Facetas


Virgil Carballo, la vida de un gran médico

“Estaba en su esplendor, le faltaba mucho por dar”, mencionan sobre el internista que batalló incansablemente contra el coronavirus.

CRISTIAN AGÁMEZ PÁJARO

13 de septiembre de 2020 03:55 PM

Hace unos tres meses el doctor Virgil Carballo Zárate dijo en su consultorio que tenía dos noticias. Una mala y otra buena.

“Le habían hecho la prueba de anticuerpos de COVID y había salido positiva, era la mala noticia. Y la buena, pues que le había dado de la mejor forma del mundo que ni se dio cuenta: asintomático. Los estudios mostraban que había generado anticuerpos para la enfermedad. Sin embargo, me dijo que se iba a seguir cuidando. Estaba feliz, entre comillas, por eso, me veía con esa mirada pícara, con esa sonrisa de niño (...) Él estaba bien, tranquilo, se suponía que ya había pasado la enfermedad de forma asintomática”, narra su amigo de casi toda la vida, socio y colega, el pediatra Evergisto Alcalá Puello.

Carballo, especialista en Medicina Interna, no bajó la guardia, siguió protegiéndose mucho para continuar batallando contra el COVID -19 en las Unidades de Cuidados Intensivos de la Clínica Madre Bernarda y del Hospital Naval.

Su lucha trascendió más allá de las paredes de los centros médicos y llegó -recuerda el doctor Alcalá- hasta una sesión virtual del Congreso de la República, para exigirle al Ministro de la Salud, Fernando Ruiz, y al presidente Iván Duque insumos para proteger al personal médico de Cartagena y Colombia.

“Es un médico que siempre dio el todo por el todo, antes y desde que se inició la pandemia. Siempre estaba preocupado por cada paciente, dispuesto a ayudar”, explica Angélica Parra, su secretaria los últimos diez años.

Tan dispuesto a ayudar que, incluso, infortunadamente, entregó su vida haciéndolo.

Una carrera loable

Al doctor Evergisto Alcalá Puello se le entrecorta la voz varias veces. No puede creer aún que su amigo no esté y que ese terrible virus haya sido el causante de su partida.

“El 28 julio de 1989 -recuerda- nos graduamos juntos como médicos de la Universidad de Cartagena. Y después, por cuestiones de la vida, el 29 de julio de 1994 nos graduamos ambos de nuestras especialidades, también en la Universidad de Cartagena, él de Medicina Interna y yo de Pediatría”.

Luego montaron un consultorio juntos en el que hoy hay un espacio inmenso y vacío, imposible de llenar.

“Siempre fuimos muy unidos a pesar de que éramos tan diferentes. Yo flaco y pequeño y él gigante. Yo psicorrígido y él fresco. ‘Peleaba’ con él porque a veces me dejaba el consultorio desordenado. Ahora desearía que estuviera aquí, para ‘pelear’ con él por eso. Él era el médico de toda mi familia y yo el pediatra de los niños de su familia. Éramos como hermanos”, sostiene el doctor Alcalá con un dejo de tristeza en su voz. “Con todas estas situaciones que viven los médicos hoy en día nos preguntábamos, y nos reíamos, que si volviéramos a nacer qué haríamos... pues lo mismo, respondíamos, porque no sabemos hacer otra cosa que servir a la humanidad. El agradecimiento de un paciente para nosotros es más que cualquier dinero”, afirma Alcalá. (Lea aquí: Fallece Virgil Carballo, uno de los mejores internistas de Colombia)

Vocación innata

“Desde pequeño supo que iba a ser médico. Incluso, mi mamá nos cuenta que (cuando niño) correteaba a los lobitos (salamanquejas), para intentar abrirlos y volverlos a cerrar”, comenta Virgelia Carballo, hermana de Virgil.

Él, mayor de tres hermanos, nació en Arjona y se crió en Cartagena. Estudió en el Colegio Calamari y, luego, en Comfenalco. Se graduó en 1981 como mejor bachiller de la segunda promoción de ese colegio y era tan aplicado que, “de hecho, su carrera de Medicina fue becada”, añade su hermana.

“Siempre fue el primero en todo, también hizo parte de la selección de baloncesto... Desde el principio consideró que solo la educación con excelencia podía ayudarlo a conseguir su nivel”, destaca el médico Henry Vergara Sagbini.

Hizo su internado entre Cereté y Lorica, su rural en Los Córdobas (Córdoba) a principios de los años 90, en un momento en que esas áreas eran zonas rojas por la violencia en el país. “Mi hermano era muy noble, muy noble, nunca le negaba una ayuda a nadie, siempre buscada la manera de ayudar a la gente (...) Sacó adelante a muchos pacientes que hoy están agradecidos con él por eso”, asegura Virgelia. “Su especialidad se la pagó con su propio trabajo en Tierralta (Córdoba), a pesar del riesgo porque también era zona roja, él quería sentir que su carrera se la había pagado él, con sus esfuerzos”, agrega. (También le puede interesar:“Virgil Carballo tenía un corazón tan grande como él”)

Profesional incansable

Se ganaba peleas ajenas por defender a otros, por defender causas justas; tenía un corazón tan grande como él, valía su peso en oro; nunca, nunca decía que no, ayudaba a quien no podía pagar las consultas, a quien no podía comprar las medicinas. Era bondadoso, noble, servicial, trabajador. Siempre estaba sonriendo. Eso y mucho más se escucha decir del héroe, porque eso es Virgil Carballo Zárate, un héroe.

“Qué te puedo decir -continúa el doctor Alcalá-, era una persona muy excelente en todo, en su trabajo, como amigo, como padre, como esposo, como hermano, una persona con un corazón grande. Fueron 56 años muy fructíferos, siempre destacándose entre los mejores”.

Gracias a su espíritu de liderazgo y por su mérito científico se convirtió en presidente de la Asociación Colombiana de Medicina Interna (ACMI), Capítulo Costa Atlántica (2008 - 2012), primero, y luego en el presidente a nivel nacional (2018- 2020), toda una hazaña para un médico proveniente de la Costa Caribe.

También fue profesor de la Universidad de Cartagena y de la Corporación Universitaria Rafael Núñez y la Universidad del Sinú. “Fue un excelente docente”, dice su hermana.

Alcanzó, por sus ponencias, un reconocimiento inmenso que traspasó fronteras, en Latinoamérica, en España y en diversos lugares. “A veces le preguntábamos: ¿en qué lado del mundo estás?, porque no sabíamos si estaba aquí, en Cartagena, en Bogotá, en Valledupar, en Estados Unidos, en España, en México. Era algo que le gustaba mucho, viajar y enseñar, formar (...) Era una persona de una inteligencia extraordinaria, todavía le faltaba mucho por enseñar”, precisa Virgelia. Era considerado uno de los mejores internistas de Colombia y un referente en Latinoamérica.

Imagen 119031131_2553963804912789_2136270360056674795_n
Hasta siempre...

Fue en agosto, justo después de presidir el Congreso Nacional de Medicina Interna (13 al 16 de agosto de 2020), cuando Virgil Caraballo Zárate empezó a sentir los síntomas del coronavirus, aquella enfermedad contra la que tanto luchó en los últimos meses. “Recuerdo que vino orgulloso a decirme que, a pesar de que fue virtual, estaba feliz porque fue el mejor congreso, pues había conseguido a los mejores conferencistas internacionales, fue un congreso de lujo”, detalla Alcalá.

El doctor Virgil conocía bien los síntomas que empeoraron con los días. Aunque había mejorado un poco fue necesario remitirlo a la Clínica Medihelp Services y luego a Bucaramanga, donde falleció el 7 de septiembre de 2020.

Su muerte despertó la solidaridad de decenas de personas e instituciones que conocieron de cerca su loable labor. Entre ellas, la Sociedad Española de Medicina Interna: “Queremos reconocer su prolífico e importante legado en pro del avance de la Medicina Interna y también su activa labor frente a la COVID-19”, lamentaron. Y, muchísimos mensajes más, de la Universidad de Cartagena, la Rafael Núñez, la misma Clínica Madre Bernarda, entre otros.

Rolando Pérez, el gran ‘Lucho Colombia’, ondeó la bandera tricolor y dijo algunas palabras en su honor, fuera del Cementerio Jardines de Cartagena, hasta donde llegaron algunas personas, colegas, estudiantes y amigos, sus vecinos del barrio Blas de Lezo -donde se crió- a darle un último adiós con aplausos y agitando pañuelos blancos en la lejanía del distanciamiento social.

Virgelia me cuenta que lo que más extrañará de su hermano es su sonrisa eterna. Su apacibilidad. Me cuenta que Virgil, ‘el Docto’, era un pilar macizo e inmenso, una guía para toda su familia, a la que protegía y amaba inmensamente, a su esposa a sus hijos, hermanas, primos y, en especial, a su madre.

El doctor Alcalá, por su parte, me habla de aquel interrogante sobre el que alcanzó a charlar con el mismo Virgil antes de su muerte. “Él se hizo los exámenes hace tres meses. De ahí queda una duda: ¿por qué ahora lo cogió la enfermedad? No sabemos si esa primera prueba fue un falso positivo o estaba errada, él decía que era eso, o sí en realidad puede ser un caso que haya repetido. Es la duda que nos quedó y nos quedará para toda la vida (...) Murió muy, muy joven, en este momento estaba en su máximo esplendor, le quedaba mucho por dar a los pacientes, a la academia y a la reivindicación de los derechos médicos, por los que siempre luchó”.