comscore
Colombia

Le llegó el momento al desescalamiento del conflicto

Compartir

Por Argemiro Piñeros Moreno y Lorena Beltrán

En febrero pasado el entonces vicepresidente de la República, Angelino Garzón, hizo una propuesta que quedó sin mayor comentario: la necesidad de humanizar la guerra. Para ello proponía ocho puntos que, pedía, pactaran el Gobierno Nacional y las Farc en el marco de la mesa de negociación.

Nueve meses después ese planteamiento de Garzón cobró fuerza repentina, pero ya no como la humanización de la guerra sino como el desescalamiento al que deben llegar las dos partes antes de terminar de negociar y pactar la terminación definitiva del conflicto.

La humanización o el desescalamiento llegó a la opinión pública con la controvertida retención del general Rubén Darío Alzate, de un cabo, de tres soldados y de una civil, en dos hechos distintos, por los cuales el proceso de paz quedó suspendido y con dudas hacia el futuro.

¿Qué es desescalar la guerra? Que las partes: Gobierno y Farc lleguen a unos acuerdos mínimos sobre que la violencia disminuya en sus diferentes formas, como enfrentamientos, reclutamientos y minado de territorios por parte de las Farc.

En tal sentido se pronunció el director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), Jorge Restrepo, quien estima que “desescalar el conflicto significa que la violencia sea menos dañina, es decir que afecte menos a la población civil y que la confrontación sea dañina solo para la contraparte. Lo que sería en la guerra colombiana, por ejemplo, impedir los ataques que afectan a la población civil directamente, proteger escuelas, acueductos, que cuando se haga un ataque a la infraestructura no se afecte a la población, parar la siembra de minas, devolver niños de las filas, detener el reclutamiento infantil, no atacar ambulancias, o secuestrar civiles con fines extorsivos”.

Sin detenerse en definiciones, es muy crítico de la idea el excomisionado de paz Lázaro Viveros, porque estima que “usar esa palabra de ‘desescalamiento’ es decir que baje un poquito, pero que siga el conflicto y creo que eso no se debería usar, porque en un país hay o no hay conflicto, sin términos medios. Pero bajar el tono a las acciones no vale la pena mencionarlo, porque sería justificar en parte lo que se está haciendo, cuando lo que se debe hacer es terminar la guerra”.

El tema no aparece en la agenda de las partes que se discute en La Habana, pero sí se ha empezado a hablar en la subcomisión que está revisando cómo serían el cese el fuego, la dejación de las armas y la política de justicia transicional.

De llegar Gobierno y Farc a encontrar un mecanismo para dar pasos en el desescalamiento del conflicto, tendría diversas formas de verse y de aplicarse.

Para el sacerdote jesuita Edwin Murillo, decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana, ese camino podría llevar a dos escenarios positivos: "De un lado, la mayoría de la población colombiana quiere resultados ya y eso se traduce en que haya un cese bilateral de hostilidades y que se concrete el desarme de todos los insurgentes”.

El otro escenario que plantea el decano es que “beneficiaría en la medida en que se pueden ir dando muestras paulatinas de que hay voluntades de parte y parte para llegar a un cese y un acuerdo mucho más concreto. El desescalamiento podría servir, porque la idea surge en un momento de presión, en el que por fin el cese de hostilidades podría darse poco a poco”.

Pero, vuelve a advertir el excomisionado Viveros, llegar al desescalamiento no depende sólo de las dos partes: “Esto no se puede manejar entre dos actores como son el Gobierno y las Farc, sino con todos los actores del país, para que no ocurra que mientras unos desescalan, otros escalonan”.

Agrega que “podría ser utilizado por otros grupos para romper la negociación, porque si se comete un acto violento, que no sea por culpa de las Farc sino de otros, sería terrible”.

EL QUE PONE MÁS

El tema ha sido visto con mucho escepticismo, en especial por los sectores críticos del proceso de paz, quienes consideran que si se llega a ese escenario o incluso al cese bilateral del fuego, lo único que se haría es fortalecer a las Farc militarmente.

Aunque el Gobierno por el momento parecería no querer entrar de lleno a hablar del tema, si ha sido explícito –tanto de parte del presidente Juan Manuel Santos, como del jefe negociador Humberto de la Calle— que primero deben haber gestos verdaderos de paz y que el cese al fuego bilateral sólo sería en la última etapa del proceso, es decir cuando ya las Farc hayan aceptado firmar y estar en camino formal a su desmovilización.

Sobre qué tendría que dar el Gobierno, expertos dicen que no sería tanto ceder, sino más bien una cuestión de continuar ahondando en la voluntad política y en el deseo real de que se vayan dado las condiciones para la firma de un acuerdo.

En concepto del sacerdote Edwin Murillo, un riesgo que corre el Gobierno es que “las Farc no están unificadas, ellos tienen un fraccionamiento interno como lo hubo en las AUC que se desmovilizaron y por eso se replicaron las bacrim”.

Por su parte el director del Cerac, Jorge Restrepo, sostiene que el Gobierno “podría permitir que enfermos presos de las FARC puedan ser liberados, permitir que sean operados para que les pongan prótesis, darles asistencia legal a algunos de esos presos, dejar de pensar en los bombardeos con determinado tipo de bombas y, por qué no, limitar acciones contra los miembros del Secretariado”.

Así, el tema está sobre la mesa, planteando nuevas decisiones que deberán tomar las partes. Lo que parece claro es que ese paso ayudaría a consolidar el proceso de paz y, sobre todo, a mostrarles a los colombianos que la negociación trae hechos concretos y tangibles.

Mesa de negociación entre las Farc y el Gobierno colombiano en La Habana, Cuba. COLPRENSA
Mesa de negociación entre las Farc y el Gobierno colombiano en La Habana, Cuba. COLPRENSA
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News