Los paisajes de Víctor Amorocho

13 de febrero de 2020 09:38 AM

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¿Autismo? Hasta hace 40 años una palabra totalmente desconocida para la familia Amorocho Bolaño, pero una vez enfrentada, trajo consigo una serie de interrogantes, angustias y más adelante un proceso lleno de amor, comprensión, unión y felicidad.

Víctor Fabio es el hijo menor de América Bolaño y Manuel Francisco Amorocho, educadores consagrados a su oficio, quienes ya habían empezado a formar su familia con Francisco Javier y Martha. Su llegada, marcó un nuevo momento de felicidad y de aprendizaje, toda vez que pasando los dos años, en el niño hubo un retroceso en su desarrollo que los puso expectantes y ávidos de ayuda profesional para continuar su proceso de crecimiento.

No había diagnóstico claro, las visitas a los profesionales de la salud no llevaban una alerta que diera indicios de lo que estaba sucediendo, comenta América, pero jamás se bajó la guardia, también aclara. Allí surge el dictamen ‘Autismo’, una condición que marcó a la familia, cuando nada los llevaba a una solución concreta.

América y su esposo no se conformaron con ese diagnóstico y siguieron el periplo médico y terapéutico con Víctor Fabio, evitando encasillar a su hijo en una palabra y una condición que podía limitarlo para siempre. Hoy agradecen al pediatra Henry Vergara todo el apoyo recibido.

El silencio era la compañía permanente de Víctor en sus primeros años, pero su madre insistía en recordarle todo lo que le rodeaba, los nombres de cada uno en la familia, los juegos, la rutina de la casa; y mantenerlo escolarizado, pese a la dificultad para conseguir un colegio acorde con las necesidades del niño.

Lo que no imaginaron fue que un viaje de casi 20 días en Brasil con el fin de celebrar los 15 años de Martha, fue el punto de partida de una nueva vida para todos. Víctor quedó en casa con su padre y hermano y al regreso, América vio como lo que por ocho años había enseñado a su pequeño, empezaba a salir de su boca para comunicarse de una mejor manera con la familia.

“Era como si todo lo que se le habló durante años, hubiese estado grabado y esperando ese instante, me emocioné y pensé que mi hijo era capaz de aprender y decidí intensificar las terapias”, indica América, al tiempo que afirma que estabilizarlo en un colegio, fue una piedra en el camino por años.

En ese trasegar llegó al Instituto de Educación Integral, donde terminó la primaria, pero la odisea estaba por comenzar con el bachillerato, no era fácil que alguno quisiera asumir la responsabilidad de su educación, hasta que encontraron uno donde cursó los dos primeros grados, pero con un nuevo revés, el colegio cerraría sus puertas. Finalmente fue el Colegio Colombo Holandés donde terminó su bachillerato.

Es de anotar que la inquietud artística de Víctor fue descubierta desde muy pequeño y con clases particulares se logró mantener en la actividad que hoy ha convertido en su proyecto de vida, toda vez que suele pintar todos los días y ha dado tantas obras que su primera exposición está abierta en la Alianza Colombo Francesa.

El artista y su obra

“Cómo educar a un niño autista” de Lorna Wing, fue un libro guía para América Bolaño en la educación de su hijo, de otra parte se integró a todas las capacitaciones del Grupo Colombo Suizo de Educación Especial en el FIRE, tuvo la oportunidad de ser ponente en un Congreso de Salud Mental y en Cuba asistió a un Congreso Mundial de Educación Especial.

La participación familiar en el proceso fue fundamental, su hermana, Martha Amorocho, quien es artista plástica, advierte que Víctor es su adoración y siempre ha tenido actividades muy ligadas a lo que él puede desarrollar, como es el caso de la pintura.

Ella indica que analizando la muestra pictórica de su hermano menor, pudo apreciar que sus trazos llevaban esa sensación que lo envuelve y por tanto decidió encaminarlo a los estudios en Bellas Artes, logrando además independencia, pues la distancia de su casa a la Escuela no fue obstáculo para llegar al final.

Viajar es algo que seduce a Víctor Fabio Amorocho, lo plasma en sus cuadros, la mayoría son paisajes de esos recorridos y curiosamente el agua, ese elemento que con su sonido puede relajar, reina en cada obra.

Desde lo más local como el Caño Juan Angola, hasta ríos y lagunas que ha encontrado en sus viajes por el país, le inspiran y hacen parte de ese azul infinito que engalana sus pinturas. Cuando se trata de espacios aún desconocidos para él, hace una búsqueda en internet, herramienta que domina perfectamente y encuentra el ángulo preciso para materializarlo en su obra, como lo hizo con el río Támesis, entre otros.

En una oportunidad estuvo aprendiendo la creación de figuras en cerámica al lado de Vilma Pedreros, quien siempre lo integró al grupo de estudiantes de arte que manejaba en la Universidad Rafael Núñez. Los animalitos eran su mayor destreza en esta técnica, también son su debilidad, al punto de tener diez gatos.

Dentro de todo lo que le atrae para crear sus cuadros, están los autos, en especial buses y camiones, conoce las marcas y en la exposición de la Alianza Colombo Francesa denominada “Paisajes”, tiene un espacio destinado para ellos.

El día de Víctor empieza muy temprano, va al gimnasio y después regresa a pintar por el resto de la mañana, es muy casero y cualquier espacio es dedicado a su pasión, también hace gala de una memoria prodigiosa que lo lleva a datos y fechas precisas, algo que sin duda puede expresar también con el pincel.

Los viajes le seducen, los disfruta y al regresar a Cartagena, son el material perfecto para una nueva serie de cuadros, los cuales se cuentan por cientos en los espacios de su casa. Las ciudades de Colombia lo nutren de imágenes y en especial Barranquilla, donde tiene siempre una visita obligada al zoológico.

La idea de la exposición surge de varias personas, en especial del médico Miguel Morales, quienes al tener conocimiento de la propuesta artística de Víctor le sugirieron a su madre que recopilara ese material en una muestra, y a partir de allí, Martha decidió hacer una selección de casi 40 y llevarlas a la Alianza Colombo Francesa.

El vinilo es su aliado en cada obra de esta serie en la cual lleva unos dos años de trabajo, aunque ya empieza a adentrarse en la acuarela por sugerencia de su hermana, quien ha sido su mentora en varios periodos, sin dejar de lado profesores de la Escuela que nombra con gratitud, lo mismo que a las artistas Alexa Cuesta y Tere Perdomo.

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