Revista viernes


Lo normal es el cambio

En seis meses que hemos vivido esta cuarentena ha cambiado la vida para trabajar, hacer las compras, para estudiar, para salir y entrar en la casa, para ir a la iglesia, para todo

PRINCE MARTÍNEZ

24 de septiembre de 2020 01:17 PM

A mi generación le ha tocado vivir muchísimos cambios. El siglo XX se podría identificar como el Siglo que más cambios ha logrado en la historia de la humanidad. Pero este siglo XXI parece que lo está superando en novedades y tiempo.

He querido hacer una retrospectiva para poner sobre el tapete, en parte, todo lo que se agolpa en mi mente.

De clases y trabajo presenciales en oficinas y fábricas durante un siglo y más, en estos últimos seis meses pasamos a clases y trabajo virtuales con todos los medios que proporcionan las TICs.

Desde que recuerdo, escribíamos con tinta “mojada.” No era apropiado presentar un trabajo con bolígrafo, éste era equivalente a un lápiz. Los trabajos se presentaban a mano. Se estudiaba taquigrafía para tomar ágilmente los apuntes cuando alguien dictaba una carta o una conferencia. Paralelamente, empezaron a salir las máquinas de escribir. El computador le ganó y todo trabajo se hace y se envía por este medio.

Leíamos “comics,” entre todos, traigo a la memoria el de Dick Tracy cuyo reloj tenía una cámara que recibía los mensajes. Era ciencia ficción entonces. Íbamos al cine a teatros descubiertos. Solo había un cine cerrado, el Teatro Cartagena, los demás eran al aire libre. Hoy tenemos cine sin movernos de la sala de la casa.

¿Televisión? Apareció en Colombia, por allá en los 60, en blanco y negro y a ciertas horas. Recuerdo que estos aparatos se hicieron populares desde el primer viaje del hombre a la luna en 1969.

La aviación estaba en todo su apogeo a mediados del siglo pasado. A los 14 años viajé a Inglaterra a estudiar. Me embarqué en un “Super Constellation”, más de 30 horas de viaje con tres escalas, Caracas, Las Azores, Lisboa y al fin Madrid. Al día siguiente Inglaterra. Hoy en 10 horas estás allí sin escala.

¿Hacer una llamada telefónica? Era a través de una operadora, tocaba esperar con paciencia hasta que se lograra la comunicación a ultramar a través de Nueva York y que con suerte estuviera allí la persona. Los telegramas eran la manera más rápida de enviar mensajes. Ahora podemos comunicarnos hasta con los más lejanos lugares y chatear por WhatsApp en el momento que lo prefieras. Sin hablar de las nuevas reuniones por Zoom, Teams y demás.

En las casas, la señora de la cocina iba diariamente al mercado a realizar las compras, como parte de su rutina de trabajo. Ahora la compra es virtual.

Se contestaba el teléfono identificando el dueño de casa. Hoy, donde todavía existe un teléfono fijo, se contesta: “A quién solicita?”

Nos enseñaron a saludar con un apretón de manos y mirando a los ojos. Ahora es tocándose el codo.

¡Sí!¡ En un siglo muchos cambios! Pero ahora los cambios no son en un siglo, son mucho más apresurados, no termina uno de conocer un sistema electrónico cuando ya anuncian el nuevo aparato con más velocidad, con un chip que te da más cobertura, etc.

¿Qué más nos deparará esta nueva normalidad?

En seis meses que hemos vivido esta cuarentena ha cambiado la vida para trabajar, hacer las compras, para estudiar, para salir y entrar en la casa, para ir a la iglesia, para todo.

Sales de acuerdo con tu número de cédula y te tienes que inscribir para hacer muchas cosas que eran muy normales en la vida diaria como ir a la iglesia, entrar a un banco, a un Centro Comercial, etc.

¿Cuánto de todo lo que estamos experimentando durante esta pandemia, llegó para quedarse?

Si los cambios en el siglo XX han sido múltiples, en el XXI se ven que van a una mayor velocidad.

La humanidad siempre ha tenido cambios pero la celeridad de los que se han estado dando en la última década y ahora, implica que de aquí en adelante la capacidad de adaptarse será lo que primará en el bienestar de las personas porque lo normal es el cambio.

Aunque es bueno recordar para aprender y eso es vivir, estoy con Thomas Jefferson cuando escribió: “Me gustan más los sueños del futuro que las historias del pasado”.