Revista viernes


¿Por qué el confinamiento despierta el apetito?

Anteriormente se podían hacer planes, los mismos que se vieron suspendidos y que se pueden reemplazar a través del bombardeo de alimentos que llegan por medio de un domicilio

HEIDI LLANES

10 de septiembre de 2020 09:05 AM

Con la llegada del la pandemia, el confinamiento fue inevitable. El lugar para el trabajo y el estudio fue la casa, una nueva rutina se apoderó de todo y de todos, y aún cuando ya se ha dado apertura a muchos sectores, el inusual encierro persiste y las costumbres han experimentado cambios que se reflejan en muchas conductas.

Tal vez comer es uno de los hábitos que mayor variación presenta. Se ha podido compartir la mesa en familia y cocinar es todo un plan que merece la atención de la mayoría de los miembros de la casa, de otra parte, la oferta de restaurantes no se ha hecho esperar, por lo que comer es prácticamente el plan obligado.

“Alimentarse es una necesidad vital, pero en el día a día comemos por otros motivos que nada tienen que ver con garantizar nuestra supervivencia o los nutrientes y vitaminas. No hay duda que necesitamos comer para garantizar el normal funcionamiento del organismo y mantener los procesos cognitivos, lo que hace que se pueda tener una vida normal”, indica la psicóloga Sumaya Palomino Amador.

Sin embargo vale aclarar que el confinamiento actual se relaciona estrechamente con el apetito, con esas ganas de comer e imaginarnos los postres o platos favoritos, muchas veces sin tener hambre. “Esos factores que nos incitan a comer aún sin tener ganas, tienen mucha relación con la promoción permanente que se mantiene en redes y otros medios. Anteriormente nos remitíamos a una carta o menú, pero el bombardeo de imágenes llamativas es constante y la presentación de los mismos, el mejor ‘anzuelo’ para caer”, advierte la profesional.

Comer sin sentir hambre, tiene que ver con los colores e ingredientes que se presenten en la imagen del plato, pero también es de aclarar que los factores sociales influyen, la ansiedad, el estrés, el encierro, las escasas horas de sueño, llevan a la opción más segura, el alimento.

Muchas personas pueden paliar esta ansiedad a través del deporte u otra actividad física, pero para quienes son ajenos a estas ocupaciones, tienden a confundir la sed con el hambre, el aburrimiento con el hambre, lo mismo que el fastidio, la preocupación y la frustración, es decir, la emoción negativa se relaciona con apetencia permanente.

Darle mucho más valor a esos platos en esta época, está directamente relacionado con el confinamiento y el deseo de salir a socializar, y si la oportunidad no se puede dar por el tema económico o de tiempo y lugar, lo más fácil es reinventarse y crearlo en casa, de allí que el paso por la cocina se ha hecho más común, aun cuando la expectativa no se cumpla, el resultado fue el esperado: la comida.

La doctora Palomino advierte que en su consulta hay pacientes con la preocupación por el aumento de peso, también temas obsesivos con los alimentos y ante esto advierte que la mayoría de los casos obedecen al confinamiento y su mayor problema, el aburrimiento.

Aunque lo anterior resume la situación del excesivo apetito, la profesional aclara que es menester sumar otra razón de peso y es ‘lo merezco’. Se mira como esa recompensa al trabajo, a la obediencia de mantenerse en casa y al momento un tanto alejado de los seres queridos.