Así como el fenómeno climático de El Niño causará un verano fuerte este año y parte del otro y perjudicará el campo y por esa vía a los habitantes de las ciudades con una oferta menor y más cara de comida, la cultura ciudadana también pasa por su propia sequía, y en pocas partes se nota más que en Cartagena.
Corpovisionarios, organización ya famosa por su fundador, Antanas Mockus, la define así: “Como cultura ciudadana se entienden los programas, acciones o proyectos que involucran la participación de todos los ciudadanos, independientemente de su rol social. Los proyectos de cultura ciudadana han sido creados con el fin de inventar o adaptar mecanismos que permitan desarrollar políticas públicas enfocadas a la transformación de los comportamientos de la ciudadanía.
“La cultura ciudadana se centra en dos objetivos fundamentales: en primer lugar, aumentar la capacidad de los ciudadanos de cumplir y cooperar de manera voluntaria; y en segundo lugar, aumentar la regulación social por medio de la armonización de desarrollos formales (jurídicos) con sus correlatos informales (regulación cultural y moral), para lograr así comportamientos, actitudes y justificaciones de la gente que sean congruentes con las políticas públicas”.
El país recuerda cómo Antanas Mockus transformó la convivencia en Bogotá, haciéndola palpable no solo para los bogotanos, quienes entonces se metieron de cabeza en ese cambio de paradigma, sino que era notoria para los visitantes de la capital, produciendo en el resto del país una “envidia sana".
Después de Mockus, los burgomaestres de la capital no la siguieron fomentando, y aunque en Bogotá se siente el retroceso, ni el abandono de las autoridades logró destruirla del todo.
Sin cultura ciudadana Cartagena no podrá avanzar nunca porque se requeriría que cada ciudadano fuese custodiado por un policía, y claro está, cada policía tendría que tener otro vigilándolo a él también, y se necesitaría otro para vigilar al que vigila al primero, y así ad infinitum.
La cultura ciudadana no es una medicina que se toma ni una crema que se unta, sino llegar a una convicción de que es mejor para cada individuo actuar en consonancia con las normas, y de que la incultura del vivo y de los atajos termina perjudicando a todos, especialmente a quienes la practican.
Preguntado por El Universal por qué en Cartagena irrespetan más a los policías y a la autoridad en general que en el resto del país, y esperando que nos respondiera que faltaba ejercer mucha más autoridad, un alto oficial de esa institución nos respondió que la única solución es la cultura ciudadana, incluyendo dentro de la propia Policía.
Es hora de que todas las autoridades de Cartagena, políticas, militares y civiles se unan en este esfuerzo transformador para mejorar la convivencia, y por esa vía la calidad de vida de la ciudad.
Implementar la cultura ciudadana no equivale a sermonear de arriba hacia abajo, sino a dar ejemplo, comenzando por las propias autoridades y personas de estratos altos, muchas de las cuales hacen exactamente lo contrario.
El Universal ofrece sus distintas plataformas mediáticas a la ciudad para derrotar entre todos a El Niño perverso de la incultura.