“Uno es lo que en la vida se propone”, Naomy Ocoró

31 de enero de 2016 12:00 AM

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Por una de las calles destapadas del barrio 20 de Julio camina la Reina de Independencia de Cartagena, Naomy Ocoró Sinisterra. Va de falda larga y blusa a juego, con una elegancia innata y una sonrisa en su rostro.

Todos la saludan, a ella y a su madre, Ana Lucía Sinisterra Solís, de rostro tierno y amable. “Ahí va la reina”, gritan las niñas que nos encontramos, emocionándose aún más cuando Naomy les habla. El camino desde donde me recogen hasta su casa me resulta tortuoso por estar lleno de huecos y piedras, sin embargo ella camina serena, como en pasarela. Nunca pierde el glamour.

En el 20 de Julio ella ya no es Naomy, ahora es “La reina”, una celebridad local que se ganó el cariño de los cartageneros desde el pasado 15 de noviembre en la Plaza de Toros, cuando frente a miles de asistentes fue proclamada Reina de Independencia 2015 – 2016.

“Siéntate”, dice amablemente Ana, cuando llegamos a su hogar. Luego saca del cuarto un abanico enorme. “Esta casa no tiene lujos, pero nunca nos ha faltado nada”.

Naomy, de 19 años, la mira y asiente con la cabeza. Su madre es para ella, el centro del universo, junto con sus hermanos Luis Manuel, Jorge Luis y Ana Luisa y su pequeña sobrina, Dulce Sorpresa, de1 año 9 meses.

“Nací y me crié con mi madre y mi abuela. No tenemos lujos, en mi casa no tenemos lujos pero yo digo que para mí es una gran riqueza tener a mi familia junta y eso es lo más importante”.

Naomy, quien nació el 1 de julio de 1998, empezó en el mundo del modelaje a los 11 años, impulsada por su madre, cuyo sueño fue ser modelo. Como a la pequeña le gustaban los reinados, no tardó mucho tiempo en acostumbrarse al nuevo mundo de las pasarelas en su primera academia D´Angela Models. “Empecé a ver cómo me iba y así le fui cogiendo el gusto”.

La joven, quien entonces tenía el cabello largo y rizado, se interesaba en participar en cada evento que tuviera lugar en la Institución Educativa San Lucas en El Carmelo, donde estudió.

Se convirtió en la musa del diseñador cartagenero Víctor Buelvas, a quien conoció cuando tenía 13 años. “Una vez iba para un mercadito que está acá por la casa, con mi mamá  y me dijo una vecina: ´mira a ti te estaba buscando . Me dijeron que eras muy linda y queremos que seas la reina del cabildo del carnaval´. Ella fue quien me presentó a  Víctor, él me hizo prueba de maquillaje, de peinado ... me montó en unos tacones. Y desde ese momento estoy con él”, explica.
Orgullosa, Ana cuenta que Víctor quedó encantado con la belleza de su hija y desde ese día tienen su apoyo.
Luego, en 2013, llegó a Chica Bonita, el intercolegial que le abrió muchas puertas aun cuando ocupó el segundo lugar. “Con Chica Bonita gané tratamientos, foto estudios y bueno ... mucha publicidad”, agradece.

Ana Lucía, auxiliar de enfermería,  crió a sus hijos bajo un ambiente de respeto y obediencia. Se convirtió en su mánager, guardaespalda y mentora. Su hija por lo tanto, ha crecido siendo madura para su edad y con metas claras. En dos años, planea representar a Cartagena en un certamen nacional. “He recibido muchas propuestas, pero es importante estudiar. Quisiera llegar a un certamen nacional o uno internacional y la idea es irme preparada. Con el Reinado de la Independencia gané una beca así que voy a ver con qué carrera puedo complementar lo que estoy estudiando (Turismo e Idiomas). También seguiré con la agenda del IPCC”, explica.

Dentro de la agenda de Naomy también está el trabajo social que pueda hacer con la comunidad más pobre de la ciudad. La Policía Nacional y el DADIS han sido las instituciones con las que ha colaborado, acompañándolos en entregas de ayudas y campañas de salud. “Creo que no se puede perder la sencillez ni la esencia de uno. A mi me criticaron bastante pero yo puedo ser mejor cada día y los años nos van cambiando, entonces uno aprende. Muchas se enfocan en otras personas y no en su trabajo. Digo que uno tiene que estar pendiente de uno y no del otro.”.

Rompió el prototipo
  ´Por fin una reina diferente´, le dicen a cada rato.
A lo largo de los últimos años, había un prototipo exclusivo para escoger a una reina de Independencia, algo con lo que no está de acuerdo.
“Todos nos hemos creado un tipo de reina y si nos fijamos los años anteriores no importaba lo que era la contextura o el color de piel, sino que se dieran a conocer. Que fueran bonitas y elegantes. ¿Por qué una mona no puede quedar como reina si tiene el cuerpo bonito y tiene una cara bonita?. Siempre las mandan a cambiar el color del pelo. ¿Por qué una gordita no puede quedar de reina? Son tantas cosas … pues esperemos que estos años que vienen vayan cambiando esas cosas.
Naomy es tranquila y risueña. “Uno es lo que en la vida se propone”, dice.

Las críticas
los ´haters´ de Naomy no escatimaron en insultos y críticas hacia ella. Y su madre, aunque siempre le inculcó hacerse la de la vista gorda, lloraba en silencio. “Me la trataron muy mal. Muchas veces lloré porque eran cosas horribles. Decían que era fea, que estaba en el lugar equivocado, que era una niña de la calle en rehabilitación”
Ana Luisa, la hermana de Naomy, describe a su hermana con orgullo. La apoda ´linda´. “Ella es excelente hermana, excelente persona y excelente hija. Durante el reinado me estresé tanto como ella. Recolectamos fondos. Me hice un cervecero con el que me quedé como a las tres de la mañana con los vecinos. También hicimos rifas... eso fue de sol a sol”.

El momento de la capa
Eso pasó en Miss Venezuela hace años. Me acuerdo que cuando salí con la capa encima, todos decían, ´que vestido tan maluco , la mataron. Ya perdió´. Y todos me decían ´yo como tú me quito eso´ y yo ´no, déjame así´. Cuando yo me quito la capa  me sorprendí porque sentí cuando el público se levantó y dijo ¡wow!. Me emocioné y con más razón me llené de seguridad tranquila, segura, bastante.
Naomy afirma disfrutar de su descanso desde hace poco. Con los premios que se llevó en el Reinado de la Independencia pagó unas ´deuditas´ que tenía y le obsequió dinero a su incondicional madre.
De la niña de pelo rizado a la que le encantaban los reinados, queda la esencia y la humildad, esa que afirma no perder jamás, porque irá ahí, juntita, de la mano del éxito.

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