Un funeral en el Islote, la isla más poblada del mundo

Santa Cruz del Islote
Todos en el pueblo lloraron la partida de Nel Horacio Cardales Correa, un gran pescador y buen amigo. // ANÍBAL THERÁN TOM-EL UNIVERSAL
Santa Cruz del Islote
La pequeña plaza de la isla, sitio de encuentro de todos. // ANÍBAL THERÁN TOM-EL UNIVERSAL
Santa Cruz del Islote
La isla densamente más poblada del mundo, vista desde el mar. // ANÍBAL THERÁN TOM-EL UNIVERSAL
Santa Cruz del Islote
Juvenal Joaquín Julio Berrío, el guía de turismo del poblado, recorre las callecitas de Santa Cruz del Islote. // ANÍBAL THERÁN TOM-EL UNIVERSAL
Santa Cruz del Islote
En lancha llevaron el cuerpo de Nel Horacio hasta Tintipán, la isla vecina donde entierran a los muertos de Santa Cruz del Islote. // ANÍBAL THERÁN TOM-EL UNIVERSAL
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A Nel Horacio Cardales Correa lo pasearon por las ocho calles de Santa Cruz del Islote. Ese fue su deseo y se lo advirtió a sus hijas cuando sintió de cerca la muerte.

El pescador de 79 años había presentido su partida hace un mes, cuando soñó que pescaba un mero gigante que, después de morder el más grande de sus anzuelos, se abalanzó sobre su cuerpo negro y magro, y le arrancó de un tajo su cabeza.

Después del sueño manifestaba sentirse cansado, aturdido y comenzaron los problemas con la presión arterial. En varias ocasiones habló a sus amigos y familiares sobre su final y pidió que su cuerpo fuera paseado por las callecitas de la isla donde nació y murió.

Nel lo repitió varias veces: “Déjenme morir aquí, no me lleven a Cartagena”. Pero sus hijas no le hicieron caso y lo llevaron a una clínica de Cartagena de Indias, ciudad a la que nunca pudo conocer, salvo en fotografías de periódicos o por las imágenes que pasaban por su pequeño televisor a blanco y negro.

Nel, el hombre que nunca peleó con nadie, ni con su sombra, se fue en paz para Tintipán, la isla donde entierran a todos los muertos de Santa Cruz del Islote, la isla más densamente poblada del planeta.

Los 1.245 habitantes de la isla lamentaron la partida de Nel y participaron de un ritual ancestral que consiste en llorar al muerto hasta desmayarse. Por lo menos así lo hicieron sus hijas, nietas y nietos, quienes rezaron padres nuestros y avemarías para despedirlo.

Es muy extraño que un forastero presencie un funeral en Santa Cruz del Islote, pues Dálida de Hoyos fue la última en morir, también del corazón, el 19 de julio del año pasado. En Santa Cruz del Islote casi nadie muere, dicen los nativos, por la comida de mar y la serenidad con la que todos nacen.

“Mueren pocos, pero nacen muchos”, advierte sin remilgos Juvenal Joaquín Berrío, buzo y guía de turismo que se la pasa llevando turistas a Isla Múcura, un paraíso tropical localizado frente a Santa Cruz del Islote. Aquí la gente casi ni se enferma, quizá porque el alimento principal es el pescado y los frutos del mar”.

“Lo cierto es que el promedio de habitantes por casa en Santa Cruz del Islote es de 12, pero ahorita hay como 13 por casa, porque ahora las mujeres están pariendo más”, recalca el pescador de langosta más conocido de la isla.

UNA ISLA AUTÉNTICA

Todo en Santa Cruz del Islote es sui géneris. Las casas no tienen patio y la mayoría no tiene baños, todo por la falta de espacio. Por eso no hay siquiera una cancha de microfútbol.

La isla tiene aproximadamente 1 hectárea de extensión (10.000 m2) y 97 casas construidas, incluido el colegio y el puesto de salud.

Está localizada frente al Golfo de Morrosquillo, mucho más cerca del Departamento de Sucre, pero pertenece al Distrito de Cartagena de Indias.

Hay que pagar $500 para usar la letrina pública, pero la mayoría de las personas usan el mar para hacer sus necesidades.

En Santa Cruz del Islote no hay vegetación, ni siquiera un sembrado de yuca o maíz, porque no hay dónde hacerlo. La isla crece cada vez que los pescadores traen piedras coralinas que colocan alrededor para protegerla de la furia del mar. 

Sus habitantes son devotos a la Virgen del Carmen. “Es ella —aducen algunas mujeres— la que nos hace los milagros, por ejemplo, cuando no llueve se le reza para que nos mande un aguacerito y casi siempre nos concede el milagrito”, dice Betsabé Hoyos Altamar, uno de los isleños que se mudó hace poco para Rincón del Mar, corregimiento de San Onofre (Sucre), a media hora en lancha desde la isla.  

Los habitantes de la singular isla deben pagar $2.500 diarios para tener energía eléctrica todos los días, de 5 de la tarde a 12 de la noche.

“Es la energía más cara del mundo porque debemos comprar el combustible para la planta que nos regaló Surtigás”, dijo el pescador Deoncis Berrío de Hoyos, quien aprovechó para reclamarle al Distrito más atención para con los isleños.

En la isla no hay una sola mesa de billar, ni ningún tipo de juegos, por lo que los jóvenes y adultos se divierten escuchando las historias de los más ancianos.

LOS INICIOS

Santa Cruz del Islote comenzó a ser habitada hace más de 200 años, según Juvenal Joaquín Julio Berrío, un curtido pescador que se ha convertido en guía para los turistas que atraídos por la curiosidad visitan la isla.

“Hasta aquí llegaron Fermín Ortiz y Gabino Julio, mi tatarabuelo, dos pescadores de Barú... una noche después de una faena magistral en la que capturaron un mero de más de 100 kilos que luchó por más de 12 horas con los hombres de mar. Ellos pernoctaron y se dieron cuenta que en la isla no había mosquitos ni jején. Después de ese día volvieron para quedarse con sus familias y así comenzó a poblarse la isla, pues otros pescadores de la zona comenzaron a llegar. Por eso predominan los apellidos Berrío, Castillo y De Hoyos. Aquí todos somos familia”, dice Julio Berrío.

Aunque recalca que se han hallado osamentas y utensilios de barro, lo que indica que en el pasado la isla estuvo poblada por indígenas pescadores.

“El Islote es la isla más poblada del mundo por proporción. Contando los que se han ido, aquí han nacido unas 1.245 personas que viven de la pesca y del poco turismo que nos visita”, dice.

Lo cierto es que Santa Cruz del Islote no tiene playas, ni siquiera un buen bar donde se pueda atender a un turista, pero en cambio tiene un pueblo que no conoce los secretos, porque parece que todos vivieran en la misma casa. No hay policías y no se necesitan porque no hay problemas.

“Todo lo resolvemos nosotros mismos. En los tiempos de mi infancia, cuando vivía Hermelinda Alvarado, una matrona dueña de una bondad infinita, ella arreglaba las peleas entre marido y mujer o mediaba en los casos de infidelidad. Hacía lo que fuera para evitar disputas y agresiones”, comenta Julio Berrío.

“El Islote es un buen vividero, pero necesitamos que nos conozcan más. Nosotros no tenemos playas, pero al frente está la Isla Múcura, donde hay unas hermosas playas y vegetación exuberante. Nos deberían incluir en las rutas turísticas los grandes hoteles”, señala el pescador de langostas.

***

Minutos después de que partieran las cinco lanchas que acompañaron a Nel Horacio Cardales Correa al Cementerio de Tintipán, María Josefa, mujer gruesa, de avanzada edad, lloraba con desconsuelo advirtiéndole a otras personas de su misma edad que la muerte estaba rondando. “A quién se llevará Nel?”, terminó preguntando entre sollozos.

 

 

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