Revista viernes


Miguel se confiesa y deja conocer más de Bosé

De una forma sencilla y casi familiar, Miguel Bosé relata apartes de su niñez y adolescencia que impactaron su carácter y decisiones de vida.

HEIDI LLANES

18 de noviembre de 2021 08:44 PM

Desde hace más de cuatro décadas el mundo de la música dio la bienvenida a un joven artista que a fuerza de talento se abrió camino sin apoyarse entonces en la fama de sus progenitores. Un estilo propio ha marcado su carrera y en la actualidad, además de música, se propuso escribir sus memorias.

“El hijo del Capitán Trueno”, así se titula el libro autobiográfico de Miguel Bosé, el mismo que alude su historia desde antes de nacer, con todas las precisiones que le ha permitido su memoria sensorial y esas vivencias extraordinarias que sólo eran posibles en una familia como la suya, regida por dos figuras de renombre, como lo fueron el torero español Luis Miguel Dominguín y la actriz italiana Lucía Bosé.

Se podría pensar que de Miguel Bosé se conoce todo, ha estado expuesto permanentemente a la prensa y su larga discografía ha sido noticia en buena parte de Europa y toda Latinoamérica, además de ser un activista que no enmascara sus puntos de vista, sin embargo, existen detalles muy importantes que han escapado a las hemerotecas, esas vivencias que lo llenan de orgullo y que lo sitúan como un ser especial, con altas influencias de personajes que marcaron la cultura en el Siglo XX.

Con una carrera inmersa en el éxito, Miguel Bosé se dispuso a contar apartes de su vida que hasta ahora pertenecían a su memoria.

En un relato circular, que va y viene, muestra esa niñez desarrollada en la España franquista, la adolescencia en medio de la transición, con libertades y coacciones, pero también da cuenta de vivencias bucólicas que bien le llenaban y le hacían sentir cómodo, no obstante, la sombra de su padre exigiendo el heredero de su fuerza, y una madre bella que libraba batallas internas, fueron en buena medida forjadores de su carácter.

Es sorprendente encontrar en el relato que el cantante pudo nacer en Colombia, específicamente en Medellín, que Pablo Picasso fue una figura importante en su formación artística y que pese a mostrarse siempre fuerte, alguna vez sintió debilidad. “El hijo del Capitán Trueno”, es esa historia con olores y sabores, tristezas y esperanzas, todo lo que envuelve la vida de Luis Miguel González Bosé.

El libro y más...

“El hijo del Capitán Trueno” es el título de una canción presentada hace dos décadas, ¿por qué recurres al mismo para el libro?

Mi padre era ese héroe que se iba en la canción y en mi vida fue así.

¿Cómo decides escribirlo, y desde cuándo empezó el proceso?

Este libro arranca en Panamá tras unas conversaciones con mi querido amigo, el escritor colombiano Juan Esteban Constain, él me dice, ha llegado el momento para que te liberes, escribe todas esas cosas tal como las cuentas, porque tu forma de hablar es literaria. Allí están esas anécdotas de una vida excepcional, que no todos los niños han podido tener y es tratada en momentos en familia y con esos personajes que influyeron en el Siglo XX.

Escribir suele ser liberador, ¿qué te ha dejado este ejercicio?

Me ha dejado en paz. No está escrito con rencor, allí hay memorias bellas, llenas de agradecimiento y amor, porque sin todo aquello probablemente no sería lo que soy.

Eres un artista que se formó de manera especial, ¿en algún momento quisiste pertenecer a un hogar convencional?

Nunca me vi en otro lugar. Mi vida carece de simpleza, no es insípida, por eso cualquier cosa que tomo, digo, o hago, arrastra una vorágine, son cosas que pasan y por mucho que quiera no me voy a poder zafar.

Tu padre fue un torero de mucha dignidad, ¿quería que siguieras ese camino?

Él era pura testosterona, cazador y rudo, a mí me gustaba más viajar por los atlas y jamás iba a estar frente a un toro.

En 1980 presentaste el álbum “Miguel”, vestido de luces, ¿cuál fue su reacción al verte con ese atuendo?

Me dijo ¿qué tienen que ver mis vestidos con los tuyos? Le respondí: “los dos son mallas, los dos llevan lentejuelas, los dos llevan hilos de oro, y los dos están hechos para bailar con la vida y la muerte”.

¿En qué te pareces a cada uno de tus padres?

Las personas que conocieron bien a ambos, me dicen, “físicamente eres lombardo, como tu madre”, ahora, mi carácter en cien por cien Dominguín. De hecho yo con mi madre me llevaba bien porque éramos diferentes, y mi hermana Lucía tuvo mucho choque con ella por que coincidían en carácter.

¿Qué sentimientos tuviste al escribir, lloraste?

Hay muchos que me desconcertaron profundamente, porque al volver a vivirlos, sentía que esas emociones se despertaban y seguían vivas hoy. Reviví la escena de Jackeline Roque (esposa de Picasso) cuando nos cierra las puertas y recuerdo ese viaje de Cannes a Madrid, sabiendo que nunca más vería a Pablo, quien había sido para mí un padre, un abuelo, esa persona mayor que me daba atención y enseñanza.

¿A quién de esas personas presentes en tu infancia te hubiese gustado conservar por siempre?

A la Tata.

Tus hijos están creciendo con la sombra de un padre muy famoso, como sucedió contigo, ¿qué haces para no repetir la historia?

Son otros tiempos, no tengo necesidad de aparentar que soy un dios. Estoy siendo con mis hijos un padre.

El libro se queda en el año 1977, ¿por qué?

Acaba cuando me subo por primera vez a un escenario, y dejo de ser “Miguelito”, “Miguelón” o “Mighelino”, para dar paso a Miguel Bosé. A esto le sigue una serie de televisión que se verá en octubre de 2022, porque la música hay que vivirla y escucharla.

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