Más allá de dar un regalo

17 de diciembre de 2016 12:00 AM

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Dar un regalo siempre lleva implícito el deseo de hacer feliz a ese destinatario, entonces la frase “es mejor dar que recibir” toma especial relevancia y convierte este acto en un símbolo para Navidad.

De otra parte existe el aspecto material y económico que puede imprimirse al detalle, olvidando el sentido místico que puede rodearlo, pero todo va dependiendo del ánimo del mismo, pues la época invita a reconciliación y felicidad con quienes se ama.

Los regalos no sólo hacen parte de ese devenir publicitario, en muchos lugares hacen parte de una tradición que data de siglos, donde los niños son protagonistas, tal es el caso de España, donde no es precisamente Nochebuena la portadora de presentes, que deben esperar hasta la fiesta de Reyes Magos para hacer su arribo.

 

El pesebre, árbol y regalos

Si bien la tradición Cristiana remonta la costumbre de entrega de regalos a los obsequios que los Reyes Magos llevaron al Niño Jesús luego de su nacimiento, también la historia se ha encargado de mostrar otras similitudes que enmarcan esta fecha.

Se trata de la fiesta de Saturnalia celebrada en la antigua Roma entre el 17 y 24 de diciembre mucho antes de que se instaurara la Navidad. En esta festividad se enaltecía a Saturno, dios de la agricultura como agradecimiento por lo logrado en este aspecto y entonces el intercambio de detalles y la celebración con suculentas comidas era centro de atención.

Partiendo de este precedente, algunos historiadores advierten que allí pudo estar el origen de la celebración navideña que hoy disfrutamos, donde los regalos y las grandes cenas son protagonistas.

Regalar es un acto hermoso y en esta época tiene una mejor connotación, por eso es importante crear en los niños esa consciencia piadosa de dar sin esperar nada a cambio. Allí sería muy conveniente analizar que todos los regalos que se reciben en Navidad provienen del Niño Jesús y que él, que es quien realmente los merece, no es halagado con uno de estos.

Las buenas acciones que se adelanten en el transcurso de la vida serán el mejor presente para demostrar que la enseñanza cristiana prevalece en el hogar, los detalles materiales pueden entenderse como muestras de cariño con familia y amigos.

Las novenas alrededor del pesebre pueden tomarse como ese acercamiento familiar con la fe y el árbol con los regalos, ese espacio que se enciende con las luces de esperanza por un futuro mejor.

La tradición Cristiana fundamenta esta costumbre de los regalos en varias leyendas. Para la Biblia, la presencia de los Reyes Magos ante Jesús recién nacido es la más acorde con esta práctica, indicando a la vez que el mayor regalo de Dios a la humanidad fue su hijo.

Otra leyenda que se adecúa más al personaje de Santa Claus o Papá Noel, tiene que ver con la historia de San Nicolás, un obispo que habitó en Asia Menor en el siglo IV y que fue muy reconocido por su generosidad hacia los niños, a quienes obsequiaba dulces y regalos.

Entre leyendas y realidad se ha ido creando el ambiente contemplativo que rodea la Navidad y de la misma manera los regalos, que no son simplemente ese componente comercial que rodea la publicidad actual, pues también se puede donar amor a través de las buenas acciones.

Por esta época los detalles espirituales tienen cabida, como llevar la alegría de una cena a quien ha perdido todo por inclemencias del invierno, también es válida una palabra de aliento a los huérfanos, una oración para los enfermos y una cálida sonrisas a los niños menos favorecidos.

Es de tener en cuenta que el artículo manufacturado pierde valor ante un detalle elaborado con el cariño de una familia y partiendo de allí, el significado de la Navidad será de amor, haciendo que la tradición perdure en medio de la demanda actual.

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