Revista viernes


Alegría, fuente de vida

La felicidad es un estado del espíritu, mientras que el placer es un sentimiento pasajero que la mayoría de las veces deja un vacío en el alma.

PRINCE MARTÍNEZ

08 de abril de 2021 05:55 PM

En estos días al encontrarnos o al recibir una llamada lanzamos jubilosos un saludo ¡Felices Pascuas! Este mensaje lleva una carga de alegría que se transmite de inmediato en el que lo envía como en el que lo recibe. La alegría es una emoción. Y la emoción es movimiento. Ambas palabras, ‘emoción’ y ‘movimiento’, provienen de la misma raíz latina, “emotio”, que significa aquello que te mueve a ... “A diferencia de lo que pasa con otras emociones básicas como el miedo o la tristeza, que se sienten principalmente en el pecho, la alegría, asociada a la felicidad, provoca sensaciones de activación en todo el cuerpo”.

¿Y cuál es la razón o motivo de esta expresión de alegría en estos días?

Es que estamos los cristianos celebrando la fiesta más importante de todo el año: la PASCUA, cuando conmemoramos el “paso” de Jesús de la muerte a la vida.

Ahora quisiera reflexionar un poco sobre esa emoción que nos genera la alegría en este tiempo de Pascua. Ya desde el Antiguo Testamento se nos habla de la alegría y lo que significa en el ser humano ese sentimiento:

Antiguo Testamento

“Un corazón alegre es la vida del hombre y el gozo alarga el número de sus días”. (Eclo. 30, 22).

“Un hombre de corazón alegre tiene buen apetito y lo que come le hace provecho”. (Eclo 30, 25)

“El corazón alegre es buena medicina, pero el espíritu triste seca los huesos”. (Proverbios 17, 22)

En el Nuevo Testamento

“Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica”. (Lucas 11, 28)

“Sean alegres en la esperanza”. (Rom 12, 12)

La alegría del corazón nos abre a la esperanza porque nos ayuda a descubrir siempre el propósito de las cosas y de los hombres e impide que nos encerremos en lo negativo. La alegría y la esperanza van siempre unidas.

“Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno” (Lc 1, 44). Es que cuando una persona –como María o como nosotros en Ella– recibe de veras a Jesús, lo lleva en silencio y lo comunica sencillamente en el don de sí mismo a los demás, hace inmensamente felices a los otros, les hace sentir que algo nuevo se les sacude adentro como principio y signo de nueva creación.

En nuestra sociedad actual solemos confundir la felicidad con el placer. La primera es un estado del espíritu mientras que lo segundo es un sentimiento pasajero que la mayoría de las veces deja un vacío en el alma.

Aunque el placer mejore notablemente nuestro confort, no mejora los indicadores de felicidad. Aprender a crear tu propia felicidad sin esperar que venga de fuera es uno de los retos de la madurez emocional.

“La alegría que debes tener no es esa que podríamos llamar fisiológica, de animal sano, sino otra sobrenatural, que procede de abandonar todo y abandonarte en los brazos amorosos de nuestro Padre-Dios”. (Camino 659)

En esta época de pandemia debemos tener presente que el pesimismo, la tristeza, el mal humor oscurece el ambiente y hace mucho daño, mientras que con paz, alegría y serenidad hacemos más amable la vida de los demás. Sonreír habitualmente y tener una actitud cordial con quienes están a nuestro lado, es el abono para una vida positiva y fructífera.