La celebración más importante de la Semana Santa no es la crucifixión

21 de abril de 2019 06:02 PM
La celebración más importante de la Semana Santa no es la crucifixión
La resurrección tiene todo su valor porque ha vencido a la muerte, al pecado, al mal. la Semana Santa culmina con el grito de la resurrección de Jesús que tiene un valor enorme representado en la liturgia con la gran Vigilia de Resurrección. Foto/Internet

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Cada año en Semana Santa, los católicos atiborran las iglesias el Viernes Santo, pero no ocurre lo mismo el Domingo de Resurrección como si la celebración de la llamada Semana Mayor culminara allí. Es el peso de la tradición; sin embargo la Iglesia hace hoy un llamado a la consciencia cristiana para entender el profundo significado que posee la resurrección, sin ella no hay fe que festejar. Sin la resurrección no hay cristianismo.

El fraile Omar Sánchez, de la Orden de Predicadores de los Padres Domínicos, responde estas cuatro preguntas para entender la grandeza de la resurrección en la fe cristiana.

¿Por qué la resurrección es el hecho mas importante de la vida cristiana?

La muerte es el mal mayor como dice Santo Tomás de Aquino; de hecho, todos aceptamos que estamos condenados a nuestra propia muerte, pero en el fondo de nuestra consciencia surge una pregunta: ¿qué hay más allá? De ahí la importancia de la resurrección.

Fundamentalmente, la iglesia dice que la resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, creída y vivida por la primera comunidad cristiana como verdad central. Es lo más importante, sin la resurrección no hay cristianismo. Nosotros no confesamos a un crucificado, del que nos lamentamos por su muerte, confesamos a un resucitado que pasó y superó la cruz.

Dicho, esto se puede decir que gracias a la resurrección de Jesús, esta aparece en toda su hondura como respuesta de Dios al problema del mal. Jesús tuvo que soportar el asalto de la duda en la cruz, necesitando toda su confianza para poder superar toda angustia y desconcierto, pero gracias a él nosotros estamos en mejores condiciones. Ya no tenemos derecho a poner en duda que detrás del mal no se esconde un Dios que abandona, calla o se desentiende sino un padre que está volcado en nosotros con toda la fuerza y la actividad de su amor compasivo y liberador. Con la resurrección somos objeto de esperanza.

Nosotros los cristianos, en consecuencia decimos que esta historia natural y de la humanidad tienen un sentido que abraza cada cosa que hay en la historia, que no es más contaminado por lo absurdo ni por la oscuridad y la desesperanza sino que está abrazada a una posibilidad infinita de victoria sobre el mal. Ahí se encierra la palabra Dios. Es decir que la muerte no es la última palabra, la última palabra siempre será de Dios.

La celebración más importante de la Semana Santa no es la crucifixión

¿Por qué la muerte de Jesús en la cruz fue un hecho público, en cambio su resurrección fue en privado?

La iglesia entiende que el impacto de la muerte de Jesús sobre sus discípulos fue una sacudida provocada por la pasión que sufrió y fue tan grande que algunos de ellos no creyeron, tan pronto, en la noticia de la resurrección.

Los evangelios lejos de mostrarnos una comunidad arrobada por una exaltación mística nos presenta a los discípulos abatidos y asustados, y por eso no creyeron a las santas mujeres. Cuando Jesús se manifiesta a los 11 en la tarde de la pascua les echó en cara su incredulidad y su dureza. Era la resurrección algo difícil de aceptar, pero era central.

Por eso Cristo resucitado no se manifiesta al mundo sino a sus discípulos, a los que habían subido con él desde Galilea a Jerusalén y ahora, serían los testigos suyos ante el pueblo, era una verdad difícil de creer.

En efecto nadie fue testigo ocular del acontecimiento mismo de la resurrección y ningún evangelista lo describe, nadie puede decir cómo sucedió físicamente, pero su resurrección fue perceptible a los sentidos, acontecimiento histórico demostrable por la señal del sepulcro vacío y por la realidad de los encuentros de los discípulos con Cristo resucitado.

Jesús resucitado establece relaciones directas con sus discípulos mediante el tacto, como lo narran los evangelios, y el compartir la comida. Les invita así a reconocer que él no es un espíritu, pero sobre todo a que comprueben que el cuerpo resucitado con el que se presenta ante ellos es el mismo con el que ha sido martirizado y crucificado, ya que sigue llevando las huellas de la pasión en su cuerpo glorificado.

La Resurrección de Cristo tampoco fue un retorno a la vida terrena, como en el caso de las resurrecciones que él había realizado antes de la Pascua (Lázaro, la hija de Jairo), era algo totalmente distinto.

La celebración más importante de la Semana Santa no es la crucifixión

¿La Semana Santa tiene su punto de enfoque más en la cruz que en la resurrección?

Toda la estructura de la Semana Santa nos orienta fundamentalmente, incluso en los 40 días previos que llamamos la Cuaresma, a la resurrección y en la liturgia eso se celebra con una espectacular vigilia; es la celebración más ostentosa, más hermosa y profunda que tiene la iglesia católica porque de ella emana el misterio de su confesión, de esperanza, de vida y de victoria.

La resurrección tiene todo su valor porque ha vencido a la muerte, al pecado, al mal. En consecuencia, es importante que cada persona viva cada uno de los días de la Semana Santa acompañando a Jesús desde el Domingo de Ramos hasta el día de su muerte para comprender así la noticia nueva, la noticia grande, la noticia exultante de la victoria de Jesús sobre la muerte.

¿Los creyentes cristianos tienen clara la supremacía de la resurrección?

Las personas, normalmente, por tradición, se enfocan más en el Viernes Santo, pero este día, esencialmente, nos sirve para afirmar el misterio de la entrega de Jesús en la cruz por nosotros y nos pone a la Cruz de presente como signo de una muerte efectiva que amenaza al hombre y como el código que debemos leer para comprender la grandeza de la resurrección.

Una persona que se llame cristiana no puede parar la Semana Santa en el Viacrucis, en el Sermón de las Siete Palabras, en toda la exaltación que se le hace a la cruz. En definitiva la Semana Santa culmina con el grito de la resurrección de Jesús que tiene un valor enorme representado en la liturgia con la gran Vigilia de Resurrección.

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