Suplementos


Mayerlín Vergara, la salvadora de vidas premiada por Acnur

Junto a la Fundación Renacer, esta docente ha rescatado a pequeños de la explotación sexual, una labor que ha recibido el reconocimiento de Acnur.

CRISTIAN AGÁMEZ PÁJARO

24 de octubre de 2020 12:00 AM

Es una vida consagrada a salvar vidas, a rescatar a niños, niñas y adolescentes de las garras de agresores sexuales. Mayerlín Vergara Pérez ha visto directamente la desesperanza en los ojos tristes de aquellos pequeños víctimas de explotación sexual y, junto a la Fundación Renacer, ha trabajado incansablemente desde sus 18 años para volver a sembrar en ellos luces de esperanza, para que, precisamente, puedan renacer.

Van más de dos décadas desde que esta docente, oriunda de Sahagún (Córdoba), se unió a esta fundación y ha recorrido lugares recónditos y peligrosos para salvar a víctimas de violencia sexual y ayudarlas a tejer una mejor vida. Hizo eso por doce años en Cartagena y ahora hace lo mismo en Riohacha (en La Guajira), con niños migrantes de Venezuela, porque cada vida que rescatan lo vale.

‘Maye’, como la conocen de cariño, acaba de recibir el Premio Nansen -algo así como un Nobel humanitario-, la máxima distinción de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). “Es un premio para todos, es el trabajo de muchas manos, de la Fundación Renacer, de los niños y niñas, los protagonistas de esta historia son ellos”, afirma.

¿Cómo comenzó a trabajar por víctimas de explotación sexual?

-Empecé en Renacer Barranquilla, en una casa hogar. Estuve los primeros 7 años como educadora nocturna, viendo lo que ocurre en las noches, los fines de semana, las fechas especiales, navidades. Fue un tiempo de mayor conexión y desde el primer día supe, tuve la convicción, que eso era lo que quería ser en la vida. Era maestra antes y veía lo que pasaba con los niños, pero quería hacer algo más. Fueron momentos también difíciles: nunca había trabajado con víctimas de explotación sexual, pero cuando uno tiene la convicción y entiende por qué está ahí, más que un trabajo, es una elección de vida.

Y, antes... ¿era docente en dónde?

- En Cali. Nací en Sahagún, pero me crié en un pueblito que se llama Punta de Yanes, Ciénaga de Oro (...) Estudié en la Normal de Señoritas de Sahagún, al no tener un horizonte claro, del inicio a la universidad, aproveché y empecé a trabajar como docente de primaria. (...) La explotación sexual duele y, cuando la ves de cerca, ves ese dolor tan profundo, puedes conectarte con esa criatura y ver esos ojos apagaditos, pero también puedes tener esa fortuna de verlos crecer y ver que sí es posible que salgan adelante, eso es lo que definitivamente me conecta a mí y a todos los educadores que hacen parte de Renacer. La fundadora de Renacer se llama Luz Estela Cárdenas y con ella comienza esta historia hace 32 años, otros nos fuimos sumando y ahí estamos.

En estos años, ¿qué ha sido lo más complejo?

- De todo lo que he vivido con Renacer, es lo que estamos viviendo aquí, en La Guajira, con los niños migrantes de Venezuela. Es una doble afectación, la de la violencia sexual de la que son víctimas, pero también la migración. Cuando hablábamos con los niños y sus familias, encontrábamos una desesperanza, un dolor profundo, sentir que no tienen derechos y, en realidad, sí los tienen aquí, pero ellos no lo sabían y en La Guajira no había una respuesta para los niños víctimas de explotación sexual. Por eso decidimos abrir el programa acá.

¿Cómo ha sido allá?

- Siempre digo que ha sido duro, pero qué bueno que lo decidimos, si no muchas niñas estuvieran muertas, lo más seguro, expuestas en la calle. Es más, antes de ayer hablaba con un chico egresado de Renacer, que tiene 32 años, y él nos decía que si no hubiera conocido a la fundación no hubiera llegado a los 20 años, porque un niño solo en la calle no solo está expuesto a que rompan su alma, su corazón y sus emociones, también está expuesto a perder la vida.

¿Cómo transformar esa desesperanza que ve en los niños?

- Eso requiere tres elementos fundamentales. Uno es la intervención terapéutica especializada. Cuando ellos llegan aquí, llegan partidos en pedacitos, creyendo que no valen nada, con la autoestima debilitada y necesitamos acogerlos con afecto y amor, que es el segundo elemento importante. Una víctima de explotación no solo requiere atención por sicología en una EPS, no es suficiente, necesitan un espacio como el de la fundación, donde reciben apoyo, amor, afecto, atención en todo el sentido de la palabra. Y se necesita algo muy importante que, a veces, a muchos niños les falta: la familia.

¿Qué ha sido gratificante para usted?

-Verlos a ellos crecer. Por ejemplo, tengo 20 años en la fundación, y he visto egresados de 35 años de edad con un proyecto de vida maravilloso. Ver que no solo llegamos a un niño sino a una generación, eso es lo más gratificante. Creo que el reconocimiento más grande como educador es verlos crecer.

Imagen _Z6A0027 copia

En Cartagena Mayerlín hizo parte del programa ‘La muralla soy yo’.

Trabajó mucho tiempo en Cartagena...

-Claro, Cartagena la tengo en mi corazón. Doce años en los procesos externos con los colegios, con las comunidades, porque la explotación sexual necesita una intervención estructural, es un problema grande, complejo, necesita una respuesta desde todos los sectores y eso es lo que hacemos en la fundación, construimos un entorno. Hay carperos en Castillogrande que, si ven una situación de explotación sexual, la denuncian de una vez. Cartagena le puso el freno de mano a la explotación sexual. La ciudad ha sido muy golpeada y estigmatizada, lastimosamente, pero le ha puesto el pecho, le ha hecho frente.

Ha sido una lucha grande...

- Lo que se ha hecho en el sector turístico es grande, hay más de cien hoteles con códigos para prevenir y luchar contra la explotación sexual infantil y esa estrategia maravillosa que es ‘La muralla soy yo’. Las murallas fueron creadas para proteger de los ataques a la ciudad, entonces, empezamos a construir una muralla, no de piedra sino humana, para proteger a nuestros niños. Cuando el hotelero, el policía, el carpero, el taxista, dice ‘La muralla soy soy’, es porque debe haber un empoderamiento y es prevenir y denunciar, que es lo que ha venido ocurriendo en Cartagena. ‘La muralla somos soy yo’ es una estrategia que ha recibido muchos premios y ha sido reconocida en muchos países porque ven a Cartagena como ejemplo en la lucha contra la explotación sexual.

¿Qué falta por hacer en Cartagena?

-Hay que seguir avanzando en la sensibilización y prevención, pero también fortaleciendo el tema de justicia para seguir contrarrestando desde la judicialización de los agresores. Ha habido golpes grandísimos, como el de la Madame y el capitán de la Armada, pero no hay que descuidarse, hay que trabajar mucho también en lo que está sucediendo con la tecnología, hoy los abusadores sexuales de alguna manera están migrando de lo físico a lo virtual, es algo que está pasando en todo el mundo.

¿Cómo recibió ese gran premio de Acnur?

-Me enteré en mayo, en plena pandemia, fue un regalo de Dios. Estar en la fundación es un regalo de Dios, así lo he sentido siempre. Es una gran oportunidad para seguir sensibilizando, porque creo que todavía hay gente que sigue creyendo que a las niñas víctimas de la explotación sexual les gusta ser explotadas porque ganan dinero o que ellas lo propician. Este espacio lo he aprovechado para decirle a la gente que, independientemente de la edad, así como nos sensibilizamos con un niño de 10 o 8 años, también tenemos que hacerlo con los adolescentes porque detrás de cada víctima de explotación sexual hay una historia de dolor. Es una oportunidad de contarle al mundo que la explotación sexual tiene rostro, que duele, que programas como este de la fundación Renacer se necesitan en todos los países.

Imagen _Z6A0294 copia

Mayerlín recibió el premio de la Acnur. //Foto: Cortesía.

¿Cómo repercute la pandemia en los casos de explotación?

- Lo que identificamos es que tuvimos mayores reportes de niñas que están siendo contactadas por el entorno digital; niñas que se quedaron encerradas, confinadas, con sus abusadores en sus casas. Durante la pandemia hemos seguido recibiendo casos; la violencia familiar se ha disparado.

¿Qué les dice a esas personas que aún creen que la explotación sexual no existe?

-Los niños y niñas necesitan adultos responsables que los protejan y que cuando vean una situación de explotación sexual tengan la valentía de denunciar, de reportar. Porque, cuando denunciamos, podemos estar salvando una vida.

Clave en la ley
La labor de Maye Vergara fue clave para que Colombia aprobara en 2009 dos leyes que supusieron un gran paso en la lucha contra el tráfico infantil. La primera de ellas impuso penas mínimas de catorce años de prisión para los condenados por este tipo de delitos, mientras la segunda castigaba también a los propietarios de establecimientos donde se cometieran.