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Una escultura a Enrique Grau, el proyecto que se gesta en Cartagena

En el Festival de las Artes 2020 de Unibac, se presentó el proyecto de la escultura para el centenario de Enrique Grau, en la Plaza San Pedro.

GUSTAVO TATIS GUERRA

29 de noviembre de 2020 12:00 AM

Parece que va a dar un paso adelante. Y nos contempla con la curiosa y aguda picardía de su mirada. Es el proyecto de escultura para el artista Enrique Grau, quien el 18 de diciembre cumplirá cien años de haber nacido.

El joven artista, investigador y catedrático de arte, César Gutiérrez, presentó en miniatura el proyecto de escultura a escala real para ser instalada en la Plaza de San Pedro, dentro de las iniciativas del Festival de las Artes de Unibac 2020. La obra ha sido moldeada con la exacta geometría de sus emociones, de su temperamento, de la aguda mirada y el desenvuelto desparpajo de sus gestos.

César Gutiérrez tiene 28 años. Es egresado de Unibac, con una maestría en Historia del Arte en la Universidad de Antioquia y es uno de los catedráticos de arte en la institución universitaria. Con él conversamos sobre esta obra, que aspira a enriquecer el espacio público en un punto estratégico del Centro histórico: entre el Museo de Arte Moderno de Cartagena, fundado por impulso de Enrique Grau, y el monumento de Pedro Claver y el africano esclavizado. Es como si el artista saliera al encuentro con su propia obra.

¿Cómo fue el proceso de crear esta obra?

-Mientras trabajábamos, a los estudiantes de Artes Plásticas de Unibac del Cuarto Semestre se nos ocurrió la idea de celebrar el centenario del natalicio de Enrique Grau con un galardón como un proyecto de aula que vinculara procesos históricos y artísticos; que estimulara las competencias estéticas de los estudiantes, elaborando moldes y creando piezas con otros materiales. Nosotros decidimos crear una pequeña estatuilla, que nació de la idea de la India Catalina y de la maestría laureada que tuvimos en la Universidad de Antioquia. En esa tesis aludí cinco esculturas vinculadas al proyecto de ciudad, entre ellas la India Catalina, que surgió como galardón a través de una estatuilla para el Festival de Cine de Cartagena y, más tarde, ese pequeño formato generó una propuesta de mayor dimensión como la escultura monumental de la India Catalina. Esa idea les gustó a los estudiantes, viendo que un galardón se convertiría en una imagen de la ciudad. En cuatro meses desarrollamos la propuesta y la investigación, pero en un mes culminamos el proyecto escultórico.

¿En qué materiales pensaron para esta escultura?

-Estaban varias alternativas, como la arcilla, molde en yeso, resina poliéster, pero finalmente nos quedamos con un material innovador: la plasticera, que te permite moldear un material rígido con una mezcla de cera de abeja, parafina y plastilina; permite moldearlo por su plasticidad y, a su vez, se vuelve rígido con las temperaturas. En el frío el material se vuelve rígido. Empezamos con un entorchado de alambre dulce, uniendo cinco alambres dulces para su estructura interna y una tabla de madera con puntillas para hacer el soporte. Esas cinco puntas de los alambres dulces serían las manos del maestro Grau. El entorchado nos permitió detalles anatómicos de la figura humana. Nos ayudó un artista venezolano: Rafael de la Orta, con amplia trayectoria en esculturas monumentales. Él asistía a nuestras clases.

¿Qué registros fotográficos de Grau utilizaron?

-El material de archivo fotográfico del maestro Grau, la investigación la hizo una alumna: Cindy Gómez, quien consiguió fotos de álbumes de la familia de Grau, registros fotográficos en Internet, y en libros publicados sobre su obra, pero especialmente, la escogencia de la ropa del artista en este diseño surge de una foto icónica de Hernán Díaz para un libro de Marta Traba, los que aparece Grau con una chaqueta, unos pantalones holgados, con los artistas más importantes de Colombia, junto a Obregón, Botero, Ramírez Villamizar, Negret, etc. Quisimos vestirlo de esa manera en una faceta importante de su vida, con su mirada crítica, y como un creador que no solo era pintor y escultor, sino un artista que además fue director de cine, artes escénicas, que sintetiza su experiencia en las artes en general en su amplio espectro.

¿Cómo fue el inicio de su vocación como investigador del arte?

-Mi experiencia empezó en el colegio, como una curiosidad innata de aprender de la naturaleza y como una necesidad de comprenderla, de saber qué es lo que pasa en el mundo. Me gustaba dibujar en los cuadernos y me atraía la química y la biología. El dibujo fue una herramienta para aprender biología, dibujando los animales y los seres humanos, y aprendiendo química dibujando los materiales que se utilizaban para las esculturas. Es una relación de temprana edad.

Luego, con mis estudios de pregrado en Artes Plásticas, desarrollé un gusto particular por la anatomía, la figura humana, la figura animal, la contextualización de diversos procesos que se daban en la ciudad, sobre grupos sociales, cómo entendía las cosas que ocurrían a mi alrededor, etc. Los cursos que tomé sobre taxidermia, un curso sobre escultura con Hernando Pereira y el profesor Pedro Villalba, los cursos sobre plasticera, todos me sirvieron mucho para conjugar esta visión del artista escultor. Al realizar mi maestría en Historia del Arte, empecé a preocuparme por el patrimonio mueble de la ciudad y las esculturas de la ciudad y estructuré una cadena de pensamientos en torno a ello: esta es mi ciudad, es la ciudad donde nací y la que quiero mostrar al mundo, y de qué manera puedo transformarla a partir de obras que están conectadas con su historia. Lo de Grau es un crisol de posibilidades que se abren a la ciudad, fusionando el pensamiento creativo con la labor investigativa histórica, es la que fundamenta mi trabajo.

¿Quiénes han sido claves en esta formación y vocación artística?

-Debo agradecer a mi madre y a mi abuela, a mis profesores de arte del colegio donde estudié y de la universidad, en Unibac, y a los profesores de la Universidad de Antioquia de la maestría Historia del Arte, que me han guiado en esta vocación y han permitido que mantenga viva la llama de la creatividad. Pero, sobre todo, debo agradecer a Sergio Medrano, mi antiguo socio. Él falleció pero, gracias a él, quien me apoyó en todos mis proyectos como un mecenas, pude cumplir mis sueños.

Epílogo

A César Gutiérrez siempre le ha encantado la ciencia del arte y está redescubriendo los nuevos usos de materiales, y la relación de la escultura con química. Participó en diversas revistas y en el libro de la cirujana Manuela Berrocal y se ha enriquecido con la experiencia vivida en talleres con David Manzur, Heriberto Cogollo y Alfredo Guerrero, que ayudaron a pulir la técnica del dibujo. Pero también ha aprendido de otros creadores como su profesor, el maestro Eduardo Hernández. Espera que este homenaje a Enrique Grau sea acogido por la empresa privada y por las instituciones culturales oficiales, para exaltar la sombra luminosa de un hombre que llevaba como un caracol la memoria de Cartagena.

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