Una era de cabellos largos y desarreglados

10 de mayo de 2020 12:00 AM
Una era de cabellos largos y desarreglados
Las barberías afrontan una crisis por cuenta de las restricciones por el coronavirus, así como los centros de estética.

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

Estamos presos por ese miedo incesante a la muerte que nos lleva también a vivir. Y quizá ahora, por estos días tan excesivamente extraños y exageradamente largos, hay quienes lucen así, con aspecto de presidiarios desaliñados cuyas barbas no han sido cercenadas por el filo de las cuchillas en semanas y con cabellos frondosos, como monte que crece sin reparos en terreno fértil. Y en otro extremo peculiar hay también quienes lucen las cabezas rapadas producto de algún deseo reprimido que la cuarentena ha hecho salir. Es que hasta en eso, algo íntimo, a lo mejor, hasta la vanidad ha sido tocada por aquella oleada de sucesos inverosímiles, lanzada por allá en China como una bola de nieve que todavía no termina de crecer y mucho menos de estrellarse contra el resto de la humanidad. Quién se iba imaginar acaso que el paciente cero de un virus asiático, que se esparció como en efecto dominó en cada país, iba a estar tan ligado a cada uno de nosotros, porque en él comenzó algo, una nueva era cuyo curso impredecible nos mantiene en vilo. En diciembre de 2019, quién se iba a imaginar entonces que Qiang, Jian, Gao o Wang, por ponerle algún nombre a ese paciente cero chino de cabellos lacios (por describirlo de alguna manera), iba a relacionarse de alguna forma tan lejana e íntima a la vez con nuestra formas de lucir, con nuestra vanidad, o con la vida -desconocida para él- de Lennis Jaraba Arrieta, ahora atrapada en una casa de Blas de Lezo, un barrio remoto en el extremo opuesto del planeta. Obviamente nadie lo pensaría, de lo contrario no estaría pasando esto tan inimaginable. ¿O quizá sí?

La quiebra ha rondado las últimas semanas esa casa donde Lennis vive y muchas otras casas y negocios. La quiebra no es quizá como la muerte misma, esa que nos pintan vestida de negro con una guadaña, cadavérica y llena de huesos blancos. Esa de la que huimos escondidos en nuestros hogares en estos días tan largos que uno solo parecen varios. Jamás he escuchado, alguna personificación de la quiebra, la bancarrota, pero a lo mejor sea la de un ser gris cuyos bolsillos están fuera y son tan pero tan grandes que resulta imposible siquiera la idea de volver a meterlos dentro del pantalón. O que luce un traje con un imán de billetes y monedas gigantesco que atrapa, absorbe como vampiro hasta el último de los centavos. No es así, debe ser simplemente un ser desnudo que deambula sin nada y que nada puede llevarse pues no tiene nada que quitarte.

Las manos de Lennis están quietas. No puede, no ha podido trabajar ahora. Tres o cuatro meses después de que aquella serie de sucesos inesperados estallaran en China, su negocio, una pequeña pero bien dotada sala de estética y cosmetología de Cartagena, se ha ido a pique momentáneamente. Espera muy pronto volver a abrir sus puertas para espantar de una vez por todas al fantasma de la quiebra, cuando la normalidad regrese y se pasee airosa y afanosa por las calles, esas que lucen ahora medio vacías o medio llenas. Muchas mujeres no salen de sus casas, ya casi han olvidado quizá los salones de belleza y las estéticas clausuradas temporalmente. “Dejé de trabajar en sí el 15 de marzo. El trabajo de nosotras es de mucho contacto, es mejor prevenir. No ha sido nada fácil porque yo estaba pagando arriendo, pagué dos meses pensando que esto se iba a mejorar pero en vista de que no, me tocó quitar el negocio de donde lo tenía y arrumar todo aquí, en mi casa, y tratar de comenzar de cero nuevamente porque me quedé sin ahorros, tendré que empezar de cero. Afortunadamente tengo a mi esposo, aunque también cerraron el hotel donde él trabaja. Estábamos viviendo de nuestros ahorros. Es una situación muy difícil”.

Ella naturalmente tiene pavor de salir a la calle. Por ahora los masajes relajantes, reductores, las depilaciones y todos los tratamientos para cuidar la piel que ofrece están detenidos hasta nueva orden. Esa cadena de hechos inverosímiles también ha tocado a todas sus colegas en Cartagena, como a Gabriela Simancas. “Las clientas ya no quieren que nadie vaya a sus casas, y realmente no es el momento para hacerse masajes, la mayoría de mi clientela la tengo en Bocagrande, porque yo trabajo más que todo a domicilio, aunque tengo mi negocio en mi casa, donde siempre llegaba bastante gente. Por el miedo y el riesgo de contagio no he podido seguir trabajando. Estuve sobreviviendo un mes con los ahorros que he guardado durante todo este tiempo, pero ya se me acabaron y no sé cómo voy a hacer. No tengo ahorros, no tengo nada. Sin embargo, hay gente en mi calle que está en peores condiciones, mis hijos y yo hemos tratado de ayudarlos con algo de comida. Soy esteticista hace 23 años”. Es el testimonio de Gabriela. Tiene 38 años. Sí, lo ha pensado, regresar a Venezuela, a su Caracas, pero sabe que será difícil hacerlo porque las fronteras están cerradas. Pero, aún así, no deja de pensarlo especialmente porque su mamá necesitaba desde hace varios meses una cirugía que el sistema de salud venezolano se negaba a darle. Ahora, justo hace una semana, en medio de toda esta crisis, está grave y prácticamente sola en un hospital caraqueño.

Y la cadena sigue. Estaban Rivero, peluquero y barbero hace seis años. Trabaja en Zaragocilla, “no he podido laborar bien desde el momento que comenzó la cuarentena y que la gente no sale, no puedo salir porque no tengo permiso para hacerlo. Las personas del hospital ya no llegan y los universitarios se han ido para sus pueblos, eran parte de nuestros clientes”, sostiene. Atiende de vez en cuando por un método de citas. Máximo llegan cuatro o cinco personas al día, exclusivamente clientes conocidos que no se encuentran uno con otro, con todas las medidas protección y desinfección posibles. “Todo lo que se haga es para comida. Estamos dándole ahí, como se pueda”, me cuenta. Por su puesto que hay miedo al contagio, pero qué más puede hacer: de alguna forma hay que sobrevivir. De igual forma trabajan algunas otras barberías en los barrios. Otro barbero, popular entre su clientela como Repe, ha seguido trabajando a domicilio. Otros, en algunos barrios, simplemente siguen atendiendo, bajo la misma sombra de un árbol o en alguna esquina. Otros siguen cerrados. “Yo vivo acá, en el municipio de Arjona, acá he charlado con algunos amigos barberos y con algunas amigas estilistas y hay un desespero bien tremendo, vale. Este gremio es de personas muy humildes, estamos en un situación bien difícil. En mi caso, son ocho personas que estaban trabajando en mi local que se llama Jorge Sandoval, pero todo cambió, no diré que se vino abajo porque tenemos la vida y tenemos a Dios por delante, pero sí, cambió el rumbo de nuestras vidas, el vivir del ser humano”. Es Jorge Sandoval, que igualmente espera, como Lennis, como Gabriela, poder abrir pronto su negocio para espantar a ese fantasma de la quiebra.

Nuestra humanidad está unida en una cadena de eslabones biológicos, químicos y físicos, misteriosa y enigmática que nos hace a todos uno solo. Ahora más que siempre. También nos une el miedo a la muerte, solo ella es capaz de separarnos de verdad. ¿El universo ha conspirado a favor o en contra de nosotros mismos?, es una pregunta cuya respuesta se encuentra en los tiempos que están por venir.

Epílogo

Uno de los más afectados por la pandemia del coronavirus y las restricciones para afrontarla es el gremio de los peluqueros, barberos, estilistas, manicuristas, esteticistas y salones de belleza. Buena parte de quienes viven de esto lo hacen de manera informal, es decir, viven de lo que ganan a diario, con cada corte, con arreglo de cabello, con un arreglo de uñas, con una limpieza fácil, con cada masaje que por estos días están tan escasos, porque el virus obligatoriamente nos cambió un poco hasta la forma de vernos, hasta la vanidad.

TEMAS

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Facetas

DE INTERÉS