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El agua está llegando a la comunidad Wayúu

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Desierto, selva seca y húmeda es lo que se puede encontrar en La Guajira. Sus ecosistemas terrestres dan cuenta de su variedad y aunque para algunos sus paisajes pueden resultar un paraíso, la falta de agua no deja de ser un problema para sus habitantes.

Con una población indígena que llega al 42 por ciento y una cobertura de acueducto de tan sólo el 52 por ciento, los indígenas de la etnia Wayúu y campesinos de la región siguen reclamando con urgencia apoyo para contar con técnicas efectivas de abastecimiento de agua.

Para responder ante esta necesidad y como parte del trabajo de responsabilidad social que desarrolla la mina de carbón El Cerrejón en ese departamento, se creó la Fundación Cerrejón para el Agua en La Guajira. Desde hace tres años, trabajan con las comunidades más vulnerables, situadas principalmente en zonas rurales. Su objetivo es diseñar estrategias que permitan  mejorar la disponibilidad y accesibilidad al recurso hídrico.

“Nosotros hemos venido trabajando desde hace tres años, especialmente, en la Baja Guajira. Nos sentamos con la comunidad, en primer lugar, para realizar un diagnóstico sobre sus necesidades y acorde a eso empezamos a ejecutar acciones ambientales, sociales y técnico-productivas como la construcción de tanques en sus viviendas”, explicó Claudia Restrepo, una de las coordinadoras de la Fundación.

“El agua es nuestro futuro”

Cuando María Ulluku se levanta a las cinco de la mañana, casi todos los días, en lo primero  que piensa es en sus hijos y en el futuro. Con la timidez que deja entrever sus expresiones, dice que aunque para algunos el agua es un elemento cotidiano, para ellos es sagrado y a la vez escaso.

En la casa que heredó de sus suegros, ubicada en zona rural del municipio de Hatonuevo (Guajira), se dedica no sólo a las labores domésticas sino a la construcción de un tanque que le permitirá recolectar agua lluvia para atender sus propias necesidades y las de sus seis hijos. 

“Antes nos tocaba ‘arriar’ agua con baldes desde un pozo cercano hasta la casa y eso es muy difícil. Nos tocaba en burro o a veces allá lavábamos y hacíamos otras cosas. De todas formas queda lejos y ahora lo que queremos es ahorrarnos tiempo y que el agüita esté aquí en nuestra casa”, cuenta esta mujer wayúu.

Ese lugar al que se refiere María es la microcuenca Arroyo Paladines. La bocatoma ubicada en el manantial Los Pozos abastece de agua al 40 por ciento de los habitantes del casco urbano de Hatonuevo y a las veredas vecinas. 

Mientras cocina un sancocho con leña, María cuenta que tiene cinco hijas, la mayor de 24 años y la menor de 13. “Mi último hijo si fue un varón. Por eso digo que las mujeres en esta casa trabajamos duro y en la construcción del tanque ayudamos en la mano de obra. Puede parecer algo simple, pero en realidad es algo que nos ayuda muchísimo”, asegura.

Las mujeres de la casa son las encargadas, con ayuda de algunos hombres del resguardo ‘El Rodeito’, de construir desde hace ocho meses el tanque de ferrocemento que les permitirá almacenar agua lluvia para las labores domésticas y para el cultivo de algunos productos como pimentón, tomate, cebolla larga y plantas aromáticas. La jornada de trabajo para ellas comienza a las siete de la mañana y termina a las tres de la tarde.

Aunque su esposo murió hace nueve años, su fortaleza le ha otorgado sabiduría y experiencia. En este momento lo que más desea, según ella, es  que sus hijos “salgan adelante, pues aunque sea pequeñita (risas) lo he logrado hasta ahora y lo seguiré haciendo”. 

Sus ojos no se despegan de la olla y de repente dice “pero espere un momentito que yo si quiero que sepa como es que hemos podido hacer ese tanque. Señora Claudia (grita) venga ayúdeme aquí con una cosita”.

Claudia Restrepo o “la señora Claudia”, como la llama María,  explica que lo que se está haciendo “es un tanque de ferrocemento cerrado con techo y de aproximadamente 18 mil litros. Lo que hicimos fue hacer una captación de agua lluvia en el techo de las casa con unas canaletas adaptadas a las condiciones locales, en donde el agua se conduce primero hasta un tanque de abastecimiento para uso doméstico y  después hay una conducción para el riego de la tierra”.

“Exactamente”, responde María. La idea es que la familia  Ulluku pueda utilizar gran parte del agua almacenada para labores de la casa y el excedente para producción agropecuaria. Es decir, cuando culminé la construcción tendrán la posibilidad de cultivar en una huerta pequeña al lado de su casa. 

“Esto es muy productivo, porque podemos sembrar aquí en esta tierra. Podemos sembrar varias cosas y como ahora tenemos agua sí lo podemos hacer. El agua está llegando a la comunidad Wayúu. Los recursos para los materiales son donados por la Fundación, pero la mano de obra es la labor de nosotros losindígenas”.

Al bajar la mirada asegura que “eso es todo”, que no tiene mucho más que contar. Sin embargo,  lo que tiene claro es que el agua será parte fundamental de su futuro y de la prosperidad de su familia. 

“¿Mi edad?, esa si no la digo, míreme así como me ve soy: morenita, bajita, pero con mucha fuerza para trabajar, cultivar y ayudar a mis hijos. Ellos no quieren estar en otra parte, quieren tener su familia y vivir aquí a donde estamos, en nuestra Guajira”, concluye.

“Yo no tengo educación pero sé las cuatro operaciones”

Con una cartilla de segundo grado, Segundo Uriana aprendió a sumar, restar, multiplicar y dividir. Así lo cuenta con orgullo mientras recoge los alimentos que ha logrado cosechar en los últimos meses. Es vecino de María y al igual que ella nació en el resguardo ‘El Rodeito’. 

“Mi padres eran pobres, mi mamá vivía de las artesanías y de eso nos manteníamos mientras que mi papá iba a trabajar a Venezuela. Yo aprovechaba muchas veces con una cartilla que me encontré para estudiar y para aprender las operaciones, porque yo sabía que las iba a necesitar cuando fuera más grande”, expresa este hombre de 48 años.

Efectivamente fue así. Luego de varios años y de que “aprendiera a trabajar la tierra”,  se casó y tuvo seis hijos. “La situación de mi familia era difícil, porque teníamos que ir al pozo comunitario a hacer todo, me tocaba echar agua planta por planta, pero aún sabía que mi objetivo era lograr vender lo que cosecho. Espero que así sea, gracias a lo que hoy tenemos”.

¿Y qué es lo que hoy tienen? Pues bien, en el caso de Segundo, la Fundación Cerrejón le está ayudando a construir un reservorio de agua y un sistema de riego. “Utilizamos mangueras para que nuestros cultivos puedan recibir el agua y así obtenemos la cosecha más rápido y mejor”.

Productos como la patilla, papaya y ahuyama se pueden observar al recorrer los predios de Segundo. En Wayuunaiki, idioma guajiro o wayúu, resalta la importancia del agua para su familia y parece como si hablase con la tierra para agradecer lo que ésta le brinda.

Aunque el reservorio ya está funcionando, Segundo espera recibir más capacitación por parte de la Fundación para mantenerlo en condiciones apropiadas. De esta forma a mediano plazo podría lograr su sueño: vender sus productos a la comunidad del resguardo y a los habitantes de Hatonuevo.

“Yo tengo más o menos cuatro hectáreas, una para los productos que yo siembro y las otras son potreros para los animales. La meta mía es echar para adelante, porque para mí el trabajo es el futuro y lo que más deseo es poder vender lo que cosecho, por eso digo que aunque no tenga educación, sé las cuatro operaciones y eso me sirve para vender”.

Con una ahuyama en la mano e intentando alzarla con una expresión de triunfo en su rostro, este indígena wayúu dice que en algunas ocasiones sintió que en su tierra el agua no iba a llegar, pero “ahora todos estamos construyendo lo que necesitamos, todos luchamos y gracias a la ayuda del Cerrejón ya es casi una realidad”.

El trabajo de la fundación

La Fundación Cerrejón para el Agua en La Guajira hace parte de un sistema de fundaciones que trabaja en diferentes frentes como educación y salud. Según explica Claudia Restrepo, otro de los objetivos es brindar capacitación para que tanto campesinos como indígenas conozcan nuevas alternativas para resolver sus necesidades primordiales.

“En la primera parte de nuestro proyecto se hizo un diagnóstico sobre las necesidades de la  comunidad. Visitamos cada familia en el resguardo ‘El Rodeito’ y después formulamos un proyecto en donde establecimos sus principales problemáticas y la forma de solucionarlas”, explicó.

Actualmente, se están ofreciendo soluciones para el abastecimiento de agua, saneamiento, higiene y gestión integral de fuentes hídricas. En el municipio de Hatonuevo, específicamente, han resultado beneficiadas cerca de 70 familias.

“En el caso de María, el tanque que estamos construyendo tiene un costo de cinco millones. Tres millones fueron donados por la Fundación y casi dos millones son dados por la misma comunidad con la mano de obra y los alimentos. Esperamos que estos sistemas sean un ejemplo para otros municipios de la Guajira que también los necesita ”, agregó la Coordinadora. 

Durante el 2011, Cerrejón  invirtió  500 millones en este proyecto y para este año se espera una inyección de 300 millones de pesos más. “Esperamos el apoyo de entidades estatales y privadas. De la mano de la comunidad, nuestro propósito es que las personas que viven cerca a la mina tengan apoyo y queden muy bien después de que el Cerrejón ya no esté. Aunque estamos trabajando en un sector, estoy segura que poco a poco él agua estará más presente en este territorio”.

  • En total son cuatro fundaciones: Para el agua de la Guajira, para el Progreso de la Guajira, para el Fortalecimiento Institucional de la Guajira y Guajira Indígena. 
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