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Columna

El papa Francisco y la tolerancia

“Renovemos nuestra esperanza y nuestra confianza en los demás, incluso en quienes son diferentes a nosotros o vienen de tierras lejanas, trayendo costumbres, formas de vida e ideas desconocidas. Porque todos somos hijos de Dios”.

Orlando Díaz Atehortúa

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Escribo este artículo el 22 de abril, Día de la Tierra, el cielo está gris y las malas noticias nos abruman. El día lunes 21 de abril murió el papa Francisco. Este pasará a la historia como un ser iluminado, que dio un mensaje fuerte a favor de nuestra “Pachamama”. En su encíclica “Laudato Si” destacó que la Tierra es “nuestra casa común”, hizo un llamado a la conversión ecológica, la necesidad de cuidar los mares y la Tierra, afirmó que la hecatombe ecológica es una crisis social, que la destrucción del medio ambiente afecta a toda la humanidad, especialmente a los más vulnerables, su llamado: “El cambio climático y la pérdida de la biodiversidad son amenazas reales que requieren una respuesta inmediata y coordinada”.

La sabiduría del papa no solo se denota al tratar sobre la Tierra, sino también en priorizar la justicia social y el humanismo, no le tembló la voz al tratar sobre la cruenta guerra que libra Israel contra Palestina, enunció que la muerte de niños, de personas desvalidas y desprotegidas es inaceptable (ya van más de 610 niños muertos desde el fin del alto al fuego en esa franja de Gaza, donde se declaró un estado de hambruna generalizado).

Es indudable que echaremos de menos al Jesuita Jorge Mario Bergoglio, a quien lo conocemos más como Francisco, así fue que eligió llamarse, recordando a Francisco de Asís, el muchacho que renunció a un futuro sin afugias, a la buena vida, para consagrarse a Dios. Asís convivió con los menesterosos, con los enfermos, él los llamaba sus hermanos. Ambos, Francisco de Asís y Bergoglio encarnaron los ideales de una iglesia misionera y comprometida con los pobres. La iglesia que predicaron Jesús y sus apóstoles.

Francisco lo logró, estuvo al lado de los pobres, criticando ese neoliberalismo feroz y ese capitalismo deshumanizado, como el que se instaló, con fuerza, en Estados Unidos, donde Trump, con su política de proteccionismo está realizando conductas propias de un autoritarismo, con tintes de neofacismo, proclamando un discurso que lleva a la práctica, del todo misógino, xenofóbico y racista, arrasando con la educación, desvalorizando el pensamiento crítico.

En la pasada primavera, luego que se presentaran unas manifestaciones pro Palestina en la universidad de Columbia, el gobierno de Trump le retiró millones de dólares al centro educativo de los fondos federales, con el pretexto del antisemitismo. No es de extrañar, en el 2021, el hoy vicepresidente de Estados Unidos, J.D Vance, señaló: “Las universidades son el enemigo”.

No nos digamos mentiras, en la Alemania nazi los chivos expiatorios, los enemigos, eran los judíos, ahora, en el país del norte lo siguen siendo, al igual que los extranjeros, sin dinero, los negros, etc. El macho alfa insiste en los ataques contra las feministas, son también mal vistos los profesores que no siguen sus postulados, son vilipendiadas las personas que no siguen el rol sexual tradicional, el natural, le causa alarma otros tipos de relaciones sexuales. El neologismo “WOKE” (todos los que no son hombres blancos heterosexuales) se va convirtiendo en un término con alto contenido mediático para señalar, sin bases sólidas, a unas personas, según ellos, nefastas para la economía. A esto se agrega la insistente propaganda de los medios de comunicación tradicionales, que “chupan de la teta del poder” macartizando de indeseables los citados y creando una especie de pátina de odio colectivo, estos medios le sirven a los propósitos del mandatario, pero solamente a los ciudadanos blancos y quienes se arrodillan al poder, los otros, son los indeseables, a estos últimos, se les empieza a mirar con desprecio, como los creadores de la génesis de la problemática económica Norteamericana.

De pronto, las críticas que realizaba el papa Francisco a este tipo de gobiernos hacía que sus presidentes tuvieran graves malquerencias con este líder espiritual. Lejos quedó ese discurso nefasto de Javier Milei cuando trató a su coterráneo argentino de “representante del maligno en la Tierra”. Lo que más sorprende de este mandatario y muchos de su corte es que luego de la muerte del papa mencione que tenía unas pequeñas diferencias con Francisco, que eran muy menores. Con cinismo ahora decreta 7 días de duelo en su país, reconociendo la bondad y sabiduría del guía mundial. Este argentino nos dejó una huella imborrable en noviembre del año pasado, en su discurso a los participantes en la conferencia de todas las religiones, en la que destacó el valor del diálogo en un contexto marcado por la intolerancia y el odio. Decía que nos debemos amar y honrar los unos con los otros, respetando la diversidad y la diferencia, en un espíritu de fraternidad e inclusión.

Sus frases eran muy hermosas y contundentes, que en nuestro país nos dan una fuerte lección sobre el vivir cotidiano. Lástima que la mayoría de ciudadanos, con una tendencia mayúscula en los jóvenes, perdió la ponderación y cortesía al usar las palabras y el pensamiento crítico (con el uso de las pantallas y la manipulación de las noticias por los medios de comunicación tradicionales) se fue a la borda.

No es posible que una joven, de una universidad privada, del sur colombiano, cursando el primer semestre, trate a los estudiantes de una universidad pública, la de “Nariño”, con epítetos como “que asco ser pobre” y luego, agregar: “Petro es para los pobres, total”. En fin, casi seguro, se le preguntaría a la dama que significa “aporofobia”, no sabría qué responder.

El estado de intolerancia en Colombia es crítico. En 2023 fueron asesinados 181 líderes sociales. En el 2024 la cifra se redondeó en 173 homicidios de líderes y para marzo de 2025 ya van más de 40 personas de este tipo asesinadas, donde la verdad sea dicha, la mayoría de este tipo de delitos quedan en la impunidad. Las amenazas de muerte son el pan de cada día, a un periodista, de “RTVC” le llegó un mensaje: “En el 2026, menos contratos y más balazos”, y lo peor de todo, se conocen sus direcciones electrónicas. No obstante, la Fiscalía General de la Nación es poco operante. Además de que son muy frecuentes los ataques racistas.

Por último, el trato para algunos líderes de derecha tampoco ha sido el más afortunado, los vejámenes contra los seguidores de los partidos políticos tradicionales son muy frecuentes.

La intolerancia nos corroe el alma, penetrando en las comunidades como un veneno. En la actualidad, en Colombia se respira un ambiente de odio. Es claro que el papa Francisco nos dejó un legado de paz, de amor, de tolerancia, de dirigir nuestros corazones a la protección de los más vulnerables. Necesitamos entonces más escritores que se comprometan con estas causas humanísticas; crear, fortalecer y participar en colectivos que combatan contra la deforestación o como la fundación “Writers for democratic action” con más de 3000 miembros que luchan por la permanencia de la democracia en el mundo. Se debe insistir sobre el tema de la paz y en nuestro país la invitación es que el gobierno cree una cátedra obligatoria en la educación media y universitaria que trate sobre los derechos humanos, democracia y ética ciudadana.

Paz en la tumba del papa Francisco, jamás te olvidaremos Jorge Mario Bergoglio.

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