Revista viernes


Amor y dolor, con ojos de eternidad

La vida es tiempo de prueba y, cuando se acaba, empieza lo definitivo. Este mundo es pasajero.

PRINCE MARTÍNEZ

04 de agosto de 2021 09:25 PM

Estamos experimentando un período sui generis, cargado de dolor y sufrimiento causados por esta pandemia que arrebata la vida sin más y deja en desolación a tantas familias. Ante esta situación surgen cuestionamientos: “¿Por qué el Señor, que es bueno, que es omnipotente, deja que ocurran males semejantes? ¿Por qué personas sencillas, que acarrean ya mucho peso en la vida, deben cargar con el drama de una tragedia imprevista, como un desastre natural?, ¿Por qué Dios no interviene? Son preguntas que no dirigimos al mundo, ni tampoco a nuestros semejantes, sino a Dios, porque confesamos que Él es el Creador y el Señor del mundo”. Esto escribe Antonio Ducay en este párrafo refiriéndose a la Carta Apostólica Salvici Doloris de Juan Pablo II.

Reflexionando

El dolor existe y ha existido siempre pero hay épocas en que se siente más. Es esta una de esas épocas.

¿Has visto esas florecillas que crecen en medio del asfalto? Es la vida, la energía de la vida que brota, que siempre encuentra la forma de perdurar y extenderse, incluso en las peores circunstancias.

¿Sabías que los mejores vinos son aquellos cuya cepa crece en los suelos más agrestes?

Traigo a colación estos dos ejemplos de la naturaleza para reflexionar sobre estos momentos de dolor que se viven en la actualidad a causa de la pandemia que arrebata la vida física, económica, emocional y deja en desolación a tantas familias tocándonos a todos de una u otra manera. Ante esta situación que pone a prueba al ser humano, existen dos alternativas, una es la de salir más fortalecido, airoso, con la energía de la vida como aquella florecilla silvestre que surge del asfalto o con el sabor del mejor de los vinos. Otra es, encerrándonos en nuestro dolor y así frustrar la vida propia y la de muchos alrededor. Como respuesta viene a mi memoria la letra de esa canción que dice: Siempre hay por quien vivir y a quien amar.

Respuestas

La respuesta a los interrogantes que nos plantea Ducay en el primer párrafo de este artículo, está en otro del mismo autor: “Pues por grandes e incomprensibles que lleguen a ser los dramas de la vida, mucho mayor es el poder creador y re-creador de Dios. La vida es tiempo de prueba y, cuando se acaba, empieza lo definitivo. Este mundo es pasajero. Sucede con él como con el ensayo de un concierto: quizá alguien se olvidó el instrumento y otro no se aprendió bien la partitura y un tercero está desafinando. Para eso están los ensayos. Es el tiempo de ajustar, de armonizar instrumentos, de adaptarse al director de la orquesta. Luego, al fin, llega el gran día, cuando todo está ya listo, y el concierto tiene lugar en una sala fastuosa, en medio del alborozo y de la emoción general”.

También encontramos otra respuesta en San Josemaría:

...“Me gusta mucho repetir —porque lo tengo bien experimentado— aquellos versos de escaso arte, pero muy gráficos: mi vida es toda de amor / y, si en amor estoy ducho, / es por fuerza del dolor, / que no hay amante mejor / que aquel que ha sufrido mucho”...(Amigos de Dios, punto 68)

En definitiva el Amor es la fuente más plena de la respuesta a la pregunta sobre el sentido del sufrimiento. Esta pregunta ha sido dada por Dios al hombre en la cruz de Jesucristo.

Por eso, muchas veces, la mejor actitud ante el mal y el dolor es la del abandono confiado en Dios, que siempre sabe más y puede más. Surge la fe, la esperanza y la confianza en Dios que nos recuerda: “Y sabemos que para los que aman a Dios todas las cosas obran a bien”. Romanos 8:28

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