Urumita es la nostalgia que invade a Silvestre Dangond

14 de octubre de 2018 12:00 AM

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Esa mañana llegó Silvestre Dangond al ‘Cerrito del Viejo Moli’, en Urumita, entre la Serranía del Perijá. Debía grabar, desde las 6 a. m., unas imágenes para el video de su canción ‘Si yo supiera’, en la que habla de lo que haría antes de su muerte, porque a esa hora los productores tendrían la luz perfecta para filmar.

Rodaban sin contratiempos cuando, de repente, escucharon una voz agitada. Era María Atencio, una mujer que caminó varios metros desde el centro del municipio, con bastón en mano, para ver a uno de los artistas más grandes que ha parido ese pueblo guajiro, donde también nacieron el cantante y compositor Fabián Corrales y el acordeonero Iván Zuleta.

Pero María ya había subido la colina para buscar a Silvestre. El día anterior se regresó a su casa con la idea de volver, pues sabía bien que él estaría allí. En el pueblo no se hablaba de otra cosa.

La mujer interrumpió las grabaciones. “Aquí estoy yo con alegría, estoy llorando de alegría, de verte. ¿Cómo estás? Vengo a saludarte, hijo. Vengo a darte un abrazo porque tú te lo mereces. No hay nada imposible para mí. Yo te quiero y cuando dicen te quiero… es te quiero, hijo. Te quiero, hijo. Te amo. Ay, hijo, fanática de tu música, la ‘morisquetera’ del pueblo, María Atencio (…) Yo dije: voy es pa’ allá, para decirle a mi gente que te vi de cerquita, que te toqué, que te abracé. Eso es lo que yo quiero”, se le escucha decir a Atencio en el video, mientras se le ve caminar apoyada en su bastón y alzar sus brazos, evidentemente emocionada.

El cantante de vallenato cuenta que en ese momento tanto él como el equipo de producción quedaron en shock, callados, viendo y escuchando a María, quien, sin planearlo, fue una de las protagonistas del video del artista nominado al Grammy Latino.
“Ella es una muestra de cómo eramos antes. Ella tiene esa esencia todavía, criolla, natural, de esa gente de pueblo. Y lo que dice es verdad, cuando uno dice te quiero es porque quiere”, dice Dangond.

Ahora observa Silvestre, una vez más, su propio video. Llora y revive su infancia en Urumita, donde vivió hasta los 14 años. Recuerda que lo primero que hacía al levantarse era salir a botar la basura en un barranco. “Me enrollaban una camiseta en la nuca y allí me ponían la basura, porque pesaba. Cuando regresaba era que me ganaba el café con el pan”. Y recuerda también que debía moler el maíz si quería comer arepas.

Y en cuatro días, durante ese rodaje, Silvestre reconstruyó su niñez en la tierra del Cacique Uruma. Recorrió sus calles, visitó amigos, a la peluquera que lo trasquiló varias veces, jugó billar, tomó cervezas, comió sancocho, se bañó en el río Marquesote, conversó con su abuelo materno, Héctor ‘Chiche’ Corrales; se bañó con ‘totuma’ en la casa de sus abuelos y durmió junto a ellos. “Lo que hice el primer día fue visitar a mi familia, a mis abuelos y comer lo que me gusta, la comida criolla, la buena. Mis abuelas, Ana Teresa y Josefina, se preocuparon por hacerme unos buenos almuerzos, mi sancocho, mis desayunos de ‘peso’, como decimos allá”.

Fueron, por fortuna, varios amaneceres diferentes. “El recibimiento fue muy lindo. Cada vez que lo recuerdo me da mucho sentimiento. Creo que muy difícilmente encuentro en otro lado una energía como la que encontré en Urumita. La única manera de volver a sentir lo que sentí esos días, es ir allá otra vez, a mi pueblo”.

Al final de video dejaste un mensaje escrito...
- Son unas palabras porque mucha gente juzga a los artistas cuando los ven bien y lo más fácil es decir: ‘ya está creído’, ‘ya no es el mismo’, ‘ya no es el Silvestre del pueblo’. Eso es falta de coherencia, porque si alguien sabe quién es, soy yo. Sé de dónde vengo, sé pa’ dónde voy. Y como lo expresé ahí: siento que soy el mismo en diferentes circunstancias. Doy gracias a mi base principal: la crianza de mis padres. Mis papás, que son gente buena, gente humilde, trabajadora. Tuve ejemplo de trabajo, de honestidad, de compañerismo, de ser dadivoso, porque así me crié en Urumita. Yo podía llegar a cualquier casa y siempre me daban un plato de comida, porque la costumbre de esos pueblos, aún en medio de la pobreza, es hacer comida para un batallón. Entonces yo siento que soy eso y he luchado mucho por tratar de ser siempre una buena persona. Mi esencia urumitera está allí clavada.

¿Por qué esa canción a manera de despedida?
- Yo no hubiera querido escribirla, ni hubiera querido que otro estuviera en mis zapatos, porque no es fácil decir lo que yo dije en esa canción y más porque hay un sinsabor. Por más que yo quiera evadir, por más que lo quiera evitar, hay un sinsabor, es como si me estuviera despidiendo y no es agradable. Mi esposa no escucha esa canción y a muchas personas les pasa lo mismo. La canción no es fácil pero soy honesto con ustedes y conmigo mismo, porque si eso fue lo que me nació escribir y cantar, que sea Dios el que me guíe y me cuide.

¿Qué le falta por hacer a Silvestre Dangond?
- Aveces siento que todavía estoy comenzando y siento que no he hecho muchas cosas. Silvestre Dangond va camino a la cima. Yo sé dónde está la cima y voy rumbo a ella, pero no quiero llegar nunca, porque si llego a la cima mañana, ¿después pa’ dónde cojo? Yo me quiero disfrutar ese camino donde río, donde lloro, donde caigo, donde me levanto. Y eso aplica para todo, porque si hay algo que duerme al ser humano es cuando logra los objetivos.

¿Qué legado le quieres dejar a tus hijos?
- El legado que le quiero dejar a mis hijos lo estoy construyendo. Por ellos hago el sacrificio más grande de tener autocontrol, de caminar derechito. Para que mis seguidores hoy disfruten de mí, tienen que darle gracias a ellos, a mis hijos, porque si no fuera por esas tres criaturas yo creo que la historia fuera diferente y tal vez no estuviera contándola.

¿Cómo ves el vallenato en un futuro?
- Lo veo muy bien, veo que ha tenido un crecimiento muy grande. Está cada día metiéndose en esferas diferentes de la música. Hay un relevo generacional, hay cambios que son inevitables esquivarlos y hay que acomodarse. Va a haber una generación que va a hablar más de vallenato.

¿Por qué consideras importante hacer fusiones en esta época?
- Es importante para el que las quiere hacer, pero el que se quiere quedar en su puesto que se quede. Yo propongo algo por mí, pensando en mí lo hago y me funciona, pero el que quiera quedarse en su puesto está en todo su derecho, también lo aplaudo, yo aplaudo los dos extremos.

¿Con qué artistas te gustaría hacer fusiones?
- Muchos. Empezando por todos los colombianos: Juanes, Shakira, Vives…

¿Cómo ha sido la evolución de tu carrera al pasar del CD a lo digital?
- A mí me ha ido bien con el paso a las plataformas digitales. No me quejo. Al contrario, le estoy sacando el jugo a eso. El que más se disfruta todos estos cambios soy yo. Siempre da un sentimiento porque el CD tiene su encanto, su magia, pero se ha ido perdiendo y lastimosamente no podemos hacer nada contra eso.

De todos nuestros grandes compositores, ¿cuáles son los que más te gustan?
-Varios. Gustavo Gutiérrez, Hernando Marín, Rafael Manjarrés, Nacho Urbina, Luis Egurrola. Soy fanático de todos ellos. La lista mía es larga, no me caso con uno solo.

¿Cómo describes este 2018 para ti?
- Para mí el 2018 es importante porque encontré el equilibrio. Era lo que andaba buscando y ya encontré, que es poderle dar música y gusto al público de una manera diferente. Pero siento que el 2018 para mí es exitoso por eso, porque encontré algo que me está funcionando.

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