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José Quintana: "mi familia es mi gran motor de lucha"

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10:45 de la mañana del 24 de junio de 2016.  Alfonso Piña, un exvecino  del barrio Los Corales en Cartagena, hoy radicado en Chicago, me transporta en su vehículo   hacia el apartamento de José Quintana, el estelar lanzador bolivarense que milita en los White Sox en el béisbol de las Grandes Ligas.

La Avenida Michigan, una de las principales arterias que atraviesan la ciudad de Chicago, en el estado de Illinois, luce despejada y eso hace  el recorrido más corto.
Al entrar al apartamento del Grandes Ligas observo una conmovedora imagen. Quintana tiene en sus brazos a Ariadna, su hija de seis meses, a la que consciente  y pechicha con mucho amor.

“Pasen, pónganse cómodos, están en su casa”, dice con amabilidad Quintana, quien entrega a Ariadna a su esposa Michel Montaña para así atender la entrevista con El Universal.

Inicios

De inmediato, José despeja las dudas de su verdadero origen acabando así con la polémica sobre su nacimiento.

“Abrí los ojos por primera vez en  Cartagena, ahí nací.  Yo vivía en Arjona (Bolívar), pero a los seis años mi papá, por razones de trabajo,  nos llevó para Barranquilla.  Empecé a jugar béisbol cuando tenía 10 años. Jugué en Padres de la Victoria en Barranquilla, ese fue mi primer equipo”, comenta Quintana.

Se queda en silencio unos segundos, luego recuerda su niñez. Esos  momentos especiales en su vida los guarda en el corazón.  “Me considero bolivarense, amo a Arjona, ahí está gran parte de mi familia,  son muchísimos los recuerdos de mi infancia, pero  no puedo negar que tengo mi pedacito también del Atlántico, que me acogió bien”.

De ahí en adelante, el diálogo es fluido, la conversación  muy  amena, sin ni siquiera haber iniciado la entrevista,  Quintana relata sus vivencias en el béisbol aficionado.  Se emociona hablando, no para.

“En el 2005  estuve en la Academia de los Astros de Houston en Cartagena. Ahí  duré un año y luego pasé a la Academia del Team Rentería, en donde fui firmado por los Mets de Nueva York,  equipo con el que estuve  dos temporadas.  De ahí pasé a los Yanquis y después a los White Sox”, relata mientras se pone cómodo en el sofá de la amplia sala de su apartamento, situado bien cerca del estadio U.S. Cellular Field, en donde el suele protagonizar grandes gestas en Chicago. 

Sus mentores

Entonces, Quintana pone a volar su mente, se traslada al pasado, no olvida a su gente, a aquellos que siempre lo apoyaron en la pelota caliente.

“Orlando Acosta (q.e.p.d.) fue la primera persona que me enseñó a jugar béisbol en Barranquilla. Harold Herrera, ‘El Mello’ Sierra, Boris Villa y Guillermo Ramírez también me dieron una mano importante. Uno tiene que ser agradecido compa. Ahora que me vayas a hacerme la entrevista no se te olvide meterlos a ellos en la nota”, agrega.

Me dio risa esto último que dijo, pues sin hacer la primera pregunta, para mí,  la entrevista ya había empezado. Quintana estaba fajado hablando, contando detalles de su vida en el béisbol, esos que nutren este tipo de crónicas. 

Ser agradecido, agrega,  es una de las cosas que le enseñaron sus viejos (Abel Quintana y Maribel Guardo). Y él cumple fielmente esta recomendación.  “Tampoco dejes por fuera a mis tres ‘valecitas’:  al mexicano Alejandro Martínez y los dominicanos Leyson Séptimo y Héctor Noesí, estos dos últimos mis panas en los White Sox y el primero en los Yanquis”. 

Fútbol,  su otra pasión

Piña, el señor que gentilmente me llevó a la casa del Grandes Ligas, interrumpe ese momento. “José pero a ti te gusta mucho el fútbol, cuenta algo de eso”.

Quintana, entonces hace el cambio de frente, pasa del béisbol al fútbol sin ningún problema.  “Siempre ha sido algo muy grande para  mí, lo sigo mucho, soy hincha del Real Madrid,  Junior y, además, estoy pendiente al Real Cartagena”.

Le pica la lengua por hablar de la selección Colombia. No se aguanta. “El equipo hizo un gran torneo en la Copa América, la aspiración era la final y no se pudo, pero considero que hizo las cosas bien, hay que mirar también que se enfrentó a un poderoso rival como Chile. Para mí hay equipo pensando en lo que viene. Nos toca enfocarnos en las Eliminatorias compa, el objetivo es el Mundial de Rusia”. 

El reloj marca las 11:23 de la mañana. A esa hora, después de  escuchar  atento cada una de las apreciaciones de José, le pregunté por el significado que tiene para él Ariadna y Michel, qué recuerda de las enseñanzas de sus viejos y qué se le viene a la mente cuando escucha el nombre de Arjona.

No titubea ni un solo instante para contestar, lo hace de una, responde desde lo más profundo del corazón. “Ariadna y Michel son mi motor de lucha, una gran motivación para mí, son el impulso que necesito para demostrar lo grande que puedo ser en este juego. De mis padres recuerdo sus  consejos, la educación que me dieron, eso ha sido clave en mi vida y de mi pueblo los juegos en el polideportivo de Arjona, en donde realizábamos partidos de béisbol, fútbol y volábamos barrilete”.
 

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