Un año y un mes tardaron en entregar los restos de Eliana Grau. Su cadáver calcinado fue hallado en la Variante a Mamonal en marzo de 2012.
La pérdida de Eliana Grau es para su familia un dolor que está lejos de haber terminado. A pesar de que la semana pasada la familia Grau recibió el cadáver de la estudiante, de 19 años, el trauma y el dolor no se superan por tantas injusticias y abandono que han tenido que soportar.
El cadáver de Eliana fue hallado junto a otros dos cuerpos calcinados, el 26 de marzo de 2012, en la Variante a Mamonal. Pero el dolor de su familia había comenzado dos días antes porque no se sabía de su paradero.
Una vez las autoridades realizaron el levantamiento de los cuerpos, los familiares de Eliana quedaron pendiente de la confirmación de la identidad de uno de los cuerpos, que podría corresponder con la joven. Pero el calvario de la familia se extendería por más de un año.
Las respuestas
Dos de los cadáveres fueron trasladados de la sede de Medicina Legal en Cartagena, hacia Barranquilla para realizarles ciertos exámenes. Pero cansados y con los recursos agotados por los constantes viajes a Barranquilla para averiguar por la suerte del cadáver, los familiares de Eliana buscaron respuestas a través de El Universal.
En febrero del año en curso, se envió un derecho de petición a esa entidad para indagar sobre el estado de los exámenes y la demora de la entrega de los mismos, oficio que fue respondido el primero de abril de los corrientes.
“El motivo del traslado a la Unidad Básica Barranquilla se debió a la categorización de éstos como caso complejo que requerían abordaje interdisciplinario (patología, antropología y odontología forense), llegando a nuestro servicio el día 27 de marzo de 2012, a las 15:50 horas, iniciándose ese mismo día las necropcias médico legales, serie de radiografías, análisis antropológico y odontológico”, reza el documento de respuesta.
“Una vez se finalicen los estudios de genética le estaremos informando a la autoridad para que ordenen las entregas, y así la familia pueda realizar los actos simbólicos correspondientes, con la certeza de que la persona fallecida que reciben es su familiar”, explica la carta firmada por Pedro Emilio Morales Martínez, subdirector de Servicios Forenses del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses.
La entrega
De esta manera, las autoridades se tomaron un año y un mes en resolver lo que ya se sospechaba, el cadáver era el de Eliana Grau y fue entregado a mediados del mes de abril. Adicionalmente, los familiares una vez recibieron la autorización de la Fiscalía para retirar el cadáver, debieron correr con los gastos de traslado de los restos de Eliana desde la ciudad de Barranquilla hasta el lugar de su sepultura en Cartagena, pues la entrega por motivos desconocidos se realizó en donde se realizaron los estudios y no a dónde el cadáver fue ingresado, generando mayores incomodidades para ellos.
El padre de Eliana quien ha vivido un calvario todo este año teniendo que explicar a sus hijos pequeños que su hermana no volverá, recibió un poco de ayuda de sus compañeros taxistas para comprar la caja fúnebre; pero aún faltaba el traslado desde Barranquilla y la adquisición del nicho donde sería sepultada su niña.
El señor Grau, quien durante todo el suplicio ha pedido la reserva de su nombre, prestó dinero para que la mamá de Eliana pudiera ir hasta la capital del Atlántico a reclamar los restos y traer la caja hasta Cartagena, pero su mayor dolor de cabeza fue comprar el nicho. Para ello debió pedir otro préstamo por $800 mil pesos que pagará con intereses pero con la certeza de que su hija recibió cristiana sepultura.
Sin ayudas
Sin embargo, lo que más le ha dolido al señor Grau es el total abandono del Estado para con su familia. Este padre de familia, que se ganaba la vida como taxista, bajó más de ocho kilos desde la muerte de su hija mayor. El primer mes, dejó de trabajar y cuando volvió a sentarse al volante lo primero que hizo fue ir al lugar donde encontraron los cadáveres a llorar la pérdida de su hija.
Pero su vida no sería tranquila nunca más, por la forma como fueron hallados los cadáveres y los interrogantes alrededor de este caso, el señor Grau vivía atemorizado mientras desempeñaba su labor. Le preocupaba tener pasajeros masculinos en las noches, desconfía de todos y teme por la vida de su familia.
Sus hijos pequeños han sufrido mucho preguntando por su hermana, guardan rencores por quienes se la llevaron y aún no entienden que no volverá. Su padre ansía un tratamiento psicológico para ellos, pero ninguna entidad del Estado se ha preocupado por ellos, todo lo opuesto, les han llegado a insinuar que no hablen con nadie del asunto, condenándolos a una vida de dolor en silencio.
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