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Carolina Ramírez, anfitriona de Ciudad Delirio

REVISTA NUEVA

12 de abril de 2014 12:02 AM

Varios elementos de su vida fueron moldeados por nueve años de formación con “el ejército ‘baletístico’”, periodo de crecimiento y aprendizaje orquestado por una lucha tenaz con sus inseguridades. Porque contrario a la fortaleza que denota esa voz grave y caleña que la caracteriza, parece ser que la seguridad no ha sido una constante en su vida, e incluso hoy en día, lucha con la tarea de ser figura pública.

Su pasión por el escenario comenzó precisamente en ese tiempo, “haciendo ballet” y soñándose como primera bailarina de una importante compañía internacional. A eso le apostaba más que a nada y por allí se creó la fisura, la lucha contra ella misma en la que superó la anorexia, la bulimia y serios problemas de autoestima. Pues en ese mismo proceso conoció la fortaleza y la única fuerza capaz de hacer que la vida siga después de pararse y volver a empezar.

“Seamos realistas, no hubiera podido jamás lograrlo, físicamente era imposible. Pero lo que me hace reconciliarme con ese proceso es la actuación. Es una ecuación fácil: no puedo ser la bailarina que quiero ser, pero sí la actriz que quiero ser porque puedo desarrollar un potencial infinito”, dice tranquila.

A los 18 años Carolina se miró al espejo, asumió esa realidad y dado que no había logrado pasar en la Universidad Nacional, la única alternativa era conseguir trabajo. Entonces dictó algunas clases hasta que le ofrecieron un comercial de televisión y descubrieron que “la cámara la quiere”.

Actriz colombianaLlevaba tres años bailando en Bogotá (ciudad a donde sus padres habían ido a trabajar), una realidad que le costó mucho asimilar pero que la pondría al alcance de los ojos adecuados. Pronto, un equipo de personas le estaba hablando sobre ser actriz; después de considerar su gusto por interpretar personajes y de recordar que no tenía que matarse de hambre, que podía olvidarse de las lesiones y dolores de rodilla, y que nunca más tendría los dedos rotos, dijo: “sí”.

Ser ‘La Pola’ y no morir en el intent

Después de renunciar a la serie de TV Séptima puerta -“por un cansancio profundo”-, Carolina se encontró con las rancheras y el frío de la noche al interpretar a Rosario, su aclamado protagónico en la novela de RCN, La hija del mariachi. Fue sin duda el casting más duro de su vida, pues en otras ocasiones simplemente ha sido llamada a participar en nuevos proyectos, y eso es algo que agradece mucho.

Con Rosario dice haber “chuleado” el género novela y con La Pola lo mismo en cuestiones de series. Hace teatro cada vez que puede y volverá a la televisión cuando encuentre un personaje que valga la pena tanto sacrificio. Pero sin duda alguna, interpretar a una prócer de la patria como La Pola fue una experiencia increíble… además porque en plena grabación decidió casarse con Mariano.

“El proceso de La Pola fue de autoconfianza, no me peleé con la técnica o con el texto, era una lucha conmigo misma porque Sergio (Cabrera) me decía: ‘Por ahí no es, Caro; quiero que La Pola sea como tú, que tenga una humanidad’ y al principio fue muy difícil”.

Cali, una ciudad delirante
Ayer llegó a carteleras la película Ciudad Delirio, una producción colombo-española, cuyo argumento habla sobre una bailarina que sueña con pertenecer a la famosa fundación Delirio. Carolina, quien interpreta a Angie, nos cuenta por qué hizo realidad un sueño al filmarla.

- Interpreta a una bailarina caleña. ¿Qué fue lo difícil de la interpretación?

Lo único que me costó fue el tono actoral del cine… Yo hablo con ‘la ceja, la pestaña’, ¡soy muy gestual! Y en cine es ‘la quietud’ pero mezclada con la emoción. Me pegaron dos ‘levantadas’ divinas en el set delante de todo el mundo, me sentí chiquita, miserable, tonta… pero me repuse y seguí. Y me gustó mucho lo que vi.

Realmente esta película fue un regalo porque a mí me sacaron de Cali y añoro mucho esta ciudad, allí siento que pertenezco a algo, allí está la gente que me conoce como soy, situación que adoro porque de verdad odio que me miren como si fuera un marciano. Pero esa es mi condena, es algo con lo que debo vivir.

- Y lo bonito de hacerla…
Es una película sin pretensiones, sencilla, no se van a encontrar Los puentes de Madison o una historia de amor profunda. Es una película para comer crispetas y llevar a la familia, porque seguro van a salir con ganas de bailar.

Cali se ve linda y las historias que cuenta no son de violencia e impacto. Se trata de una historia simple, de una chica que quiere cumplir su sueño de entrar en Delirio, espectáculo al que le va muy bien y cuyos bailarines cambian de realidad social. Pero más que una historia de amor entre ella y el protagonista, lo es entre él y la ciudad. ¡Ahí está la historia de amor real!

- Es refrescante no asociar Cali con sangre y violencia

Lo que contamos también es una realidad social, no decimos mentiras. Hay miles de personas en Cali sacando una academia de baile adelante. Además, la película fue escrita por la directora y la productora (españolas), y no es la misma su visión a la nuestra. Ellas se sorprendieron porque todo el mundo baila en Cali. Por eso dice el cartel: ‘Una comedia romántica en una ciudad donde todos bailan’.

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