La Transición Energética (TE) es una necesidad urgente e inaplazable, pero en ella no hay almuerzo gratis. Reemplazar la producción de energía a partir de hidrocarburos por fuentes de energía no convencionales y renovables (FNCER), como el sol, el viento y la biomasa, es imperativo para evitar la crisis del calentamiento global, pero el camino para lograrlo está atravesado de varias paradojas difíciles de resolver.
La primera, el aumento de uso de las FNCER no garantiza que se disminuya el uso de hidrocarburos, ni la emisión de gases invernadero. La energía eólica y solar ha pasado de representar hoy cerca del 15% de la oferta de energía y se espera que se duplique en las próximas dos décadas. Sin embargo al mismo tiempo el uso del petróleo y el gas continuará creciendo por otros 20 años.
La demanda de energía sigue aumentando, y toda la enorme inversión en FNCER no es suficiente para satisfacer esa demanda. El crecimiento de la población, el desarrollo de regiones pobres y el uso de energía por centros de cómputo explican el gran aumento de la demanda energética.
Segunda paradoja: la TE es muy costosa y países como Colombia necesitan producir más petróleo y gas para consumir menos petróleo. En la COP 29 se presentó un informe que estima que las necesidades de inversión en FNCER son del orden de 4.5 billones dólares por año, es decir el 4% del PIB mundial, de los cuales 1.5 billones corresponden a los países en desarrollo.
Mientras haya demanda por hidrocarburos -que seguirá creciendo- el petróleo, el gas y el carbón son una fuente de recursos para financiar la TE. Colombia solo produce el 0.7% del petróleo mundial y dejar de producirlo solo nos perjudica a nosotros porque la demanda no va a disminuir y otros países nos reemplazarán.
La tercera, hacer la TE para conjurar la crisis ambiental tiene un costo ambiental: producir energía con FNCER para evitar el calentamiento global implica afectar la naturaleza y los ecosistemas. Las energía limpias necesitan enormes cantidades de minerales como cobre, litio, cobalto, níquel o grafito, lo que significa más actividad minera. Solo en el caso del cobre se espera que en la próxima década se debe duplicar la producción. ¿Dónde se va a hacer? Las protestas de los ambientalistas obligaron a cerrar la mayor mina de cobre en Panamá.
La conclusión clara es que la TE no se trata solo de energía; se trata de rediseñar toda la economía global y resolver estas y otras paradojas para que sea exitosa.

