Revista viernes


El amor, como un fénix

Muchas veces el cáncer pasa de ser una enfermedad para convertirse en una prueba de amor y de fe

PRINCE MARTÍNEZ

22 de octubre de 2020 10:59 AM

Encontré, en el portal de Lafamilia.info esta linda historia de amor y fe de la brasileña Ana Beatriz Frecceiro Schmidt, empleada de banco de 32 años, quien se topó frente a uno de los mayores dilemas que una mujer puede vivir.

El 19 de junio de 2017, mientras amamantaba a su segundo hijo Jonathan de 9 meses, se dio cuenta de que tenía un bulto en el pecho. “Me quedé preocupada, me palpé el seno para ver si había leche empedrada y sentí una bolita”. Al día siguiente se hizo una ecografía del seno y más tarde una biopsia. Las pruebas médicas confirmaron lo peor: ¡era cáncer de mama! Un descubrimiento que resultó aún más amargo por el hecho que Ana Beatriz acababa de saber que estaba embarazada de dos meses de su tercer hijo.

El médico de “Bia” al saber el diagnóstico y el tiempo de gestación, sugirió el aborto para evitar problemas futuros.

¿Qué debe hacer una madre embarazada cuya enfermedad requiere un tratamiento potencialmente peligroso para la vida de su hijo en camino? He aquí el dilema que afrontaba Beatriz.

Resolución del dilema

Se negó a abortar y optó por someterse al tratamiento corriendo riesgos: “He decidido seguir adelante con el embarazo, porque soy contraria al aborto, creo en la vida, en el amor”. La fuerza de ánimo que la distingue y la esperanza que encontró en la fe, llevaron a la joven a tranquilizar a todos, a ella misma, a sus familiares y amigos, afirmando que era la mejor decisión. La joven madre explicó así su decisión: “Nunca sacrificaría la vida de mi hija para salvar la mía. Pienso que todas las vidas tienen el mismo valor y no mataría a mi hija para salvarme. No podría vivir con ello. Yo no tenía derecho alguno de hacer eso. O vivíamos juntas o moríamos juntas”.

“Dios me mandó fuerza para lo que vendría”, cuenta en un video en Internet. Su decisión fue la más valiente posible.

Tratamiento

Como estuvo en desacuerdo con su antiguo médico, buscó otro y conoció a alguien que la apoyó en su decisión de no abortar. A los 4 meses del embarazo, el 15 de agosto de 2017, Bia se hizo una mastectomía, pero a causa del embarazo el post operatorio fue un periodo difícil. Ella no podía tomar antibióticos ni antiinflamatorios.

Las sesiones de quimioterapia fueron sorprendentes porque no le dieron náuseas como a las personas en esa situación. “Yo sabía que luchaba por nosotras dos y que necesitaba estar bien para que la quimioterapia no afectara a mi bebé”, dice.

El papel de la fe

En la decisión de Bea ha influido claramente y con mucha fuerza su fe: “Tengo una fe fuerte en Dios y en la vida. Sé que Dios tiene un fin para mi vida y la de mi hija, sé que ha sido un don de Dios para mí. Durante todo este tiempo, este periodo difícil que he vivido, sabía que Dios estaba conmigo, sosteniéndome, sosteniéndonos”.

La primera niña

Los esfuerzos de Bea fueron premiados y el 24 de enero de 2018 nació Louise, la primera niña después de dos varones. La pequeña, ha sido acogida con gran alegría por una madre ejemplar que quiso dar inmediatamente gracias al Señor. “Dios es verdaderamente perfecto y maravilloso”, escribió, publicando la primera foto sosteniendo en brazos a la que ha definido como “su pequeña guerrera”.

Hoy Louise tiene 2 años 9 meses y goza de óptima salud, juega feliz con sus hermanos, su madre y su padre Jonathan quien tuvo un papel de apoyo permanente. Bia tiene 34 años y está curada del cáncer. “Yo luché por las dos y sobrevivimos”.

“Yo tuve cáncer, pero él nunca me tuvo a mí”, celebra.