Revista viernes


El impacto de la palabra

Las palabras son más que sonidos, las palabras moldean la mente. Son tan poderosas que con ellas podemos crear o destruir, por eso su manejo correcto es tan importante.

PRINCE MARTÍNEZ

26 de agosto de 2021 03:41 PM

Ricardo Cañón Gómez, Ph.D, doctor en psicología clínica, especializado en Medicina psicosomática, Neuropsicofisiología cognitiva y Bioquímico, ha viajado por todo el mundo compartiendo el resultado de 20 años de investigación rigurosa sobre el impacto de la palabra en el cerebro de una persona. Ha escrito varios libros, entre ellos, “Cuando la palabra hiere” y “Cuando la palabra sana”.

Leyéndolo nos hace reflexionar sobre el poder que tienen las palabras, así seremos más cuidadosos cuando hablamos, sobre todo, a los hijos que estamos formando.Su mayor interés es que se comprenda mejor “la relación entre la biología, su función y el comportamiento, en otras palabras: cómo las palabras que decimos o escuchamos tienen una influencia especifica tanto en nuestro cerebro como en nuestro comportamiento”.

Poder de la palabra

Podemos alegrar o entristecer a una persona con la palabra, motivarla o desanimarla, hacerla reír o llorar...

“Las palabras son más que sonidos, las palabras moldean la mente. Son tan poderosas que con ellas podemos crear o destruir, por eso su manejo correcto es tan importante”.

“Gracias por estar a mi lado”. “Te quiero”. “Me preocupo por ti”. Todos estos son disparos químicos en nuestro cerebro de esas hormonas de la felicidad, la dopamina y las serotoninas.

Pero las palabras hirientes, las compara él, con un bisturí: “te cortan y te lastiman y dejan heridas que son difíciles de sanar”. Una de sus pacientes le manifestó en una ocasión: “Hubiese preferido una cachetada a los insultos que recibí”.

Como para educar bien hay que corregir, hay que saber qué palabras utilizamos cuando lo hacemos. Ante un enfado, se dice que hay que contar hasta diez antes de hablar ¡a veces toca contar hasta cien! Cuántas veces no hemos dicho algo de lo que nos hemos arrepentido.

Las palabras tienen el poder de crear un programa de vida. Ojo al referirnos a los hijos etiquetándolos con palabras inapropiadas: “Este es el bufón”. “Qué torpe es este niño”. “Nunca aciertas”. “Así no vas a servir para nada”. He presenciado cómo papás le hacen decir palabras groseras a sus hijos cuando están aprendiendo a hablar y de esto, hacen chiste ante los amigos.

“Al hablar introducimos en su repertorio un estímulo físico a través de ondas sonoras que se graban en su mente”, entonces cuando hace algo bueno hay que decirle: ¡Eres un campeón! Es en ese momento cuando se elaboran conductas constructivas de valores para que se siga actuando en consecuencia.

Se dejan huellas

El ambiente enriquece las huellas. Si pudiéramos contar las huellas que hemos dejado con nuestras palabras. Podemos hacer el cambio donde estemos. Que te busquen porque se sienten bien a tu lado. Ahora más que nunca, en esta situación dolorosa que estamos viviendo, nos necesitan para dejar esas huellas positivas con nuestras palabras.

¿Si la palabra deja huella, has pensado el gran significado que tiene en tu vida la palabra de Dios? “Les doy un mandamiento nuevo, que se amen los unos a los otros”. Juan 13:34

“Yo soy el pan de vida, el que come de este pan tendrá vida eterna” Juan 6, 44-51. Esto fue demasiado y muchos se marcharon. Jesús entonces les dijo a los doce: “También ustedes me van a abandonar? Señor, ¿dónde vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna”. Juan 6:67-69

“Yo soy la verdad, el camino y la vida”. Juan 14:6

En su libro nos plantea la situación de lo que invertimos cada día en nuestro vivir: comida, dormir, conversar, estudiar...Pero ¿cuánto invertimos cada día en nuestro espíritu? ¿En esas palabras de vida eterna? ¿Además, a ponerlas en práctica?

  NOTICIAS RECOMENDADAS