¡Mamás al borde de un patatús! (I)

¡Mamás al borde de un patatús! (I)
Los hábitos de la madre le ayudarán en la crianza y a no perder su independencia. FOTO RF123

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Cuántas anécdotas tenemos para contar las mamás y cuántas más, desde la otra orilla, tendrían que contar los pediatras a quienes les toca atender, óigase bien, primero a la mamá y luego al niño.

Se podía llegar al consultorio de Jaime, pediatra de miles de niños, entre ellos mis hijos, con el pañal (en mi época los “Curity”) untado de la última deposición para que viera el color, la consistencia, olor para que así comprobara el nivel de infección! ¿No has visto mayor despropósito? Pero aquello nos parecía muy normal. No sé si todavía las mamás se atreven a realizar “una hazaña de este calibre” y los pediatras de hoy, aceptarla. Esto es solo comprensible si se analiza el nivel de angustia que hace perder la cordura.

Al borde de un patatús

Eso que describí venía acompañado de la ansiedad por hacer múltiples llamadas para informar sobre la evolución de los síntomas, sin importar día y hora. Esperar a la mañana o esa misma noche, la hora considerada oportuna, para llamar y hacer la consulta, generaba una zozobra indescriptible. ¡Se estaba al borde de un patatús! Para unas, hasta las diez de la noche era aceptable mientras que para otras, era a las once la indicada. En la mañana, las seis ¿sería buena hora? En esa época, conversando sobre el tema con Clarita, esposa de Jaime, me contó que una mamá tenía la costumbre de llamar a las cuatro de la madrugada. Para ella era la hora prudente. Hasta que un día Clarita trató de hacerle caer en la cuenta de que tal vez, no había calculado que era inapropiado llamar de madrugada, si no se trataba de una emergencia. La respuesta no se hizo esperar: “Nosotros somos educadores y a esta hora ya estamos en función!” Conste que no era yo.

No era menos de esperar que cuando con Jaime y Clarita íbamos a las Islas, a pasar un fin de semana, Jaime dormía, creo yo que las 24 horas. No existían entonces los celulares ni siquiera los inalámbricos, pero sí los radios para radioaficionados y Jaime tenía uno en las Islas. Ni allí se escapaba de las llamadas.

Pero eso no es comparable con los celulares de hoy en día, chats, internet y más... Me imagino a las mamás consultando en internet los síntomas que perciben y llegando a la consulta con un diagnóstico preconcebido antes de que el médico de el suyo: “Doctor creo que tiene tal o cual enfermedad dado los síntomas de ...”

Esto es sólo el comienzo de una larga trayectoria que se vive como mamá...

Para ser una mamá feliz

¿Cómo ayudar a las mamás a disfrutar y ser felices? A la Doctora Meg Meeker, su experiencia como pediatra desde hace 25 años y de ser madre, le ha dado la oportunidad de escuchar a muchísimas mamás, por lo que se dio a la tarea de escribir un libro titulado: Los 10 Hábitos de las Madres Felices. Ella sugiere integrar estos 10 hábitos a la vida de mamá, no importa la edad, para vivir “con mayor alegría y satisfacción” su rol.

Hábito 1: Valorarse como Madre

Hábito 3: Valorar y practicar la fe

Hábito 4: Dejar de competir

Hábito 5: Tener una relación sana con el dinero

Hábito 6: Buscar tiempo para la soledad

Hábito 7: Dar y recibir amor de manera saludable

Hábito 8: Aprender a vivir de forma sencilla

Hábito 9: Liberarse del miedo

Hábito10: La esperanza es una decisión: ¡tómala!

Dada la importancia de conocer más sobre cada hábito y la restricción aquí del espacio, la semana entrante los desarrollaré.

¡Feliz Día de la Madre!

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