Un recorrido por el Museo del Perfume de París

14 de julio de 2019 12:00 AM

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

Caminar por las calles parisinas es sentirse en una lucha continua entre lo mejor de la arquitectura del siglo XIX y la contemporánea.

En la capital francesa, además de visitar la Torre Eiffel, la Avenida de los Campos Eliseos o ir de paseo artístico por el Louvre, se puede conocer más de esa renombrada tradición perfumera de la que goza el país: el Museo del perfume Fragonard abre sus puertas gratuitamente a los visitantes para documentarlos sobre su historia con visitas guiadas en inglés, francés, español y hasta japonés.

- Buenas tardes, en unos diez minutos empezaremos el recorrido.

Una joven de unos 25 años pregunta por el idioma de los presentes y entrega los folletos sobre las fragancias de la Casa Perfumera Fragonard, fundada en Grasse en el año 1926. Entre sus mejores elementos destacan la bergamota, jazmín, flor de naranja y la reina lavanda...

Amablemente invitan a sentarse y esperar a que más personas se sumen a la exposición. Realmente es acogedor estar frente a un estante lleno de frascos de vidrios de todas las formas y tamaños, ambientados con videos e imágenes de sus hermosas plantaciones de flores.

Todos los días del año, desde las diez de la mañana y hasta las seis y media de la tarde, damas de distintas razas esperan a los turistas que quieran hacer este recorrido de dos horas, para que conozcan una breve historia de la Casa Perfumera Fragonard, famosa porque allí han nacido populares aromas, vendidos a marcas como Dior o Issey Miyaki.

Empezamos el paseo con historia antigua. La palabra perfume viene del latín per fumum (por el humo) y se le fue dado porque los primeros perfumes se obtenían quemando maderas, resinas o mezclas más complejas.

Hace años, se pensó que el cuerpo necesitaba algo de buen olor, así que los egipcios y orientales empezaron a crear aromas. Ellos, a su vez, le transmitieron la ciencia de los perfumes a los griegos, los cretenses y los fenicios, sirviéndose de sus relaciones marítimas.

Los griegos se convirtieron en maestros perfumeros, pero decidieron que las fragancias se usarían para fines médicos e higiénicos y no en rituales de adoración.

¿Sabía usted que luego los franceses creerían que bañarse en perfume los protegía de enfermedades y pestes?

En Egipto, el rito funerario del embalsamamiento ameritaba importantes cantidades de mirra, diversos ungüentos y de aceites perfumados. Para ellos esa práctica post mortem, al igual que las ofrendas y la respiración de perfumes, “ilustraba la voluntad de esos hombres de acercarse al universo de los dioses escapando de la putrefacción fatal de su envoltura carnal”.

Un recorrido
con olor a diversión

Somos diez personas en el recorrido, y es imposible no maravillarse con cada nuevo dato, por pequeño que parezca.

El olor tenue o intenso de las fragancias obedece a la concentración de aceites aromáticos que tengan. Está el perfume (que para algunas casas está del 15 al 40% de concentración); en segundo lugar el eau de parfum (15% de concentración); el eau de toilette o agua de baño (de 7% a 15%); eau de cologne (3% de concentración) y la colonia (entre 1 a 3%).

También nos explican sobre las notas del perfume: aquella fragancia que llega al olfato los primeros minutos después de aplicarlo y aquella que finalmente se queda para aparecer después de unas tres horas. Se llaman primeras notas y notas de fondo, y las últimas son las que perdurarán en nuestra piel. Las hay cítricas, florales, orientales, frutales, herbales, maderosas...

“Con tantos olores ya no sabemos a qué olemos nosotros”, pienso. “¿Cómo se reconoce un buen perfume, uno de calidad?”, le pregunto a nuestra joven guía, Martha, una polaca de 26 años.

“La fragancia debe permanecer contigo 24 horas”, responde, “pero claro, no en todas las pieles los mismos perfumes reaccionan de la misma forma”.

Ella recomienda aplicarse el perfume y esperar unos 20 segundos a que se seque en la piel para tener una idea de cómo nos va. Según nos explica, las mujeres se deben aplicar el perfume en las muñecas, las caderas y detrás de las orejas. Los hombres también detrás de las orejas, en las muñecas y en las canillas (eso me divirtió).

En uno de los juegos a los que invitan a los visitantes, podemos mirar qué tanto sabemos de fragancias (me fue tremendamente mal). Frente a nosotros están unas esencias en crema y lo que debemos hacer es ponerlas sobre las imágenes del ingrediente (planta, fruta o material) que creamos que es de donde proviene. Con extraña seguridad, los asistentes vamos ubicando los tarritos. ¡Una sola persona relacionó bien el olor al ingrediente y eran 20 imágenes!

El Museo del Perfume Fragonard, además, tiene un muestrario final de las fragancias más populares de su marca, de las que además hay jabones de baño, geles y cremas.

Frascos de perfumes que se usaban desde el siglo XVIII hasta la actualidad descansan detrás de los cristales del museo: vaporizadores, pequeñas botellitas como colgantes, envases de metal, botellas de vidrio de colores y unos frascos que incluso parecen candelabros. Es hermoso y llamativo.

“Las mujeres francesas guardaban un pequeño frasco de perfume debajo de sus faldas como una invitación a los hombres”, cuenta Katherine. Y pienso que todavía hoy el aroma es una invitación a la sensualidad.

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Facetas

DE INTERÉS