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[Video] Natali Tejedor nos enseña el verdadero valor de sonreír

Bien dicen por ahí que lo que no te mata te hace más fuerte. Esta boquillera ha tenido el valor para volver a levantar su vida en medio de la adversidad.

Una de las mujeres mujer más alegres de La Boquilla es una joven negra que se pasea como reina por sus calles, saludando por doquier, desde una silla de ruedas azul, un tanto maltrecha que le regalaron. Y digo alegre, porque su sonrisa es perenne: no se le ha borrado de su rostro, pese a la adversidad. Irónicamente, construir esa sonrisa que lleva ahora le ha costado dolor, sufrimiento y, también, valentía.

Esta tarde de jueves hemos atravesado callejones empedrados donde, mal contadas, las ruedas de su silla se han atrancado al menos siete veces. Ella igual se ríe, porque ya es parte de la cotidianidad a la que está acostumbrada -bueno, no tan acostumbrada-, más bien que vive hace tres años, cuando su vida, relativamente tranquila, cambió: “Fue el 1 de mayo de 2018 que me llevaron a la clínica con los dolores”, recuerda. Y, solo en cuestión de días, lo que parecía una simple dolencia de caderas se transformó en algo mucho más grave. Hasta ese día, Natali Tejedor Peralta, quien recién había cumplido 33 años, trabajaba en una boutique del Centro Histórico para criar a sus dos hijos y tenía apenas dos meses de haberse separado de su esposo.

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Natali enseña algunos de los productos que teje.

Un nuevo despertar...

Natali pasó varios días sin dormir por los dolores en sus caderas. En la clínica los médicos descubrieron que el origen de sus males eran una enfermedad neurológica con la que nació, pero que solo se manifestaba hasta ahora. “Esa primera semana yo iba y venía al médico. Primero me dijeron que era un dolor lumbar y con el tiempo se dieron cuenta de que no era eso. En cuestión de días, fui perdiendo la movilidad en una pierna, me hicieron una resonancia magnética, luego otro examen más especializado y ahí se dieron cuenta de que tenía una malformación artereo-venosa en el coxis. Tengo enredadas las arterias con las venas. Tenían que operarme de urgencia”, explica.

Aunque los médicos le explicaron todo eso antes de la cirugía, nunca le hablaron directamente de las complicaciones que podía sufrir en el quirófano y que, lastimosamente, padeció. Tras la intervención, el despertar en la camilla del hospital fue tormentoso. “Me tocaba las piernas y las sentía como frías, como duras, pero no entendía bien qué pasaba”, relata Natali.

Aquella otra fecha tampoco se borra de su memoria. Está fresco aún aquel 18 de mayo de 2018, cuando los médicos le dieron la peor de las noticias. La malformación dañó sus nervios y esto le ocasionó inmovilidad en sus piernas y la pérdida de funciones motoras. Se despertó de la cirugía sin poder caminar.

“Fue difícil. Horrible”, dice y calla. Y prosigue: “Porque... ¿tú sabes qué es lo que es tú caminar y tener una vida tan normal y al día siguiente te dicen que no vas a caminar? Se me vino el mundo abajo, yo sufrí mucho al principio, pero pienso que Dios tiene grandes cosas para las personas. Yo siempre me leí un libro, cuando caminaba, que se llama Más allá del pensamiento positivo. Ese libro tiene historias de cosas que les pasan a las personas y eso me ayudó bastante. También siento que Dios me preparó mucho.

“Los primeros meses fueron muy duros. Lloré mucho, fue un golpe duro para toda la familia porque yo siempre he sido como la cabeza de mi familia, igual, gracias a Dios, y lo sigo siendo”, detalla y ríe.

Entre sus ocho hermanos y sus padres, Mercedes Peralta Alvarado y Elías Tejedor Rodríguez, Natali siempre ha sido vista como un pilar fuerte, alegre, con voz de mando. Extrovertida y espontánea.

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Algunas de las prenda que Natali confecciona.

Volver a empezar

“Estar acostado todo el día y toda la noche es horrible y yo que era tan activa...”, comenta sobre aquellos primeros difíciles meses después de la operación. Si algo sabía Natali en el fondo era que no estaba dispuesta a dejarse vencer y, quizá haciendo honor a su apellido, empezó a reinventarse.

“Estando ahí, acostada, me acordé de que antes, cuando caminaba, hice un curso de tejido de una semana. Entonces pensé: si yo sé tejer, ¿por qué no lo hago ahora?, y le pedí a mi mamá que me comprara un hilo y una aguja, empecé a tejer cosas y regalar cosas a mis amigos. Después fui aprendiendo y haciendo diferentes prendas, como bolsos, adornando faldas, sandalias y vestidos de baño. Creé una empresa: le puse Natali’s Tissues, un amigo de mi hermano le hizo el logo, le mandé a hacer unas tarjetas en Medellín, porque quería que todo quedara súper bien y unas etiquetas también. Fui a la DIAN para registrar mi empresa y todo, presté plata y compré hilos. Luego presté más plata y compré más telas y mi exjefa me regaló la maniquí que tengo, mi hermano me hizo los estantes que vez aquí (señala hacia un extremo de la terraza de su casa). Ahora digo que estamos empezando, sé que en el nombre de Dios voy a tener ese almacén que tanto he querido, que tanto he soñado y lo que me gusta es que estoy enseñando a otras personas, tengo vecinas que ahora trabajan conmigo, que son madres cabeza de hogar, tengo una chica que estudia también, en su tiempo libre también me ayuda. La idea es generar ingresos, generar trabajo y empleo a otras personas también”, afirma con emoción y con esa misma sonrisa que ha mantenido durante toda esta la entrevista. Me cuenta que tiene varios pedidos de vestidos de baño y de prendas, a algunas ciudades de la costa y tiene un pedido especial que viajará a España. Está buscando más plataformas donde ofrecer las cosas que hace, para seguir ayudado a otras personas.

Ejemplo de fortaleza

“Pienso que todo pasa por algo, que uno tiene que seguir adelante, porque tú no haces nada con llorar, yo lloré los primeros días pero ya no lloro. Vivo pensando más en mis hijos, para ellos no puedo mostrarme débil, tengo que ser fuerte. Toca afrontar y toca seguir (...) Encontré un espacio donde pude encontrarme a mí misma. Yo les digo a todos los que están pasando por algo así, que si tienen ganas de llorar que lloren, pero no vamos a estar todo el tiempo lamentándonos, todo sucede por algo. Que no se queden encerrados, que salgan, que encuentren en esa adversidad otra oportunidad”, asegura.

Hace poco, Natali participó de una charla motivacional para un grupo de masajistas y dictará una conferencia para un grupo de mujeres de La Guajira. Ella se ha convertido en inspiración y en consejera para otras mujeres a quienes les levanta el ánimo.

“Hay momentos en los que sí amanezco triste y mi familia me entiende. Hay momentos en los que estoy alegre. Pienso en que si Dios te dio la vida es para ser feliz, no para estar amargándote (...) Hay muchas personas que se quejan mucho, de la vida, de cómo viven, aún no sabiendo que hay personas que están peor. Hay personas que tienen un trabajo y ni siquiera lo valoran, entonces la idea es valorar lo que tienes. Todo está en uno, en querer salir adelante”, complementa. Y me cuenta que, años antes, cuando también fue golpeada por otra enfermedad: la meningitis, logró recuperarse y salir adelante.

Natali ahora sigue en tratamiento médico con revisiones periódicas y fisioterapia, que le ha ayudado a mejorar su condición. “El tratamiento ha sido muy bueno. Al principio no podía casi moverme. Ya, gracias a Dios, afirmo más las piernas, me paso de una cama hacia otra, de la silla a la cama. Es difícil estar en silla de ruedas pero gracias a Dios yo misma me hago todo”, añade. “Por ahí dicen que Dios le da sus mejores batallas a sus mejores guerreros, a mí como que me confundió con Rambo, porque...”, bromea y ríe.

Sueña con tener su empresa más consolidada “y tener a muchas, muchas, mujeres trabajado”. Con tener una casa propia para sus hijos, porque el lugar donde vive ahora es arrendado, y sueña con tener siquiera para comprar la silla de ruedas digna que su EPS nunca le dio. Por supuesto, su sueño más grande es volver a verse de pie y sonriente por las calles su amada Boquilla.

La historia de Natali es la de una mujer fuerte y valiente que, aún sin volver a caminar, ha logrado “levantarse” de la silla de ruedas, de muchas otras formas posibles y ha logrado levantar a otros de algunas sillas de ruedas imaginarias en las que viven. Bien dicen por ahí que lo que no te mata...

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