Facetas


Uriel Cassiani, secretos de un poeta de Palenque

Música para bandidos, de Uriel Cassiani, apareció a finales del año pasado. Es una obra que ha emprendido un exitoso peregrinaje desde las plataformas digitales.

GUSTAVO TATIS GUERRA

09 de agosto de 2020 12:00 AM

No es solo la primera novela que se escribe en Palenque, sino la obra de un narrador y poeta que ha ido construyendo su propio universo personal, nutrido de las voces de sus ancestros.

Música para bandidos, de Uriel Cassiani Pérez, apareció a finales del año pasado, publicada por Ediciones Pluma de Mompox. Es una obra de 399 páginas que ha emprendido un largo y exitoso peregrinaje desde las plataformas digitales en este semestre traumático de la pandemia. La novela ha ido al encuentro con sus lectores, desafiando los silencios y las encrucijadas, en ferias del libro y encuentros culturales.

Uriel Cassiani, nacido en Palenque, estudia Derecho en la Corporación Universitaria Regional del Caribe (Curc-Iafic), es director ejecutivo de la Corporación Ataole. Es narrador, poeta y gestor cultural. Autor de los poemarios: Ceremonias para criaturas de agua dulce (2011), Alguna vez fuimos árboles o pájaros o sombras (2011). Tiene además inéditos: Conjuros para detener la tempestad, Variaciones lógicas de la memoria y la novela en preparación El olvidado reino de las aguas con sal.

El escritor dialogó con El Universal sobre su vida, su vocación creativa y la gestación de sus imágenes narrativas y poéticas.

Empecemos por tu infancia. ¿Qué imágenes y vivencias tatuaron tu alma de niño en Palenque?

-Tengo límpidos recuerdos de mis días en la tierra de Benkos, viví de manera ininterrumpida hasta los 7 años en ese territorio sagrado. En las tardes las calles se llenaban de tefú (grillos), mariposas y libélulas que de niños terminamos depredando. Había tanta arena en el poblado que cuando, conocí las playas de Marbella en Ciudad de Piedra, me sentía en las calles de Palenque. En el Primer Pueblo Libre de América vivía extasiado con las historias de hombres y mujeres que volaban sin escobas, y de acuerdo a los kuadros, los muchachos resolvían a trompadas sus diferencias. Iba en el anca de un caballo a la finca de mi abuelo materno. Vivía sumergido en el arroyuelo de Las Piedras donde las aguas siguen siendo benditas. No había un niño en la tierra más feliz que yo.

¿De qué imágenes y experiencias se engendra esta novela tuya que es la primera que se escribe en la historia de Palenque?

-Creo que en los ochenta existía en la ciudad un ambiente propicio para nutrir la psique de cualquiera que pudiera estar interesado en una entidad artística. Era la época del Cine Capitol, del Patacón pisao y la Kola Román, los bolis de frutas y también del Chavo, de los piques de break dance, en esos lugares que en nuestros barrios siempre están ardiendo: las esquinas. Era la época de cambiar huesos y hierros por bocadillo o panela, también de las populosas casetas. La dinámica, la Casa Rosada en el barrio La Quinta, la Blanca en Nariño. Teníamos todo tipo de ritmo y melodías que venían del gran Caribe y África. Teníamos las notas afroconscientes de Tina Turner y Stevie Wonder y sobre todo teníamos a su majestad del parque centenario “Cuchilla Geles”.

Música para bandidos es una novela que lleva al papel al Palenque urbano. Villano y unos muchachitos pertenecientes a la comunidad palenquera buscan escapar de la mano adversa del destino por intermedio de la música de Borinquén, del reggae Bob Marlie y la salsa de Rubén Blades, la música africana de Bopol Mansiamina y Makeba. ¿Quién no adoraba a Joe Arroyo? Joe nació en el barrio Nariño y allí, al lado de la casa de la abuela del Joe, terminé la primaria. Los muchachos admiraban a Hugo “Sabor” Alandente, Juan Carlos Coronel y el Nene y sus traviesos aspiraban en convertirse en estrellas del ritmo y el sabor. Es la Cartagena de los ochenta y principios de los noventa la que nutre las tres historias, realmente Música no es una novela, son tres novelas, es un thriller a lo Michael Jackson. ¿Recuerdas ese estribillo? /killer/diller/chiller/ thriller aquí esta noche/. Tremenda nota alta la del rey del pop.

¿Cómo es construir un personaje de ficción cuando es un personaje de carne y hueso como es el Farolo, y cómo se funde lo real y lo mágico cotidiano?

-Farolo tenía un carisma arrastra chicas. Un chico que modernizó el concepto del bandidaje. Antes de Farolo los atracadores eran sucios y harapientos. Farolo iba de Reebok, tobilleras, Franela Pat Primo y pantaloneta de los Bulls de Chicago y un cigarro Belmont atrapado entre sus dedos, jamás se le veía repetir una pinta, como decimos en el argot popular, y tenía cien novias. Bailaba como un ángel recién expulsado del cielo, no cometía ilícitos en el barrio y tampoco permitía que mancillaran el territorio. Tomé esos elementos, los mezclé con algún gánster neoyorquino en las historias de James Baldwin y plomo, ¡jajaja!, creo que di en el blanco, en la nota justa. El misticismo Farolo lo tomó de sus ancestros, pero realmente no puede vivir con eso, tienes otros intereses ese que “más alumbra”. Quien haga la lectura consciente de la novela del aleteo podría confirmarlo o no, Farolo iba pa’encima siempre.

¿Cómo fue el proceso de escribir, armar la trama de la novela, encontrar un tono y editarla?

-La novela tal vez la empiezo a escribir antes de ser consciente que podría convertirme en poeta o escritor. Hay situaciones que nos pueden marcar y uno de esos hechos fue la muerte del segundo al mando de la pandilla de Farolo, el Villa, un pandillero de uno noventa y cinco de estatura, muerto de un disparo de carabina desde la terraza de una casa en una violenta pelea entre cívicos del barrio Candela y las Águilas de Farolo. Algo realmente de película. Esos hechos y ver que todo el barrio giraba alrededor de una persona, saber que había boxeadores con posibilidades de coronarse campeones del mundo como Leonardo “mano de hierro” Asprilla, Kid Castellón y Luis “Chicanero Mendoza”, que vivía diagonal a mi casa. El terreno era literario, veía cosas que solo sucedían en el paraíso o en alguna película que jamás vi en mis días en el barrio Candela de Ciudad en Ruina. La línea argumental, la trama me planteaba serios desafíos, porque no quería una historia, quería tres historias en un solo espacio, en un solo libro. Un reto mayúsculo, si se quiere.

Epílogo

Empezó a escribir su novela en 2009, en todos los géneros posibles. En primera y tercera persona, experiencia en la que estuvo sumergido diez años de su vida, luego de un largo proceso investigativo en los archivos del diario El Universal, entre 1983 a 1994, cuando muere el personaje.

“Quería confirmar hechos y no dejar todo a la memoria siempre tan frágil y selectiva. Después vinieron las entrevistas a gente muy cercana a los personajes, luego ordenar, planear, planificar, clasificar el material aprovechable para el proyecto, determinar el tiempo, la atmósfera”. En el proceso de edición participaron varias personas: David Betancourt, Erick Federico Palomo y María Nebura. Por último, entregó la obra a Carlos Melo, a la editorial Pluma para Mompox.

Uriel dice que a veces tiene problemas serios con la cotidianidad porque anda conversando siempre con sus ancestros y con el espíritu siempre revitalizador de la poesía.