¿Vestirías ropa usada por ayudar al planeta?

26 de abril de 2019 05:12 PM

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Un vestido de poliéster tarda en degradarse unos 200 años, sin embargo, este no es el peor daño que le hace al medio ambiente: los tintes y químicos que se utilizan en el proceso de fabricar las prendas van al agua que consumimos, a los animales que comemos y, además, pueden ser potencialmente cancerígenos.

Según informes de Greenpeace, una organización canadiense dedicada a proteger el medio ambiente, las aguas residuales que vierten algunas fábricas textiles del mundo (en su mayoría chinas), al ser depuradas igual mantienen niveles de sustancias nocivas como:

Anilinas cloradas, cuando se usan tintes. Son elementos tóxicos para una gran variedad de organismos, como en el caso de organismos del medio acuático.

Ácido perfluorooctanoico (PFO A): Una sustancia química bioacumulativa (que tiende a acumularse en los organismos de los seres vivos) y altamente persistente.

Nitrobenceno y cloronitrobenceno (CNB): Son carcinógenos para los animales y posiblemente para los humanos.

El ambientalista George Salgado Yepes explica que “lo más particular es que la producción masiva de estas prendas tiene una connotación especial y son los microplásticos”. Estas son partículas de unos 5 mm, inventadas en los años 80, utilizadas desde entonces para dar color a la ropa y otros productos, que pueden estar fabricados en distintos tipos de plástico como polietileno (PE), polipropileno (PP) o poliestireno (PET). Al ser demasiado pequeñas, no se pueden eliminar y terminan en el estómago de los animales y los seres humanos.

Además, dentro de lo que expertos llaman “secretos de contaminación” de esta industria, está el hecho de que existe una producción textil descontrolada debido a la moda y sus tendencias.

“Para producir un solo jean se necesitan de 8 mil a 10 mil litros de agua, es decir, lo que consume una persona en más de diez años”, continúa George. “La industria textil es la segunda más contaminante del mundo. Se consume el 20% del agua potable del mundo para su producción. Realmente lo que hagamos con los residuos textiles es crucial, podemos adoptar medidas como reutilizar, por ejemplo, transformarlos y para esto una ciudad como Cartagena, o un país como Colombia, pues todavía no están preparados”.

En orden, el tiempo de degradación de la ropa se muestra en la siguiente gráfica, según datos ofrecidos por Salgado:

Calcetines: 1 semana a 5 meses.
Blusa o camisa de lino: 2 semanas.
Suéter: 9 meses.
Camisa de mezclilla: 10 a 12 meses.
Top de seda: 1 a 3 años.
Suéter de lana: 1 a 5 años.
Medias de nylon: 30 a 40 años.
Bolso de piel: 50 años.
Lycras y top deportivos: 20 a 200 años.
Vestido de poliéster: más de 200 años.

Según un estudio de la Universidad de Alicante, el poliéster y el algodón son las fibras textiles de mayor producción mundial, representando el 82%.

Ropa usada,
una solución trendy
y amigable

Claudia Pérez es la propietaria de Segundo Closet, el único local boutique de Cartagena donde se comercializa ropa usada, de esa que por capricho compramos y no nos gustó, o de esa que utilizamos por una sola noche.

“Desde las redes, trato de decirle a las personas que reutilicen ropa o que la modifiquen para alargar su ciclo. Pronto quiero hacer un evento para intercambiar prendas, que las personas lleven sus pertenencias y las cambien por otras que quizás les gusten”, adelanta.

Vestidos de 15 años, vestidos de grado o usados una sola vez para asistir a un matrimonio reposan prácticamente nuevos en los estantes. El maniquí que los modela se llama Gertrudis, ríe Claudia. Es impresionante la calidad de la ropa, los detalles, el gasto de tela y dinero. Hay, incluso, vestidos de diseñadores locales y nacionales.

“Somos una propuesta de consumo responsable de moda, funcionamos bajo un modelo de consignación, en donde las mujeres traen su ropa en buen estado que ya no usen y acá la vendemos.

“Incentivamos comprar ropa usada como una forma de disminuir la contaminación por textiles, pues es una de las industrias más contaminantes. Para fabricar la ropa, se invierte gran cantidad de recursos naturales. Nos basamos en los pilares de la economía circular, reciclar, reparar y reutilizar, siendo nuestro fuerte el reciclaje de prendas en buen estado”, explica.

“Aquí hay vestidos de todo tipo. La idea surgió con vestidos de 15 años que pensé que en su mayoría tendrían guardados, porque usualmente los usan una sola vez y ya no más”.

Ya son dos años desde que abrió su local en el centro comercial Getsemaní y dice que, afortunadamente, ya la gente está conociendo y aprobando esta nueva iniciativa.

“Muchas personas vienen y les aclaro que no es ropa nueva. Algunos se van, otros se quedan. Al principio, mi preocupación era que no me trajeran prendas, pero la primera semana que abrí fue todo un éxito y me di cuenta de que podía seguir con esto”.

Le pregunto si alguna vez alguna clienta se ha molestado cuando ella les ha explicado el valor agregado de su almacén, pero sonriente dice que no. “Al contrario, muchos me dicen ‘qué chévere’, y eso me da ánimos también de continuar”.

Cuatro chicas entran a la tienda. Vienen recomendadas por una de sus compañeras de trabajo, para que visiten el local.

“Ah, mira, también tienen zapatos”, comenta una.

Claudia me explica que antes recibía zapatos pero ya muy poco, por cuestión de tallas. “La idea es que las personas traigan la ropa que no usen y acá de las vendemos, eso sí, que sea ropa en excelente estado. Queremos que la gente use prendas que ya están, y no tengan la necesidad de consumir productos nuevos”.

Gracias a su iniciativa, ha conocido a más gente que tiene locales de este tipo en las principales ciudades de Colombia (donde la conciencia ambiental está despertando con fuerza) y quienes también buscan ayudar a disminuir el impacto medioambiental de la industria textil.

“Así que: ¿para qué comprar una prenda nueva, si puedes tener una usada y de buena calidad y a un menor precio? Invitamos a que se quiten el estigma que la ropa usada es sucia y fea, modificar los hábitos de consumo en beneficio de los recursos naturales”, finaliza.

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