esto, por qué lo cree?

-Bueno, la pregunta es por qué no se daría eso. Tenemos muchas criaturas en nuestra mente.

¿Cuántos tipos de sueños hay y cuáles son?

-No hay una respuesta única, hay muchos autores con sus tipologías, es como ayer, vimos que Gabo ya a los veintipico de años tenía una tipología de tres tipos de pesadillas; en la antigüedad, los sabios, Macróbio y Artemidoro, hablaban de muchos tipos de sueño, ¿no?, varios, desde el sueño completamente nonsense (sin sentido), que no tiene nada que ver, a una copia que es una copia del pasado o sueños que pueden predecir el futuro de una manera metafórica, simbólica o también literalmente, que era lo que llamaban teoremático, o sea, soñar exactamente con lo que va a pasar.

¿Por qué tenemos sueños recurrentes?

-Bueno, los sueños recurrentes pueden ser patológicos o no patológicos. Si son no patológicos, pueden ser algo muy particular, muy difícil de generalizar, porque es algo muy específico de cada persona, pero cuando son patológicos reflejan un trauma, entonces yo tengo una experiencia muy, muy mala, de mucha violencia, eso genera una memoria muy fuerte y luego, cuando voy a dormir, la actividad eléctrica converge en esta memoria fuerte y produce la pesadilla recurrente y eso es lo que tiene que tratarse, hay que salir terapéuticamente de esto.

¿Puede haber una noche en la que no soñemos?

-Si uno tiene el cerebro intacto, no. Hay personas que no sueñan porque tienen lesiones cerebrales, pero son muy pocas. Casi todo el mundo sueña todas las noches.

¿Y cómo sería vivir sin los sueños?

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