“Su captura desató una gran operación militar de persecución, en la que, como ya es costumbre, lo menos que tienen en cuenta es la vida de los retenidos. Sin tiempo para comunicar su situación a sus superiores, los milicianos que los conducían, acosados por media docena de helicópteros artillados y múltiples patrullas, se vieron obligados a proceder contra ellos, cuidándose de no emplear sus armas de fuego por razones de seguridad”, dice el comunicado.
Así mismo, dicen lamentar la muerte de los dos miembros de la fuerza pública e informan que el oficial y el patrullero se encontraban en el corregimiento San Luis Robles, “vistiendo ropas civiles y en ejercicio de tareas relacionadas con la labor de consolidación correspondiente al Plan Espada de Honor II, adelantado por las fuerzas armadas colombianas contra la insurgencia y la población de las zonas rurales en todo el país. En esa condición, fueron detenidos por milicianos de la columna Daniel Aldana de las FARC-EP”.
Según la insurgencia “hay voces enfermizas que ante situaciones como estas lanzan las más rabiosas diatribas y llamamientos al odio y la guerra. Esos han sido y siguen siendo los principales responsables del desangre que padece nuestra nación”.
Y defienden el proceso de paz de La Habana: “ese proceso constituye la única alternativa viable, civilizada y humana de poner fin a tan larga confrontación. Seguiremos apostando a eso por encima de las provocaciones y operaciones militares en curso contra nosotros”.
Cabe recordar, que el pasado 19 de marzo el director del Instituto Nacional de Medicina Legal, Carlos Valdés, confirmó que los dos uniformados recibieron varios golpes en su cuerpo antes de morir, lo que quiere decir que fueron víctimas de tortura.
“Encontramos múltiples lesiones repetidas de tipo contundente en diferentes partes del cuerpo, con diferente intensidad, lo que les produjo intenso dolor. Además se encontraron ataduras y no hay duda de signos de tortura en los cuerpos”, dijo Valdés.
Los cuerpos de los dos policías fueron encontrados por las autoridades el pasado 18 de marzo, luego que el 15 de ese mismo mes se reportaran desaparecidos. Los cuerpos de los dos uniformados fueron encontrados en la vereda de San Vicente, en zona rural de Tumaco (Nariño).