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Niños en vacaciones ¡Prohibido bajar la guardia!

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16 de noviembre de 2013 01:43 PM

Casi se podría decir que nada importa en vacaciones, sobre todo si las vivimos a final de año. Entre villancicos y pesebres olvidamos cuántos buñuelos y trozos de natilla hemos comido; es como si les diéramos tácitamente un corto adiós a las reglas y quisiéramos a toda costa olvidar que este no durará mucho tiempo.

Y está muy bien sentirnos felices, relajados y permisivos. Pero cuando somos padres, hay situaciones que no salen ‘a vacacionar’, como la necesidad de darles cuidado y atención a nuestros hijos. Por supuesto, eso implica procurar que su organismo esté bien alimentado y en completo desfogue de la energía tan propia de la niñez y la adolescencia.

Un viaje a la gordura
Ya no parecen tan inofensivos esos kilos de más dejados por las vacaciones. Sobre todo, al recordar lo normal que resultaba aprovechar los días libres para engordar en tiempo récord a los más pequeños  de la casa. Las abuelas eran entonces las directoras de la misión y no escatimaban en recetas para lograr ver a sus ‘nietecitos’ como salidos de Hansel y Gretel.

Pero la relación entre comida, tipo de comida y cantidad de ejercicio presentes en nuestros niños está generando un cambio en el significado de esos kilos. Según la Encuesta Nacional de Situación Nutricional, la inseguridad en las ciudades es un eje determinante en el aumento de la obesidad infantil,  sumada a una mala alimentación -generalmente hipercalórica y baja en proteínas, vitaminas y minerales-.

Porque es cada vez más común ver niños que dedican sus vacaciones a los videojuegos y la televisión, muchas veces sin la compañía de sus padres u otros adultos (incluso sin amigos), alentando en su personalidad conductas solitarias, ansiosas y hasta depresivas. Es un hecho, que precisamente estos rasgos incitan a un consumo extra de alimentos, lo cual no  los ayuda a mantener un buen peso ni a alimentarse correctamente.

El tema es que si los padres no dan el ejemplo y aprovechan al máximo el poder que tienen como ‘proveedores’, será muy difícil garantizar el éxito a la hora de comer. Porque sabemos, gracias a la misma encuesta, que cinco de cada siete colombianos entre los 5 y 64 años no comen verduras, y solo uno de cada tres consume frutas.

Así que empecemos a planear las rutinas de nuestros hijos con más lógica y compromiso. Alimentarlos de manera sana y divertida estas vacaciones sentará el precedente para resignificar lo que es para ellos “comer rico”, sin saturarse de alimentos rápidos.

También es de vital importancia procurar unas horas al día de actividad física, y si se planean de una forma casual y sin rigidez, no solo estaremos pasando horas felices en familia, también incentivaremos hábitos saludables, tal vez compañeros de viaje el resto de la vida.

Sin embargo, según el estudio, el 46.5 por ciento eran personas completamente sedentarias, lo que demuestra que mientras los adultos se entregan a la silla y a la cama, no promueven –y en muchos casos ni permiten- la actividad de los niños. Así que aprovechar el descanso o los viajes para caminar, correr y nadar, podría determinar un comienzo de año más saludable. 

Un problema redondo
Es cierto que la comida no se acumula de la misma manera en los niños o adolescentes, que en los adultos. Pero el metabolismo como tal es uno solo y al igual que ocurre con la motricidad o la concentración, forjamos su forma de funcionamiento desde que nacemos. Entonces es imprescindible comenzar a hablar de horarios y rutinas.

Por supuesto, no se trata de crear un sistema alimenticio mecánico o que no podamos violar algunas leyes o reinterpretarlas, pero es indispensable saber –por ejemplo- que la frecuencia y las porciones de alimentos son indispensables para combatir la obesidad y proveer de energía a nuestro cuerpo en la proporción correcta.  También, que a pesar de estarse incrementando increíblemente el porcentaje de obesidad en nuestro país, pareciera que nos sentimos un poco ajenos al fenómeno, sobre todo si nuestra familia ha sido de una constitución pequeña o mediana.

Lo cierto es que aunque la herencia determina la posibilidad de subir de peso en un 40 a 70 por ciento, otras causas hormonales o endógenas solo representan un 5 por ciento que sumado al anterior, no logra superar al porcentaje representado por factores externos como mala alimentación o sedentarismo (95 por ciento).

Así que más allá de que sean vacaciones o días hábiles, las cifras nos hablan de uno de cada seis menores entre los 5 y los 17 años con sobrepeso y obesidad. Una cifra importante para reflexionar si les estamos dando a nuestros hijos una educación fortalecida por buenos hábitos, actividad física y una relación más estrecha con espacios abiertos y al aire libre.

No sería reparador el tiempo pasado en familia si volviéramos enfermos y más desgastados de nuestro descanso. Pues son comunes los resfriados, las alergias y un sistema inmunológico débil cuando no equilibramos la relación que debe existir siempre entre comida nutritiva y rápida. Además, para nuestro cuerpo ‘estar de vacaciones’ es una actividad desconocida.

La meta debe ser entonces descansar, realizar actividades divertidas en familia y alternar las comidas preparadas en casa con las consumidas en la calle. No olvidemos que la obesidad, más allá de ser un problema estético, puede traerle –y en mayor medida a los más pequeños- serios inconvenientes emocionales a quien la sufre, como sentirse diferente, una baja autoestima y, en general, rasgos que manifiesta inseguridad y tendencia al aislamiento.

Antes de entrar a la cocina…
Seguramente, después de leer lo anterior estará animada para emprender el reto que implica proveer unas vacaciones entretenidas, pero con un bajo impacto negativo en el peso familiar. Así que vamos a darle unos cuantos consejos para tener éxito en esta misión. 

1. No lo deje para después
Si bien es cierto que las enfermedades son heredables, lo que más se transmite de generación en generación son los hábitos. Por eso es clave entender que no podemos pedirles a los niños que comen sin restricción cuando crecen, que se alimenten correctamente. Entre más rápido se les enseñe a comer bien y a prescindir de ciertos alimentos, más rápido forjarán unas preferencias amplias y variadas.

Para lograrlo es muy importante recordar que entre más interés le muestre para que consuma determinado plato, más reacio se mostrará a comerlo. El autoritarismo no es bienvenido en la mesa y puede crear en su hijo disgustos para toda la vida hacia ciertos ingredientes. Así que nunca lo obligue a comer, sobre todo si se trata de vegetales y frutas.

2. Solo ellos saben cuánto quieren
No está bien, sobre todo en la temporada vacacional, obligarlos a “terminar todo” lo que les ha servido en el plato. Todavía compartimos muchos métodos de crianza con nuestros padres, y la mayoría podemos recordar el malestar producido por comer sin hambre… solo para complacer a los adultos.

Sin querer, cuando manifestamos este tipo de conductas, podemos estar creándoles una aversión. Pero si somos ordenados con los horarios y porciones, tenemos más posibilidades de lograr una alimentación exitosa, aun sin pretender que se lo coman todo. En esta época se tiende a ‘picar’ mucho, así que no puede pretender que los niños estén ávidos por devorar la cena. 

3. Elija alimentos ‘mixtos’
No es que sea un término usado, pero con ello queremos decir que existen muchísimos alimentos que son ricos para los niños y a la vez nutritivos. Realmente, al ser los proveedores del hogar, pueden mostrarles a sus hijos cómo elegir correctamente el contenido de la alacena, sin que eso se convierta en una aburrida clase de nutrición, pues siempre será importante tener en cuenta sus gustos y buscar alternativas que se ajusten a ellos.

4. Más ejemplo, menos lecciones
Este ítem se relaciona completamente con el anterior, pues dar ejemplo eligiendo alimentos ricos y saludables no sirve de nada si usted no los consume. Muchos niños aprenden desde su casa que los vegetales o preparaciones como las sopas son “horrorosos”, pero en realidad nunca tuvieron la posibilidad de decidir si les gustaba o no.

De la misma manera pasa con nuestras preferencias; la alimentación es una labor colectiva, en la que los gustos de unos y otros se influencian completamente.

Si además de ello logramos un tono medio entre el juego y la autoridad a la hora de comer, será más fácil hacerlos conscientes de la importancia de hacerlo bien. Porque cuando un niño tiene una dieta balanceada, se verá muy poco afectado por el consumo de golosinas.

5. Recuerde: “Entre gustos no hay disgustos”
Está bien que seamos los proveedores de alimento y los guías en la construcción de hábitos, pero la vida de nuestros hijos no nos pertenece. Por eso es indispensable que respetemos sus decisiones e incluso que los incentivemos a tomarlas. Lo ideal entonces sería dialogar en cada comida sobre lo que la familia consumió en la anterior; así usted puede hacerse a una idea de lo que sus niños quieren y necesitan.

Sin embargo, son ellos quienes deben elegir qué comer. O por lo menos puede darles la palabra final entre varis opciones.

6. ¿Y los dulces?
Es usual que aunque no vayamos a salir de casa en las vacaciones, cocinar es una acción que solemos olvidar. Si ese será su caso, considere la posibilidad de no mantener dulces o comida chatarra en casa. Son vacaciones… ¡es cierto! Pero el no tener lo que deseamos tan al alcance de la mano, normalmente nos hace decidir comer afuera o pedir un domicilio, dos acciones que fomentan la toma de decisiones o salir en familia.

De esta manera, sus hijos sabrán que pueden acceder a los helados y otras tantas tentaciones y no asociarán lo sabroso con lo prohibido, pero sabrán que es mejor consumir estos alimentos hipercalóricos en la calle que en la cama viendo tele.

Rediseñe el menú
Pero lo anterior no servirá de nada si usted no resignifica el trato que le da a los alimentos y rediseña el menú. Por ejemplo, cuando premiamos con dulces a nuestros hijos por comerse las verduras o el cereal, implícitamente estamos logrando que ellos prefieran más los ‘premios’ que los alimentos nutritivos. Así que deberíamos ser capaces de manifestar una conducta neutral y consciente.

También es vital prestarles atención a los acompañamientos. Por ejemplo, no permita que todas las veces sus hijos consuman bebidas azucaradas y con gas. Sin darnos cuenta, estas aumentan las calorías en la dieta y generalmente llenan demasiado, lo que no ayuda a que terminen sus alimentos.

Así mismo, podemos incluir yogures o malteadas preparadas con leche de soya, las cuales ahora vienen con sabores a vainilla y fresa. Y para los bocados entre comidas principales, tenemos a nuestra disposición una infinita variedad de barras de granola, galletas con granos o de fibra y pasabocas que incluyan maní, por ejemplo.

Asegúrese que tanto en casa como en un hotel o en la casa de los primos, sus hijos puedan tener acceso a todos los grupos de alimentos. Los carbohidratos, por ejemplo, son fundamentales, así que debe garantizar su consumo a través de preparaciones divertidas como pastas en letras, corbatines o conchitas.

Igualmente,  puede aprovechar el color de los vegetales para recrear figuras en los platos: corbatas, sonrisas, ojos, cabello… Las opciones son tan diversas como su imaginación, pero lo más importante es no olvidar que a los niños hay que divertirlos en todo momento. Y si son preadolescentes y adolescentes, lograr interesarlos con recetas novedosas.  

 

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Asesoría: Doctora Sandra Enríquez, médico pediatra.

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