Herramientas para el diagnóstico temprano del cáncer de cuello uterino

27 de junio de 2019 05:09 PM

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Como es conocido, el cáncer de cuello uterino constituye un problema de mucha preocupación en los países en vías de desarrollo. Colombia no es ajena a esta problemática y aún maneja incidencias de hasta 12.7 x 100.000 habitantes, según último reporte de Globocan 2018. Esta patología, la cual constituye uno de los cánceres más frecuentes en la población femenina menor de 60 años, es causada por una infección de transmisión sexual, por un virus altamente prevalente en nuestra población, conocido como Virus del Papiloma Humano (VPH), de los cuales los subtipos 16 y 18 son los mayormente relacionados.

Tan frecuente es que hasta el 90% de las mujeres con vida sexual activa habrán sido infectadas en algún momento, y el 50% de los hombres son portadores asintomáticos. También existen otras vías de contagio relacionadas con sexo oral, anal y por vía de transmisión materno-fetal.

Una vez el individuo se infecta, tiene hasta 20 años para desarrollar el cáncer, pudiendo afectar la vulva, vagina, cuello uterino, ano, pene y cavidad oral, ya que el virus puede tardar todo este tiempo en vencer la barreras de inmunidad del huésped y generar cambios premalignos que posteriormente evolucionen.

La mayoría de las pacientes no presentan síntomas y las que consultan pueden referir dolor en las relaciones sexuales (dispareunia), sangrados anormales o postcoitales, dolor pélvico o si están en estadios avanzados síntomas relacionados con estructuras vecinas como recto y vejiga.

Teniendo en cuenta entonces que las pacientes puede que no presenten síntomas, se han diseñado herramientas que permiten la detección precoz de las lesiones precancerosas. Estas constituyen la citología cervicouterina y la prueba de genotipificación de VPH.

La primera, de la cual ya hay dos técnicas de procesamiento, la convencional y otra en base líquida, lo que buscan es identificar en la mucosa cervical los cambios morfológicos que produce el virus en la célula, que en términos patológicos son conocidos como “displasia”. Esta se gradifica de acuerdo al nivel del compromiso en bajo grado y alto grado, siendo mayor el riesgo de ésta última de evolucionar al cáncer en casi un 13% de las pacientes en quien son encontrados.

Los de bajo riesgo se consideran con muy baja probabilidad de progresión, incluso hay literatura que reporta que hasta casi el 80% de las mujeres con estas lesiones se curaran de forma espontánea (sin intervención médica o terapéutica) a los 2 años post-detección, controlando los factores de riesgo asociados. Siempre habrá más riesgo de progresión en aquellas mujeres que han tenido lesiones previas (aun curadas), por lo que para ellas también es importante continuar en el esquema de detección precoz (tamizaje).

A pesar de que la citología es una prueba altamente específica para detectar lesiones de alto grado y cáncer, presenta ciertas limitaciones relacionadas con baja sensibilidad, lo que quiere decir que algunas pacientes con lesiones podrán no ser detectadas por varias circunstancias. Por ende, la importancia de la citología como método de tamizaje, es ingresar a un programa de detección temprana. Estos están disponibles de forma gratuita en todos los programas de promoción y prevención de las EPS del país.

Con relación a las pruebas de serotipificación de VPH, ya hay muchas disponibles en el mercado. Estas lo que buscan es identificar la presencia del ADN del virus en el ADN de la mujer, independientemente de si hay lesión evidenciable o no. Por ende, ofrece mayor sensibilidad y especificidad y permite ser más oportunos en la identificación de las pacientes con mayores riesgos de padecer cáncer cervical.

Hay varios tipos de pruebas, unas detectan si solo está positivo los serotipos de alto riesgo, otras especifican el subtipo de serotipo y otras detectan la proteína o las vías que están siendo afectadas. Todas están disponibles, siendo las más utilizadas las que detectan el ADN de los serotipos de alto riesgo. En la actualidad, la forma de la toma es similar a la citología cervicouterina, incluso con las mismas recomendaciones y pueden ser tomadas por ginecólogos o directamente en los laboratorios de patología y clínicos. También se encuentran en el mercado pruebas para la auto toma, sin embargo, no tienen amplia distribución comercial en el país.

La implementación de la prueba ha demostrado reducción en la incidencia de cáncer de cervix y obviamente en las tasas de mortalidad por esta enfermedad.

Esta prueba está disponible para mujeres entre los 30 y 65 años de edad, que hayan iniciado vida sexual.

Si se obtiene un resultado negativo (no presencia del VPH o la presencia de un tipo de VPH de bajo riesgo) se debe realizar la prueba cada cinco años.

Si se obtiene un resultado positivo (presencia de un tipo de VPH de alto riesgo) se debe realizar la citología cervicouterina para estudiar las células del cuello uterino y establecer si existe alguna lesión precancerosa. Y continuar con las recomendaciones dadas por el profesional de salud. Hay que aclarar que si sale positivo para VPH de alto riesgo no significa que se tenga cáncer, pero si está relacionado con mayor riesgo para desarrollarlo.

En conclusión, el VPH es el microorganismo responsable del cáncer de cuello uterino, cuya infección se requiere como condición principal para desarrollar la enfermedad, la cual puede aparecer por estadios, dando la oportunidad de detectarla en fases iniciales o precancerosas a través de las pruebas de citología o detección de ADN-VPH.

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