“Los hombres no pueden hacer lo que nosotras sí”.
Cesta frase cierra Cabrini, la película que revive la vida de una mujer santa, visionaria y rebelde: Francesca Cabrini. Inmigrante, fundadora y madre espiritual de miles. Una mujer que, desde su fe y su coraje, rompió el orden patriarcal de la Iglesia y del mundo para abrir caminos donde antes solo había puertas cerradas.
Cabrini es reflejo de María, la madre de Jesús. Una mujer anónima, joven, pobre, que trajo al mundo a quien cambiaría la historia de la humanidad con un mensaje de amor, justicia y perdón. María entregó su vida para que la esperanza tuviera rostro y nombre. Como tantas madres, ella sufrió para que el mundo cambiara gracias al mensaje de su hijo.

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José William PorrasEl papa Francisco dijo una vez: “La Virgen María era más importante que los apóstoles, los obispos, los diáconos y los sacerdotes. La mujer, en la Iglesia, es más importante que los obispos y los sacerdotes; el cómo es lo que debemos intentar explicitar mejor”.
Cuando uno ve que Cartagena es cálida, generosa, hospitalaria… pero también ha sido violentada, ignorada, incomprendida… y aun así sigue de pie: heroica, viva, fecunda, no hay duda: Cartagena es mujer… es una madre. Madre de muchos, incluso de quienes la traicionan.
Madre que, en medio del dolor, se convierte en símbolo de historia y esperanza.
Cartagena, como Cabrini, ha sido rebelde y luchadora, con sueños grandes y sin permiso para poner a otros a soñar. Siempre fuerte ante la adversidad, lleva 492 años siendo cuna, refugio e ilusión.
Pero también 492 años aguantando el desprecio de quienes la explotan sin devolverle lo justo.
Una madre que no descansará hasta ver que todos sus hijos se acuesten sin hambre.
Cartagena sigue dando. Sigue pariendo belleza en sus atardeceres.
Sigue alimentando con su cultura, su cocina, su música, su alma.
Sigue criando generaciones que, con suerte, algún día la defenderán como ella los ha defendido.
Cartagena es mujer. Es madre. Y como a toda madre, hay que quererla por lo que ha dado y por lo que ha sufrido.
Porque nos ha amado sin pedir nada.
Porque nos ha esperado incluso cuando la hemos abandonado.
En su cumpleaños y todos los días, intentemos devolverle el amor… porque hay que cuidarla y protegerla.
Que ante tanta celebración entendamos que amar a Cartagena no es solo posar con ella para una foto, sino comprometerse con su bienestar.
Hoy, Cartagena cumple 492 años.
Abracémosla como a una madre.
Y pidámosle perdón como hijos.
Porque solo quien ama a su madre es capaz de honrar su historia y construirle futuro.
Feliz cumpleaños… Heroica.
