Revista viernes


Convertir lo ordinario, en extraordinario

La santidad se debe buscar en las realidades propias de cada uno, en la vida ordinaria y a través del trabajo, ofreciendo a Dios todas las realidades.

PRINCE MARTÍNEZ

30 de septiembre de 2021 11:21 AM

Todo el mundo busca respuestas para mejorar y vivir mejor en este mundo convulsionado en el cual estamos sumergidos. Resulta que la respuesta la tiene cada uno en su interior pero se nos dificulta verla y ponerla en práctica. La respuesta la podemos encontrar en la exhortación apostólica “Gaudete et exaltate” del Papa Francisco sobre el llamado a la santidad en el mundo actual:

¿Y qué es la santidad? Para Francisco, la santidad implica la relación con el prójimo, con los vecinos: “No es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio”. Esta sería una de las respuestas para vivir mejor hoy en este mundo.

Ya desde 1928 San Josemaría Escrivá de Balaguer, un 2 de octubre, entendió que la santidad era para todos y que está al alcance de todos porque lo que hacemos diariamente es ocasión para un encuentro con Dios. En otras palabras convertir lo ordinario de cada día en algo extraordinario. ¿Cómo? Poniendo ilusión en los quehaceres de cada día, porque todo en la vida es ocasión para servir, sonreír, amar, perdonar, sembrar paz y alegría alrededor nuestro.

Ese 2 de octubre de 1928, San Josemaría abrió un camino tan viejo como el evangelio, iluminando los caminos de la tierra opacados a través de los siglos: Ser santos en medio del mundo. Propuso que cada “persona puede ser feliz y hacer felices a los demás, pero desde lo que es, desde la fidelidad a sí misma, que no es otra cosa que la fidelidad al proyecto divino de su existencia”.

¿Y cómo hacerlo? Enseñó que se debe buscar la santidad no de espaldas a las realidades propias de cada uno sino en medio de la vida ordinaria a través del trabajo, ofreciendo a Dios todas las realidades, incluso aquellas que a los ojos humanos no son significantes.“Santificar el trabajo, santificarse con el trabajo, santificar a los demás con el trabajo”.

Se destacan cuatro aspectos en sus enseñanzas para poner en práctica el ideal de la santificación del trabajo:

Perfección humana y competencia profesional

“Lo que he enseñado siempre es que todo trabajo humano honesto, intelectual o manual, debe ser realizado por el cristiano con la mayor perfección posible: con perfección humana (competencia profesional) y con perfección cristiana (Por amor a la voluntad de Dios en servicio a los hombres) Conversaciones.

Espíritu de servicio

Vivir el trabajo con actitud de servicio.

“No puedes pensar en los demás como si fuesen números o escalones, para que tú puedas subir; o masa para ser exaltada o humillada, adulada o despreciada, según los casos. Piensa en los demás...Es Cristo que pasa, n. 36

Formación de la conciencia

Adquirir una formación ético-moral que permita juzgar adecuadamente no solo los medios sino también los fines.

“El trabajo profesional os pone en contacto con todos los problemas y preocupaciones de los hombres, puesto que son vuestras propias preocupaciones... Vuestra fe os tiene que guiar al juzgar sobre los hechos y situaciones”...Carta 15, n. 29

Conciencia de la cercanía de Dios y actitud contemplativa

“La vida cristiana debe ser vida de oración constante, procurando estar en la presencia de Dios de la mañana a la noche y de la noche a la mañana. El cristiano no es nunca un hombre solitario, puesto que vive en trato continuo con Dios, que está junto a nosotros y en los cielos”. Es Cristo que pasa, n.116

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