Facetas


Víctimas de las páginas anónimas

El morbo es el protagonista en las páginas de denuncias que suelen aparecer en Facebook, particularmente en Colombia.
El morbo, unido a cierta “esperanza” que se le da al usuario porque a diferencia de los medios tradicionales, cualquier tipo de señalamiento, molestia o crítica se publica. Claro está, que a diferencia de los medios tradicionales, en estos sitios no se pregunta, no se solicitan pruebas, ni se citan fuentes. Y bueno, no son un periódico así que pues simplemente no se limitan por eso.

Es un Guasón disfrazado de Batman. En eso se han convertido porque lo de hacer daño es lo que más fácil se le da. Y sí, se rescata (de verdad) su labor por crear conciencia acerca del maltrato animal, los valores humanos y el medio ambiente, como se puede constatar con muchas de las publicaciones, pero es claro algo: ya tienen el poder de destruir y lo hacen y eso opaca todo lo demás.

“Manejan un lenguaje duro y violento, acorde a estos tiempos de “guerra social urbana”. Lamentablemente es un lenguaje bastante fascista por un lado, excluyente, que no respeta ningún derecho, un lenguaje hostil, agresivo, bastante sí... propio de la guerra.

“Pocas veces hay comentarios que van al llamado a la tranquilidad, a la concordia, al sosiego. Pocas veces hay una defensa de la paz. Muchas veces lo que hay es llamados al linchamiento, al desconocimiento de los derechos, a incendiar todavía más todo esto”, refiere Ricardo Chica Geliz, Magíster en Desarrollo Social.

No es un juguete
En una de estas páginas hace algunos meses, se mostró a una mujer agrediendo a otra. Sin idea del por qué, muchos cartageneros la confundieron con una política de la ciudad.

“Hay Dios, si tenemos fiscales gays que ni respetan a la autoridad, (…) un presidente ‘tramullero’, ¿qué se puede esperar de los aspirantes a los cargos públicos?”, expresó en su momento un ‘muy bien documentado’ forista.
La funcionaria se tuvo que acercar a los medios a aclarar la situación, aduciendo que “Para la tranquilidad de todos, y especialmente la de mi familia, les comunico que no soy la persona que aparece en esas imágenes”.

Esto es grave, teniendo en cuenta que por un breve momento en la realidad cartagenera, muchas personas creyeron que efectivamente esa era ella, y también porque probablemente, quien nunca leyó el comunicado de la funcionaria, aún cree que es ella.

Nada más pensemos en uno de esos ‘sujetos’ incomunicados en uno de los pueblos lejanos de quién sabe cuál municipio de Bolívar, sorbiendo una tacita de café, mientras le dice a otro desinformado: “A vaina, mira a la vieja esta que se lanzó a (tal cual puesto político) pegándole a la otra, está jodida”. 

Miedo a salir a la calle
“ ‘¿Ya viste lo que salió en la página?’. “’Qué, qué, ¿qué pasó?’”, respondía yo a la vez con una pregunta (y más pálida que de costumbre).
Estas páginas le enseñan a uno cómo es el cartagenero en realidad y ¿por qué no decirlo?, ahora sí que sé cuáles son los sitios más peligrosos de esta ciudad, que pues es ¡tooooda la ciudad!

¿Y eso es bueno? He aquí donde afecta al público.

“Mira ahí publican sin constatar nada, lo que hacen es aumentar la percepción de inseguridad que tiene la gente en Cartagena”, me dice una de mis compañeras periodistas y sus argumentos son muy válidos.

La página “es una apuesta que se atribuye a la debilidad institucional del Estado. Tenemos una administración débil, y la gente ante esa ausencia de autoridad, sencillamente se exalta y se desborda con expresiones bastante extremas”, continúa Chica.

“Es que en esas páginas cualquiera puede subir comentarios. Si tú quieres inventar, mandas tu comentario y lo replican, sin comprobar si de verdad hay situaciones de inseguridad. Como periodista, me han llamado y he indagado acerca de algunas situaciones que ahí se muestran y resulta que son falsas”, me explica Wilson Morales, el editor de la página Judicial de El Universal. 

Es tan delicado este fenómeno, que incluso Facebook adelanta desde hace pocos días el proyecto «Facebook Journalism Project», para evitar la circulación masiva de noticias falsas y mejorar la plataforma.

Sí, se exige
responsabilidad

Quiéranlo o no, digan lo que digan, a estas páginas les toca tener responsabilidad pues son quizá las primeras páginas que buscan en Facebook los usuarios al despertar y la última que miran al acostarse.

Tienen la posibilidad de crear debate, de crear polémica y bueno, tienen incluso la posibilidad de apaciguar o enfurecer al público.
“Es claro que los medios sociales han permitido una participación activa de las personas en el escenario informativo que antes no era posible. Esto en ningún momento se puede calificar como un peligro, más bien es un escenario lleno de posibilidades para construir sociedad. Las estructuras de poder sobre los medios de comunicación se han alterado y ahora la agenda se ha diversificado. Esto está siendo aprovechado por voces que antes estuvieron en silencio. Pero al mismo tiempo, estas ventajas parecen diluirse cuando descubrimos la precariedad de las formas como las personas participan, el tipo de debates que acaparan la atención, o la facilidad con la que se ataca a los demás sin medir las consecuencias”.

“En resumen, en los medios sociales encontramos un espacio ambiguo que puede servir para nobles causas o para sacar a flote lo más oscuro de la esencia humana. Solo la educación, el criterio y el ejercicio de “pensar antes de publicar” harán que casos como el que me compartes sean la excepción y no la regla”, explica Sergio Llano Aristizábal, Máster en Dirección de Tecnologías de Información de la Universidad Oberta de Cataluña y Máster en Comunicación en las Organizaciones de la Universidad Complutense de Madrid.

Entonces, es pertinente mirar su evolución, de dónde vienen para dónde van y no jugar como han hecho hasta ahora, con la conciencia maleable de muchos de sus miles de “amigos”.

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