Entre más conozco los logros del emprendimiento, mayor es la admiración que me inspira. El empresariado colombiano y sus distintas agremiaciones han logrado con valentía convertir sus sueños en propósitos estructurados para que produzcan riqueza, soportando no pocos riesgos latentes en nuestro país, cumpliendo con regulaciones y normas, ayudando a conectar las realidades del mercado con las necesidades del Estado, y sobre todo, generando empleos formales e impuestos para la nación. Son muy eficientes en la generación de bienestar social y por ende en elevar el nivel de vida de sus colaboradores, generalmente por medio de salarios formales, beneficios y otras prebendas extralegales. Cada empleado contento y cada comunidad que acoge la empresa privada potencializa la formación de una familia próspera, con sus propias aspiraciones. Son estas familias las que dan estructura a una sociedad pujante, abono para esperanzas, sueños y propósitos permitiendo que el ciclo que comenzaron los emprendedores continúe dando frutos y expandiéndose, y facilitando un vínculo de agradecimiento mutuo. ¿Y cómo no puede esto generar en consecuencia una verdadera paz?
Aunque parezca irónico, con la globalización se reveló la importancia de la localía. Multinacionales perdieron fortunas porque no siempre pudieron acoplarse al modus operandi local. Por eso entre más fuerte se hizo la red de interdependencia económica mundial, mayor importancia cobró el talento y la experticia local. Así mimo, las sociedades necesitan líderes locales enfocados en la región. Los ciudadanos nos estamos dando cuenta de la importancia de tener gobiernos locales fuertes, inspiradores de sentido de pertenencia, sin tener que estar dependiendo de un gaseoso centro. Grandes empresarios no necesitaron en sus comienzos de ayuda del gobierno central. Para abrir una tienda de esquina no se requiere una cita con algún ministerio. Que la tienda de esquina luego se convierta en un centro comercial es el trabajo de una mente emprendedora, no del gobierno central. Tampoco consultas con el ministerio el día que decides formar una familia o elegir un trabajo. Luchamos por nuestro futuro conociendo lo que necesitamos, no vamos a Casa de Nariño para esas cosas.
Hay que magnificar la importancia de la empresa, la fortaleza de la familia y el compromiso de gobiernos locales, porque todo combinado representa la firma de un documento de confianza. Las regiones crecemos sobre serenas llanuras donde el pasto de la confianza se multiplica. Los atardeceres sobre el mar son una pintura que augura mejores mañanas si ofrecemos confianza y creemos en la que se nos ofrece. Dime en quién confías y revelarás hacia dónde se dirige tu vida, la de tu empresa y la de tu familia.
