Vivir lo ordinario de manera extraordinaria

27 de junio de 2019 10:42 AM
Vivir lo ordinario de manera extraordinaria
Es de resaltar la claridad con la que San Josemaría Escrivá de Balaguer se dirigía a las personas llamadas al matrimonio recordándoles que es un camino de santidad. FOTO CORTESÍA

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El 26 de junio celebra la Iglesia católica a San Josemaría Escrivá de Balaguer, el Santo de lo ordinario, como afirmó de él San Juan Pablo II. Hay muchas cosas que podemos aprender de este santo de nuestra época. En el libro Pensamiento y Cultura, editado por la Universidad de la Sabana en 2002, se encuentran apartes que reproduzco sobre este rico legado del Santo sobre la familia.

Resalta la claridad con la que se dirigía a las personas llamadas al matrimonio recordándoles que es un camino de santidad, lleno de gozo y alegría. San Josemaría era realista, no miraba la felicidad como la ausencia de dificultades, o por la abundancia de bienes de fortuna, lo cual es irreal. Más bien, consideraba, que es la consecuencia de un corazón enamorado.

El matrimonio

En Barcelona, en 1972, durante un viaje que constituyó una importante catequesis, recordaba:

“El matrimonio no es sólo una satisfacción del corazón, de la vida y de los sentidos. Es también un sufrimiento, tiene cara y cruz, anverso y reverso, como las medallas. El amor hijos, es sacrificio. De modo que el casado tiene que amar a su mujer y demostrárselo. ¡No seáis tacaños! Hay que ser un poco novios toda la vida; y si no, no va. Ir a casa cansado, poniendo una cara larga ¡no va! Vuestra mujer necesita dos besos vuestros, cuando llegáis; pero sin comedia, con naturalidad, con afecto....”

Consejos prácticos

Descendía a consejos prácticos, propios de un buen padre:

“Si el marido llega a casa cansado de trabajar y la mujer comienza a hablar sin medida, contándole todo lo que a su juicio va mal, ¿puede sorprender que el marido acabe perdiendo la paciencia?... Esas cosas menos agradables se pueden dejar para un momento más oportuno, cuando el marido esté menos cansado, mejor dispuesto...”

“Otro detalle: el arreglo personal. Cuanto más años tenga una persona que ha de vivir en el mundo, más necesario es poner interés en mejorar no solo la vida interior, sino-precisamente por eso- el cuidado para estar presentable: aunque, naturalmente, siempre en conformidad con la edad y con las circunstancias. Suelo decir, en broma, que las fachadas, cuanto más envejecidas, más necesidad tienen de restauración. Es un consejo sacerdotal. Un viejo refrán castellano dice que la mujer compuesta saca el hombre de otra puerta”.

Conquistarse cada día

Permanentemente recordaba a los casados la importancia de quererse y conquistarse cada día:

“Para que en el matrimonio se conserve la ilusión de los comienzos, la mujer debe tratar de conquistar a su marido cada día; y lo mismo habría que decir al marido con respecto a su mujer. El amor debe ser recuperado en cada nueva jornada, y el amor se gana con sacrificio, con sonrisa y con picardía también”.

Tarea de dos

Fue permanente su preocupación por vincular activamente al varón en las funciones del hogar, y especialmente en las relacionadas con la mejora personal de los hijos. Decía en 1972, allí mismo en Barcelona, con su habitual fortaleza y sentido del humor:

“Los padres habitualmente sois unos tranquilos: dejáis que las mujeres se encarguen solas de educar a los hijos, y esto es absurdo”.

Muestran esto párrafos, aunque sean unos pocos por la limitación del espacio, que las enseñanzas de San Josemaría son prácticas y atractivas para cualquiera de nosotros.

Fue San Josemaría un visionario que supo adelantarse a su tiempo promulgando la santidad en la vida ordinaria de cada día de manera extraordinaria. Todos podemos ser santos, es decir personas que imitan a Jesucristo, desde nuestra propia realidad de trabajo, condición, estado: soltero, casado, viudo, viviendo de cara a Dios cada día. Así, con ideas claras, con consejos de padre, con gran visión de la realidad humana, fue construyendo, a lo largo de su vida, una realidad, aparentemente nueva en la Iglesia pero vieja como el Evangelio.

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