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Columna

Medicina: excelencia invisible

“Los médicos no somos empleados, somos misioneros y, en medio del caos reinante, las reflexiones del doctor Quintero, bálsamo en este país inundado de leyes castradas...”.

HENRY VERGARA SAGBINI

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Recién salidos de la Semana Santa rememorando la pasión, muerte y resurrección de Jesús Cristo, retornamos al viacrucis de nuestros pacientes enfrentando barreras de espinas impuestas al sistema de salud de los colombianos. Por fortuna, aparecen luces en el camino: tercer debate de la Comisión Séptima del Senado, luego sala plena y, finalmente, su archivo o promulgación.

Dios nos guarde y prevalezca la sensatez y el bien común por encima de autoritarismo y puntadas con dedal, mientras el cuerpo médico, convidado de piedra, deja escuchar su voz resumida en el artículo que el doctor Stevenson Marulanda, presidente del Colegio Médico Colombiano, nos compartió para reflexionar, autoría del doctor Luis C. Quintero MD, PhD NIH/NCI-USA JAMA: “En la práctica diaria de los galenos existen verdades que no quedan consignadas en historias clínicas ni publicaciones, decisiones que nadie observa ni sacrificios sin aplausos, pues todo, o casi todo, ocurre a puerta cerrada, en silencio: heroicas batallas sin estruendos, vidas salvadas sin ceremonias, verdades dichas sin eco: LA EXCELENCIA INVISIBLE, batallas ganadas sin aplausos, vidas rescatadas sin fotografías ni guiones, pacientes liberados de las garras de la muerte que jamás sabrán el nombre del galeno; sin embargo, los ejecutivos de la salud insisten en publicitarlos y medir el impacto en función de la inversión y tasa de retorno para demostrar su sostenibilidad económica y eso no va con nosotros: la medicina espectáculo o como negocio viola principios fundamentales. La excelencia ocurre en plano invisible y no se refleja en libros de contabilidad, sobre todo en una sociedad que premia el ruido por encima de la sustancia, la marca personal sobre el impacto colectivo y el liderazgo medido en likes, no en vidas transformadas sin hacer alarde de éxitos. No se trata de ser el mejor, sino de ser útil y humanitario porque, si lo que hacemos solo tiene valor cuando es visible, perdimos el rumbo: la medicina no es tarima, es acto de respetuoso silencio sin aplausos cuando cae el telón, la verdadera grandeza no brilla, irradia”.

Los médicos no somos empleados, somos misioneros y, en medio del caos reinante, las reflexiones del doctor Quintero, bálsamo en este país inundado de leyes castradas, donde el computador y no la palabra sanadora del médico, se apropió del protagonismo desechando el principio ético: “No hagas a otro lo que no quisieras que hagan contigo”. ¿Quién lo duda? Salud, derecho violado: cada 34 segundos se presentan tutelas inocuas, reclamando el sagrado y constitucional derecho. Camino al Gólgota ojalá presidente y congresistas eviten su crucifixión.

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