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Julio Rojas, acordeonero eterno

Los rayos del sol recordarán la calidez que diferenciaba a Julio Rojas de otros artistas.

El maestro del acordeón, nacido en San Juan Nepomuceno, falleció a los 57 años a causa de un paro cardíaco.

Su música, afirma el periodista Rubén Álvarez, le hará bastante falta al vallenato.

“Lo que más recuerdo es que era un excelente conversador”, empieza Álvarez, “su mejor época, sin duda fue con Ricardo Maestre. Grabaron unos cinco Long Play. Ellos lograron darle mucho realce al son, mejor dicho, lo revivieron”.

Todo comenzó en el año 1983, con un trabajo: Volvieron y Soy el rey. Les siguen las producciones Alma enamorada, Mensaje de cariño (1985) y No hay quinto malo (1986). Las cuatro bajo el sello Sonolux.

Desde que se inclinó por la música, Julio Rojas participó en casi todos los festivales vallenatos del Caribe, y casi todos los ganó. Como todo acordeonero, su sueño más grande era convertirse en Rey Vallenato, lo cumplió en 1983 y repitió la hazaña en 1994.

En 1978 también ostentó un título. “Al principio le costó mucho trabajo, pero alcanzó su primera corona en la categoría Semiprofesional, cuando existía, porque ya no existe esa categoría”, asegura Rubén.

Rojas grabó con Lizardo Bustillo, Gustavo Bula, Joaco Pertuz y Henaldo Barrera “Diomedito”.

Para su último proyecto, a inicios de 2016,  el acordeonero compartió créditos con el maestro Poncho Zuleta, en Mis Clásicos Preferidos. “Por siempre mi hermano. Descansa en paz, Julio. Pérdida irreparable para el vallenato auténtico”, escribió Poncho en su Twitter oficial.

Junto a los grandes
En 1996, hace ya veinte años, Daniel Samper Pizano y Pilar Tafur celebraron la edición de “Cien años de vallenato”, una recopilación de clásicos con melodías puras.

Eligieron a Ismael Rudas para que fuera el encargado de escoger y dirigir a los músicos en este proyecto. “Uno de los primeros escogidos fue Julio”, comenta con emoción Rubén.

Otro periodista, Aníbal Teherán Tom, sólo tiene palabras de afecto para su entrañable amigo. “Dios le dio el don de la música y de la amistad”, dice con la voz entrecortada. “Era la persona con el carácter más afable del mundo, el mejor de los amigos, el que siempre tenía un cuento”.

Julio, según cuenta Teherán, buscaba rescatar el Festival de Arjona, y también vislumbró un concurso femenino en esa misma competencia para darle voz a las mujeres, relegadas en el vallenato.

Del triunfo del acordeonero en el año 1978, no sólo le quedó el trofeo, sino las mariposas amarillas de Gabriel García Márquez, juez en la competencia y con quien consolidó una amistad que perduró entre música y letras.  “Últimamente se le dio por escribir, en cualquier momento me mandaba un texto, para que lo revisara”, recuerda Aníbal.

A Julio, hombre tranquilo y sereno, le sobreviven cuatro hijos, Julio Alfonso, Julio Alejandro, Julio Mario y Julio César, con quienes convivió hasta el día de su deceso.
“Invitamos a todos los sanjuaneros, los Reyes vallenatos y a la familia del folclor a la despedida del gran Julio César Rojas Buendía, en medio de cantos de acordeones, esos mismos que lo acompañaron toda su vida”, anunció la Alcaldía de San Juan en un sentido comunicado.

El sepelio del artista se cumplió hoy a las cuatro de la tarde, en el Cementerio Universal de Barranquilla. Paz en su tumba.

Una anécdota entre Julio y Gabo
“Cuando Julio fue al Festival en 1983, uno de los jurados fue Gabriel García Márquez. Acababa de ganarse el Nobel, así que todo estaba revolucionado con su llegada. Gabo propuso que para conocer más sobre la música que iba a juzgar, deberían invitar a todos los participantes para que tocaran, entonces invitaron a todos menos a Julio. Ese hombre corrió y corrió pero llegó tarde a esa presentación, donde estaba La Cacica, Consuelo Araújo; Gabo y Escalona, que ya lo conocía. Julio se acercó al escritor y le dijo ‘maestro, me presento, soy Julio Rojas Buendía’. Le mostró la cédula. Entonces Gabo le dijo, “aléjate de mí con ese apellido porque si ganas van a decir que ganaste por el parentesco (con los Buendía de Cien años de Soledad)”. Efectivamente Julio ganó, pero por su talento y porque todos consideraron que era el mejor, y de ahí empezó una bonita amistad con Gabriel García Márquez”, relata Aníbal Teherán.

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