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Una travesía de 60 kilómetros entre Arjona y Cartagena

Un atraco, un robo de cables de energía, las prédicas de un pastor, una discoteca rodante, todo, en un viaje entre Arjona y el Centro de Cartagena.

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A las 2:20 de la madrugada, el calor me despertó, la hélice del abanico simplemente se detuvo. Se fue la luz, ¡otra vez!, nada raro en Arjona, Mahates y Marialabaja, debido al robo de las redes de energía, una acción que se repite cada jueves y en otras veces los domingos. El trasnocho me dejó un leve dolor de cabeza y así me entongué para salir a trabajar. Caminé las tres cuadras de siempre para llegar al paradero a las 6:15 a. m.

Recuerdo que me monté en la buseta y sonaba a todo volumen una emisora donde predicaba un pastor evangélico. Le puede interesar: La curiosa historia de cómo se construyó la iglesia católica de Arjona

Me senté en la antepenúltima silla, el único puesto que quedaba, justo debajo del parlante número seis. A mi lado derecho y pegada a la ventanilla, estaba una señora que se cabeceaba, de un momento a otro cuando, el vehículo empalmó con la Troncal de Occidente, se despertó y le gritó al chofer: “¡Ombe, bájale el volumen!” y como si el pastor estuviera oyendo la petición, en ese instante de prédica y por mera coincidencia, dijo: “¡Arrepiéntete!”. El conductor siguió concentrado en el timón. La señora murmuraba: “Tras que no he dormido por culpa de la luz, tengo que ir a trabajar y ahora este señor no le baja el volumen a su picó, hasta me duele la cabeza”. Se quedó dormida. Todo siguió igual en los primeros 45 minutos y 22 kilómetros de viaje hasta la Terminal de Transportes. Me tocó despertar a la señora e indicarle que habíamos llegado. Ella se sorprendió, miró a los lados y se percató de que no viajaba para Cartagena sino para Turbaco.

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En Villas de la Candelaria, sobre la Cordialidad, a las 7:15 a. m., tomé la ruta alimentadora de Transcaribe 114 Flor del Campo -Portal, creía que podía ser mejor el trayecto, pero... Primero estaba el trancón de La Carolina 5/5, como dicen los taxistas, no pasaba ni una aguja. El vehículo era una discoteca rodante por los celulares que algunos usuarios usaban sin audífonos.

En una de las sillas azules, estaba una señora de aproximadamente 60 años que llevaba en sus manos un celular, con los gestos detrás de su tapabocas se desbordaba su alegría observando un video. El que todos en forma inconsciente escuchábamos.

El final... un gemido vulgar, le hizo saltar de la risa a la rabia y la pena ante todos los usuarios, muchos miraron hacia donde estaba ella, otros se hacían los sordos, la señora cambió de color, se puso pálida; acosada por los nervios, el celular se le cayó y fue así como se le apagó llegando a Patio Portal.

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Continuaba la ruta desde al Centro en hora pico con los buses llenos. No había otra forma que aglomerarse y emprender el viaje. En la estación Madre Bernarda, empezó el otro escenario, los vendedores de confite, los venezolanos contando sus historias. Y así, sucesivamente hasta llegar la estación Chambacú, donde finaliza la primera parte de la historia: van 30 kilómetros.

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El regreso a la casa empezó a las 5 de la tarde, sin dolor de cabeza, pero sí con sueño. Tomé el bus T101. Entre Chambacú y el Pie de la Popa, aparece el rapero a cantar, de su cuello cuelga el tirante de una caja con parlante. Arrancó su show y en cuestión de minutos comenzó a pedir monedas para sobrevivir.

Luego, sube un vendedor de calcetines ofreciendo una promoción: 3 pares por 5 mil pesos y dice: “No soy venezolano, pero necesito la mano de los hermanos colombianos”. Vende su producto a 6 personas y se baja en la Estación Bazurto.

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De regreso a la Terminal, debía tomar un alimentador, me sirvió la ruta 117 - El Pozón. Allí, la bulla no era emitida por los celulares, sino un parlante móvil al ritmo de champeta, era casi imposible que el conductor escuchara el timbre.

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Después de tanta bulla en los buses de Transcaribe, me le acerqué a uno de los conductores y le pregunté: ¿A ustedes les molesta la bulla?

Respondió con un suspiro y un “¡Sí, uf!, nos molesta, nos aturde, nos estresa, a veces no escuchamos el timbre, pero son los usuarios y no podemos ponernos a pelear con ellos, quién nos defiende”.

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Volví a Arjona a las 6:30 p. m. Tomé una buseta blanca. Debía recibir la clase virtual de Sociología para abordar el tema “La cultura del hombre”, bajo la orientación de la docente Elizabeth Ramírez.

Ya en la Variante, en inmediaciones del puente El Rodeo, escuché gritos. Era un atraco, tres jóvenes con cuchillo en mano intimidaron a los pasajeros y comenzó una confusión tras la cual se llevaron varios celulares y carteras. A mí se me desconectaron los auriculares, alcancé a poner el celular debajo de la silla. Se escuchaba la voz de la profesora, que continuaba en la clase, pues el altavoz quedó activado... aún no me explico cómo fue que no se llevaron mi móvil. Lea además: La increíble historia de cómo Ramón Pájaro se salvó de morir a cornadas

Lo que dice la norma

El artículo 1, parágrafo 28 de la Ley 1383 de 2010 señala que el uso de cornetas, pitos, resonad, ares y picós que no vienen de fábrica con el vehículo son motivo suficiente para la imposición de sanciones.

La norma surgió para controlar estos ruidos en respuesta a las múltiples quejas de usuarios, quienes argumentaban que las busetas eran discotecas rodantes generadoras estrés, desconcentración e irritabilidad, señalando como algunos de los efectos dañinos que causa el ruido excesivo en las personas, especialmente si se produce en espacios cerrados como las busetas de transporte público.

Por otro lado, en el Manual del usuario de Transcaribe, capítulo 5, dice:

Restricciones y Sanciones

5.1 Restricciones: Por la seguridad y respeto a todas las personas que usan el Sistema, los usuarios deben abstenerse de las siguientes conductas en buses y estaciones y todas aquellas que constituyan como faltas al código policivo:

1. Fumar.

2. Ingerir alimentos o bebidas.

3. Ingresar al Sistema bajo el efecto de alcohol o drogas.

(...)

21. Llevar reproductores auditivos o audiovisuales en alto volumen. Se recomienda el uso de audífonos.

24. Comercializar y/o vender objetos, alimentos o servicios

26. Realizar actividades ajenas a la movilidad de los arios, como discursos o manifestaciones políticas o religiosas, interpretar e dones, hacer malabares o presentación de otras actividades artísticas

28. Hacer recolectas de dinero con fines lucrativos. Solo podrán hacerlo instituciones con previa autorización Transcaribe S. A.

33. Usar dispositivos electrónicos con alto volumen, haga uso de audífonos para escuchar música, por su comodidad y la de los demás usuarios

36. Persistir en realizar las actividades relacionadas en el numeral 5.1.

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